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domingo, 28 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "MALA LETRA" Sara Mesa





MALA LETRA
Autora: Sara Mesa
Editorial: Anagrama
Nº de páginas: 198

Por Eduardo Cruz Acillona

Lo mismo que quien mira al dedo cuando éste señala a la luna, también hay quien mira a la letra en vez de a las palabras sin darse cuenta de que lo importante no es la grafía sino el significado, no la forma en coger la pluma sino el pulso. En ese sentido, erraron los profesores que le vaticinaron el fracaso a Sara Mesa por su mala letra. Como ya demostrara en “Cuatro por cuatro”, su primera novela, y sobre todo en la siguiente, “Cicatriz” (ambas publicadas por Anagrama), de su lápiz torcido no vienen saliendo más que enormes obras celebradas tanto por la crítica como por el público lector.

Dice Michel Houellebecq (y Sara Mesa sabe por qué lo traigo a colación) que todas las sociedades “tienen sus puntos débiles, sus llagas”. Y concluye: “Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte”. Pues así son los cuentos de Mala letra. Sara Mesa sabe cómo rascar la piel del lector pero por dentro, por donde habita el alma. Sus historias nos ponen en situaciones límite, propuestas extremas, allá donde la cotidianeidad roza el infortunio, el esperpento, el remordimiento, el drama. Nos lleva desde la angustia de la pérdida en el bosque (“El cárabo”) hasta el desesperado intento de la imposible huída (“Picabueyes”) pasando por el dolor intenso que aprisiona el corazón contemplando la cruda supervivencia de unos hermanos (“Papá es de goma”) o la invasión de la culpa en una relación entre dos seres cuyas conductas, voluntarias o no, han provocado terribles sucesos (“Caramy milk…”). Sin embargo, no se aprecia intención de tragedia en lo leído. Más parece la confesión secreta de un amigo íntimo.

No son cuentos estos para leer en una tarde. Cada uno de ellos, ya lo adelanto, provoca resaca. Los personajes y sus circunstancias quedan atrapados en esa zona de la garganta que se irrita con la angustia y que hace que el hueco para respirar vaya disminuyendo paulatinamente a medida que avanza el texto. Es difícil no cerrar el libro y pararse a pensar en nuestra posible actitud de haber estado en la piel de la protagonista de “Apenas unos milímetros”, frente a la disyuntiva de permitir o no a ese chico “especial” acudir a una clase de educación sexual… Es complicado no solidarizarse con la joven que vive con sus tíos y es víctima de violentas actitudes represoras y “Palabras-Piedra”. Es imposible, insisto, continuar la lectura de un nuevo cuento como si nada se hubiera revuelto en nuestro interior.

Mención aparte merecen dos relatos que sobresalen, más si cabe, sobre el resto de joyas incluidas en el libro. Se trata de “Mármol” y “Mústelidos”. En ellos, más que la historia en sí, destaca la figura de la escritora, su forma de afrontar la vida y los sucesos que pueblan sus textos, su manera de plasmar la realidad en un papel con la supuesta rémora de su mala letra (“Cómo si acaso fuese posible sacar buena letra de un lápiz torcido”) y lo que esto supone de medicina o placebo contra esa sensación de estar caminando siempre por una cuerda floja (“…la escritura como desagüe. Conjuraba el peligro escribiendo sobre el peligro. Dándole forma al horror evitaba la realización del horror. Escapaba.”). ¿Hacen falta más palabras, Señoría?...


No hemos agotado aún ni un trimestre de 2016 y ya me atrevo a vaticinar que este será uno de los mejores libros de relatos del año. Con permiso, claro está, del maestro Hipólito G. Navarro, quien, felizmente para sus ávidos lectores, volverá a publicar muy pronto.

jueves, 25 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS" Svetlana Alexiévich




Título: EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS
Autor: Svetlana Alexiévich
Editorial Acantilado
Nº Páginas.- 656
por Ángeles López. 

La flamante premio Nobel, Svetlana Alexiévich, ha dedicado toda su obra a desentrañar el andamiaje interno de lo que ella denomina «el homo sovieticus»: para algunos un humano trágico; para otros, un pasivo recipiente de mitología y propaganda. La historia del «hombre rojo», que sigue existiendo aunque ya no exista el «imperio rojo». ¿El motivo?: que todos contaban con una memoria única, la del comunismo, y compartían una misma casa en esa evocación, a mitad de camino entre cárcel y guardería.
En el delirante laboratorio de pruebas que fue la Unión Soviética, se emprendió el más radical experimento de ingeniería social ensayado en la Historia: transformar el caduco Adán en una inédita tipología de hombre nuevo. Y lo consiguió... Al menos durante más de siete décadas. De igual modo que intentó alterar el curso de los grandes ríos de la Rusia ártica para que pudieran regar las estepas de Asia central o trabajó en la desecación de la bahía de Kara Bogaz en el mar Caspio –como narra Frank Westerman en «Ingenieros del alma»–, así pretendió formatear, para reprogramar después, al nuevo ciudadano comunista. Figura condenada a desaparecer a raíz de la desintegración de la URSS, a la que no le siguió ningún proceso de Nuremberg a pesar de los millones de víctimas de las que se responsabiliza al régimen. Los rusos no estuvieron preparados para afrontar con garantías la revolución bolchevique –de ahí su fracaso y el desvío totalitario–, pero tampoco lo estuvieron para el reto que supuso la Perestroika de Gorbachov ni para la caída del régimen, la posterior disolución de la URSS y la llegada de una deficiente democracia. Alexiévich explica a la perfección la escasa experiencia democrática y de libertad que ha tenido su pueblo, habituado a una verdad única.

Nos relata, sin linimento, el fracaso colectivo de la utopía comunista y las numerosas cicatrices que ha dejado en todas las repúblicas de su esfera, educadas en una férrea ideología «estatalista» y totalitaria donde la libertad estaba bajo sospecha. No ahorra miedo, ni sufrimiento, ni Gulag, ni asesinatos de Estado, ni los graves asaltos a la naturaleza, ni miseria, ni tiranía. Maneja los datos que el régimen archivaba escrupulosamente, lee los expedientes desclasificados, habla con los científicos que trabajaron en los megalómanos proyectos, elabora un riguroso trabajo de investigación sobre fuentes orales. Centenares de horas de grabación de voces genuinas le permiten, ir más allá del periodismo –porque no se conforma con la mera información–, pero quedarse un peldaño antes de la labor de historiadora. Todo para dar voz a los actores del drama comunista a través de una serie de relatos inclementes. Rumores de la calle, conversaciones de mesa camilla, entrevistas con víctimas y testigos olvidados; los que se significaron, los que callaron e intentaron olvidar, los engañados, los deportados, los adeptos... Un mosaico que nos permite viajar a la pesadilla cotidiana de la población de una sexta parte de la Tierra, durante y después del letargo soviético.

martes, 23 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "RAINER MARÍA RILKE (EL VIDENTE Y LO OCULTO)" Mauricio Wiesenthal




RAINER MARÍA RILKE (EL VIDENTE Y LO OCULTO)
Autor.- Mauricio Wiesenthal
Editorial.- Acantilado, Barcelona, 2015
Nº Páginas.- 1168

por Ricardo Martínez


        Cuando un autor visita a otro autor, sobre todo en la formalidad de los libros y en la informalidad de su imaginación, surge un nudo dramático que va a ofrecer al lector –el destinatario del texto, de la visita- un viaje lleno de sugerencias nuevas, de puntos de observación exclusivos, de emociones que irán más allá del puro sentir. Será un viaje hacia un lugar imaginario que tiene mucho de real, y un viaje real que tiene mucho de imaginario. Pero he aquí que estamos ante dos autores, lo que justifica que un algo de bien y un algo de dolor han de ir implícitos. El primero por el descubrimiento sensible que nos ofrece el visitante, el mal por la ausencia de quien ha sido, ha escrito sin –tal vez- haber contado con nuestro respeto y conocimiento, pero que a pesar de ello nos ha legado cuando menos la artesanía delicada de su vivir, de su obra.
        Estas razones –y otras, para gozo del afinado lector- convergen en este libro extenso por el riquísimo mosaico de datos, anécdotas y recordatorios de la obra del autor visitado; intenso por el profundo acercarse a la figura y la obra de uno de los artesanos literarios más grandes que haya dado la literatura poética contemporánea europea, cual es el caso de Rilke, y liberador por cuanto, aún sin decirlo, saldremos de tal viaje no solo renovados estéticamente, sino más ricos por la nueva relación que podremos establecer con nuestro entorno dadas las sugerencias recibidas  del cómo observar –y pensar-, y por la nueva forma en que, secretamente, habremos de considerar nuestro propio sentido de la armonía y la belleza, nuestra propia soledad
        Lo curioso es haber advertido hasta qué punto una de las convicciones del gran escritor es su renuncia, en algún momento, a alguna de sus obras. Él mismo se considera su propia obra, su obra total, y en tal sentido cree, en ocasiones, advertir impurezas en el resultado obtenido cuando piensa que hubo “años alborotados por toda clase de ocupaciones” que “fueron los de mi productividad más temprana… Mis publicaciones más precoces” Sin embargo, considera el atento lector, fueron su quehacer y preocupación, formaron parte de su vida,   contribuyeron en una u otra medida a la conformación final de su propio discurso.
        Amado por extraordinarias mujeres, lo que no impidió que fuese, esencialmente, siempre un ser avecindado en la soledad, pasó algunas temporadas en el castillo de Duino (un histórico y apacible lugar en el mar Tirreno que les invito a visitar por su distinguida belleza, por su calma y armonía paisajística) Allí se enfrascó en un proyecto luego irrealizado, su biografía del almirante Zeno. Veamos, sintamos, su valoración creativa: “Me gustaría escribirlo todo de un tirón, pero al mismo tiempo no consigo acordarme de nada. Y es terrible: el roer de las penas por un lado, las rapaces del sentimiento por otro, han devorado mi memoria” Es la lucha del autor en procura de la Forma, de su obra.
        Wiesenthal, ese demorado esteta de los viajes literarios, nos convoca en este libro a solas para hablarnos con deleite de la figura de un hombre delicado en extremo, enfermo de sensibilidad que concentra todas sus energías en llegar al corazón de aquel que, estando al otro lado como lector, quiere escucharle -si bien la intención oculta es que ese lector se escuche y conozca a sí propio. Un viaje de lo más singular.
En una de sus elegías concebidas en Duino ha dejado escrito Rilke para el tiempo venidero, para cada uno de nosotros: “La belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos” E implora, a solas, un poco más adelante: “Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos”

        Este libro elaboradísimo, de texto cuidado y lenguaje convocador, nos ayudará en el camino, en la duda. A buen seguro

domingo, 21 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "TAMBOR DE ARRANQUE" Francisco Bitar





Tambor de arranque
Autor.- Francisco Bitar
Editorial Candaya
Nº Páginas.- 112

Por José de María Romero Barea

En la novela Tambor de arranque (Editorial Candaya, 2015), los personajes habitan el intricado paisaje claustrofóbico de los suburbios, atrapados en la miseria de las aspiraciones fallidas y la cobardía personal. “Desde el sillón Leo pudo escuchar cómo Andrea le gritaba a su mujer (…) En la pantalla, la imagen estaba suspendida en un mundo que giraba silencioso sobre su propio eje”. Sus desgracias son banales: “No habíamos ahorrado un año entero para comprar un auto; queríamos una cama (…) uno de esos acolchados de colores que hacen pensar a quien se acuesta en un mundo feliz”; sus tragedias, como sus vidas, son íntimas: “Yo apagué el motor. El auto quedó en silencio y tuve la impresión de que el pueblo también”. Su autor, Francisco Bitar (Santa Fe, Argentina, 1981), no nos ofrece consuelo a través de la redención. Al contrario, su novela se construye en torno a la parte más vulnerable de la pesadilla, el mundo distópico que ocupa, misteriosamente, el lugar del paraíso prometido.
A pesar de su aparente sencillez, Tambor es una devastadora denuncia. Los personajes deambulan por un desierto emocional, deseando algo que son incapaces de lograr: “Leo estira la mano hasta los puchos; ese es su único movimiento durante lo que podríamos llamar la mañana, la porción del día anterior al almuerzo”. Atrapados en la apatía, sus vidas temporales se han convertido en permanentes: “Leo mira los restos de papel carbonizado que tiemblan sobre las baldosas”. Todo les resulta banal: “La bici queda tumbada. El oleaje del río cubre y descubre el asiento”. Sus existencias, de por sí ínfimas, menguan víctimas de la abulia: “Tomaba. Servía otro. Abría la puerta del congelador. Creía haber traído una cubetera de la casa de su exmujer. Pero capaz no. Capaz eso también había quedado allá”. Todos fuman, beben y argumentan en exceso. Todos son invariablemente infelices.
No hay lugar en Tambor para la fabulación lúdica y tramposa; Bitar es realista por naturaleza, heredero del estilo seco y conciso de Hemingway, del turbio minimalismo de Carver. Pero Bitar posee algo más: una especie de transparencia, casi una translucidez, que debe más a Fitzgerald que a los anteriores. Al igual que el autor de El Gran Gatsby, Bitar respeta el rigor del estilo, el dictum jamesiano de la brevedad y la iluminación. Sus personajes sueñan con vivir vidas más auténticas: “Isa estaba dormida esa noche pero (…) la canilla del baño no paraba de gotear. Era lo único en toda la casa que seguía con vida”. Rara vez consiguen sus sueños, y cuando lo hacen, sus fallas inherentes impiden cualquier posibilidad de satisfacción: “El tipo metió la bolsa en el Renault. Salieron a toda velocidad y la calle quedó en silencio. Mucho tiempo después volví a escuchar la gota”.
Autor de los libros de poemas Negativos (2007), El Olimpo (2009), Ropa vieja: la muerte de una estrella (2011) y The Volturno Poems (2015); los libros de cuentos Luces de Navidad (2014) y Acá había un río (2015); la crónica Historia oral de la cerveza (2015), Francisco Bitar recibió en el 2012 el premio Ciudad de Rosario por Tambor de arranque, donde se diría que la veracidad lo es todo; aun cuando, por fin, todo lo que queda es pensamiento atrofiado y esperanza marchita, el autor vuelve hacia esos restos un ojo implacable. En manos de un escritor menor, el resultado sería mórbido y deprimente. Hay algo edificante en la búsqueda de honestidad que lleva a cabo el argentino: para él, escribir es llorar.


sábado, 20 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "ELEGÍAS DE DUINO" Rainer María Rilke





ELEGÍAS DE DUINO
Autor.- Rainer María Rilke
Traducción de Juan Rulfo
Ed. Sexto piso, Madrid, 2015
Nº Páginas.- 152



Por Ricardo Martínez



El número 7 está considerado el signo del pensamiento, la espiritualidad, la conciencia. Y el poeta Rainer María Rilke le reserva un lugar de privilegio a estos valores precisamente en su elegía número 7. Le reserva la invocación del amor; un gesto sublime y acorde a la armonía que tal cifra representa: ”No súplica de amor, no llamamiento/ postrado, sino voz entrañable –que la/ esencia de tu grito no sea un lamento”
        El poeta cree como pocos en el amor. Podría decirse incluso que su corta vida la dedicó a desentrañar los secretos del amor, a ahondar en esa emoción intensa, precaria y eterna, dulce y amarga del amor. Por eso su canto resulta de una consciencia humana inexcusable: “Gritarías, es verdad, con la pureza con/ que canta el ave/ cuando la estación la eleva, la sublima, /casi olvidando que es apenas un animal/ desmedrado y un corazón solitario”
        Pero he aquí que la soledad necesita la presencia de su complementario para existir, lo mismo que el antídoto gozo-amargura constituyen,  por sí, la esencia del amor. Dualidad, certeza y duda, presencia y ausencia. “Un corazón solitario –continúa el poeta- que él arroja al sereno azul y exalta/ la alegría íntima de los cielos” Qué imagen tan serena y abarcadora a la vez: no solo alegría, sino la alegría más alta y trascendente, la de los cielos.
        Y vuelve aún sobre el rapto del amor, dejando expreso ese deseo que arrebata y al que, por ello, se entregan todas las fuerzas. ¿No es, acaso, el objetivo del amado la procura de la presencia de la amada? Escuche-atienda, entienda el lector: “Tú, como él, sin duda pedirías que/ la amada, aún invisible, te descubriera” Así se cumple el ciclo de la pasión, el anhelo, la deseada ternura…
Hasta aquí sólo un fragmento de uno de los cantos de amor más sublimes que haya dado la literatura universal. Continúe, ahora, el lector; complete la emoción no solo en la lectura sino, lo que es más importante, para sí, para renovar su sentimiento eternamente vivo.

Él, al fin, en su condición de lector es quien re-crea, quien lleva un poco más allá el mensaje que el poeta ha dejado, dándole así nueva vida.

martes, 16 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "OONA Y SALINGER" Fréderic Beigbeder




OONA Y SALINGER
Autor.- Fréderic Beigbeder
Editorial.- Anagrama, 2016
Nº Páginas 296

El escritor J. D. Salinger y Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, mantuvieron una relación sentimental entre 1940 y 1941 que terminó cuando él partió a la guerra y ella a los pocos meses conoció a quien sería su marido, Charles Chaplin. Hasta aquí los únicos hechos comprobados que sustentan el argumento de Oona y Salinger, la novela de no ficción, o facción, como defiende el autor, que ha escrito el novelista francés Fréderic Beigbeder. Las conversaciones, los encuentros y sobre todo las cartas que se intercambian los dos amantes se deben cargar a la imaginación de un escritor obsesionado por desentrañar la niebla sobre una relación que considera clave para entender una obra tan poliédrica como El guardián entre el centeno, el evangelio de quienes reniegan de la madurez y el orden social, y apuestan por vivir en el mundo de las ilusiones juveniles. La decisión de convertirse en alguien adulto y asumir responsabilidades frente a la eterna juventud es el tema profundo de este libro psicológico que, pese a su título, huye de lo frívolo.

Fréderic Beigbeder arranca su escritura relatando su propia gerontofobia y los problemas que tuvo durante la década pasada para asumir su edad. Esta actitud lo emparenta emocionalmente con los seguidores de Holden Caulfield, la legión de inadaptados que desde la publicación en 1951 de El guardián entre el centeno han visto en el protagonista de la ficción de Salinger el paradigma de la defensa de la eterna infancia y la insatisfacción que provoca el orden en las sociedades desarrolladas. Su obsesión por la obra de Salinger lleva a Beigbeder a reconstruir la historia de amor frustrada que vivió durante unos pocos meses con Oona O’Neill, la hija de un dramaturgo traumatizado precisamente por la responsabilidad paterna, y más tarde la esposa del personaje eternamente despreocupado, Charlot.

Sobre las mesas del exclusivo Stork Club de Nueva York en 1940, donde se entrecruzan Orson Welles, Truman Capote y el trío de heredas ricas, jóvenes y famosas compuesto por Gloria Vanderbilt, Carol Marcus y la propia Oona O’Neill, empieza una historia de amor adolescente entre el aún contradictorio e inseguro Jerome David Salinger, que se hace llamar Jerry y acepta con naturalidad los peajes sociales, y la hija de Eugene O’Neill. Salinger experimenta los sentimientos asociados al extásis amoroso y también el dolor de constatar que no puede retener a su lado a una persona frívola e insegura que busca compensación emocional por una figura paterna ausente. Beigbeder defiende que buena parte de los relatos del joven Salinger publicados en periódicos y revistas estadounidenses, y nunca reeditados, se alimentan de esta relación imposible en la que se establece una lucha entre el ansia de seguridad y la conformidad con una vida estable, representada por Oona, y el riesgo que supone alistarse voluntario en una guerra y descubrir el horror del Holocausto nazi, que lo puede convertir a uno en un escéptico anacoreta de la condición humana. Salinger-Caulfield rechaza todo lo que a raíz de la boda con el multimillonario Chaplin representa su ex novia, y ella desdeña con fina ironía el mundo interior y fantástico en el que vive Salinger, aunque a veces sus papeles se intercambien y cada cual, a su manera, aspire a lo que el otro representa.

Esta lucha se refleja en las cartas ficiticias de Salinger a Oona , inspiradas en las que debieron existir realmente y que se guardan celosamente en el archivo familiar, sin lugar a dudas la parte más conseguida de la novela. En ellas el joven escritor, que se codea con Ernerst Hemingway, desgrana sus ideas sobre los sentimientos que le provoca pensar en la seguridad que Oona tiene junto a su marido en California, mientras que él chapotea en un frente donde ha descubierto cadáveres hechos cenizas y su idealismo juvenil se ha visto masacrado por la realidad sucia de la muerte en combate. Beigbeder subraya estos momentos con apuntes personales sobre la guerra y su pesimista convicción de que otro conflicto se fragua en las actuales sociedades occidentales.

Las cartas inventadas de Salinger se permiten también frivolizar con la situación sentimental de una Oona y un Chaplin que se llevan demasiados años de diferencia, más de treinta, y donde, además de algunos comentarios sucios sobre vejez y problemas de próstata, se mezclan  sentimientos sobre la supuesta falta de valor y hombría del actor y director para ir a la guerra. El oculto y enigmático Salinger se nos revela en estas páginas como un personaje temperamental, atado a las pulsiones humanas más básicas, dolido por una mujer que no ha sabido comprender ni esperar al idealista que vive en él; alguien que puede soñar a dónde irán los patos de Central Park en invierno, pero que también se hace cargo de sus compañeros de combate y afronta sus responsabilidades militares. Por otra parte, es verdad que Oona se ha casado con una de las personas más ricas, influyentes y famosas del mundo, pero también es cierto que lo ha hecho con un artista singular, conocido por interpretar a un sensible vagabundo. Inmadurez y vida adulta luchan una y otra vez en el corazón de esta novela.

La voz de Beigbeder, que interrumpe la narración con notas y apuntes personales, culmina su facción admitiendo que vive en él un hombre inmaduro, e insatisfecho, pero que esa inmadurez puede conciliarse al mismo tiempo con la sensatez, el amor fiel y las ventajas que ofrecen los años.




domingo, 14 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "LA LUCECITA" Antonio Moresco







LA LUCECITA
Antonio Moresco
Anagrama. 176 pág.

Por Ángeles López


Un hombre en edad madura que ha decidido retirarse del mundo, se refugia en una aldea en ruinas, en un lugar desierto. En sus noches solitarias, se obsesiona con una pequeña luz que titila, en medio de la oscuridad del bosque. Entre él y la luz, no hay nada. Cada día le acompañamos en un viaje por la desconocida naturaleza: las bestias que siguen su camino, los terremotos que sacuden la tierra, las golondrinas parlantes, los insectos que pululan, la feroz lucha de las plantas por ganar su parcela de espacio, el implacable proceso de deterioro y renacimiento... El bosque (y la novela) como un rito de iniciación. Descritos, ambos, como el círculo insoslayable entre la vida y la muerte, entre la civilización y la ferocidad, entre la infancia y la edad adulta, entre la vigilia y el sueño... entre el reino de los vivos y el dominio de los muertos. Poco a poco, en ese ciclo entre la luz y la sombra, la vida y la descomposición, el hombre descubrirá a un niño pequeño que vive solo en medio de la naturaleza. Comienza a visitarle con frecuencia, e irá descubriendo su autosuficiencia, lo efímero de la existencia, su insignificancia en el universo. El adulto sabrá el dolor secreto del niño, relacionado con la escuela donde regresa cada tarde al caer la noche; su frustración por no poder leer, sus cuadernos llenos de textos sin sentido... La mutua soledad. La calidad del ensueño nos sugiere una suerte de purgatorio, construido a fuerza de mutismo e imaginería descriptiva. La inevitabilidad nos lleva a dónde imaginamos... ¿en qué esfera del ser está el pequeño? Se trata de una lectura metafísica, una elegía, una fábula de impresionante belleza que hace que nos preguntemos si el mundo está en otro mundo... en un lugar increado. Únicamente, una cita de Bernanos puede resumirlo: "Mi vida está ya llena de muertos. Pero el más muerto es el pequeño niño que fui. Y, sin embargo, cuando llegue la hora, es él quien se pondrá al frente de mi vida... y será el primero en entrar en la casa del Padre"







jueves, 11 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "CELAMA Y EL DESAFÍO"




por Luis García

Luis Mateo Díez, ha vuelto al Celama, mítico territorio en el que se desarrolla casi toda su obra, y le ha otorgado rango de Reino. Y ha vuelto de una forma un tanto sigilosa, de puntillas por aquello de no despertar a sus personajes. No cabe duda que "La ruina de cielo" "El espíritu del Páramo" y "El oscurecer" , configuran por separado uno de los desafíos narrativos más apasionantes de los últimos años de las letras españolas, pero juntas, algo que se nos presenta ahora en forma de Antología bajo el título de "El Reino de Celamaalcanzan su verdadera dimensión. Las tres obras que conforman el volumen, más un pequeño apéndice con plano incluido del mítico territorio presuntamente dibujado por uno de sus personajes, Ismael Cuende, a la sazón médico del pueblo y quien se encargara de construir un censo de los muertos del pueblo en "La Ruina del Cielo", es la historia de una comarca y por extensión de toda la humanidad. Porque entre sus páginas se concentra casi todo cuanto le puede acontecer a un individuo, a una familia o a una generación. Celama resulta ser la consolidación de una forma de entender y de ver la literatura cuyos contenidos temáticos trascienden lo cotidiano, porque dentro del mundo narrativo de Luis Mateo Díez, si no hubiera existido posiblemente habría habido que inventarla. Y eso, ni más ni menos, es a lo que se ha dedicado en los últimos años el autor. Celama, como la Comala de Rulfo, o Macondo de Gabo, son lugares de regreso para unos y de huida para otros. Obra cargada de simbolismos, "El Reino de Celamainvita a la reflexión sobre la inoportunidad del ocaso y deja ver la ascendencia de una literatura que apela a envejecer con dignidad, esto es, una literatura atemporal. Bueno es, recordar con motivo del reciente estreno cinematográfico de El desafío, recordar el libro “Alcanzar las nubes”, editado por Alpha Decay, que pasara desapercibido en su momento y que sería aconsejable su reedición. Son dos los momentos en los que la historia nos ha dado la imagen de los neoyorquinos contemplando con estupor desde el suelo la altura de las Torres Gemelas: una de ellas es, desgraciadamente, cuando el 11 de septiembre del 2001 dos aviones se estrellaron contra ellas. Otra, mucho más lúdica que la anterior, cuando el artista-funámbulo Philippe Petit las cruzó sobre un cable tendido previamente por él mismo el 7 de Agosto de 1974. Alcanzar las nubes, narra precisamente como fue ese día, los prolegómenos y las consecuencias de un acto de locura, de rebeldía o posiblemente de ambas cosas a partes iguales. Las fotografías que ilustran el libro son tan espectaculares como debió ser el hecho mismo de cruzar de una torre a otra: basta contemplar la de la página 287, cuando un avión las sobrevuela con el funambulista a sus pies. Triste presagio de lo que habría de acontecer 17 años después. Dice Philippe Petit que cuando se propuso escribir Alcanzar las nubes volvió a sentirse como aquel joven arbóreo que se olvidaba de comer, que era presa del miedo, y volvió a revivir la aventura del World Trade Center. De ahí su lamento por su ausencia, de ahí su esperanza por verlas de nuevo sobre el cielo de Nueva York. Aunque sea en la Gran Pantalla.

martes, 9 de febrero de 2016

REVISTA LITERARIA 2016 "VALOR" Clara Usón





·         Título: «Valor»
·         Autor: Clara Usón
·         Editorial: Seix Barral
·         320 Páginas

Por Ángeles López. 

Tras viajar en «La hija del Este» hasta el genocidio de Bosnia, a través de la tragedia de la hija de Mladic –inspirador de la matanza de Srbrenica–, Clara Usón publica ahora una novela con tres historias con el «valor» como elemento común, atendiendo a toda su polisemia: como sinónimo de coraje, aludiendo a quienes arriesgan la vida por un ideal... y a quienes la alquilan al mejor postor. Su escuadra narrativa la componen tres relatos: el de Fermín Galán que lideró la sublevación de Jaca, y proclamó la República en esa ciudad de aragonesa, en 1930, hasta terminar siendo ejecutado. Murió altivo, no tembló, no suplicó por su vida... Aferrado a una fuerza que no tenía precio. El dogma es el segundo contrafuerte de estas páginas; la verdad absoluta que se imparte a fuerza de masacre. Es el caso del fascista croata Ante Palevic, que terminaría refugiado en España quien, durante la Segunda Guerra Mundial, en el Estado Independiente de Croacia, impuso su feroz visión de catolicismo mediante un genocidio servido por sus bárbaros ustasha; un fraile franciscano dirigiría el campo de concentración Jasenovac, en el que murieron centenares de miles de serbios, judíos y gitanos. La última historia aborda una constante en las novelas de Usón: la exploración de las relaciones entre padres e hijos. En el Benidorm actual vive Mati, la ex directora de una caja de ahorros que afronta con una hija adolescente, gogó de discoteca, su exclusión social por haber vendido preferentes hasta a su madre.

Quien aseguró que no todo era ruina y vacío, no acertó... O no había leído estas páginas en las que se mezclan tiempos y espacios, y donde las historias expuestas evidencian los conflictos de la naturaleza humana, nuestras miserias, el «absolutismo» de ciertas verdades. Corrosiva y descarnada, Usón alude a un mundo donde existe la moral pero no la bondad.

jueves, 4 de febrero de 2016

REVISTA LITERARIA 2016 "GUÍA DE LUGARES IMAGINARIOS" Alberto Manguel, Gianni Guadalupi




GUÍA DE LUGARES IMAGINARIOS (ed. abreviada)
Alberto Manguel, Gianni Guadalupi
Alianza, Madrid, 2014
Nº Páginas.- 696

Por Ricardo Martínez

Reconozco que me encanta poder saber que FELINIA es un reino que limita con Nolandia y el Imperio Banois, en el centro del núcleo hueco de la tierra. Al parecer, “Como en los demás países de Plutón sus habitantes son muy supersticiosos, y atribuyen gran importancia a la interpretación de los sueños, que, afirman, predicen el futuro y pronostican los resultados de la lotería, lo cual ha dado lugar a infinidad de bancarrotas”
También me ha interesado conocer, desde luego, que FERIA DE LAS VANIDADES es una importante ciudad en el camino que conduce a los peregrinos desde la Ciudad de la Destrucción a la Ciudad Celestial, en el País de Cristiano. Y que debe su nombre a la feria que allí tiene lugar, creada en su origen por Belcebú (primer señor de la ciudad), Legión y Abadón. Sus principales ciudadanos –como no podía ser menos, digo yo- son los señores Apetito Carnal, Lujuria, Lascivia y Codicia.
¡Qué grado de conocimiento tan útil, interesante y un algo melancólico! La fuente de tal conocimiento me viene de leer este libro de maravillas que es la Guía de lugares imaginarios. Y qué más da, me digo, si tales lugares han surgido de la imaginación; sólo por el hecho de saber de su existencia en algún libro ya merece la pena la ilusión. Es, o constituye, un reto a la imaginación propia, a la inteligencia, al sentido del bien y del mal, y al otro sentido no menos esencial, el del humor.
Una lectura gratísima, entretenida, instructiva, donde el viajar es un regalo tan económico como insinuante por lo que tiene de acercarse al futuro con solo disponer de algo de tiempo. Y son tantas las promesas de un lugar distinto y sugerente. Pero, ¡cuidado viajero intrépido!, pues alguno de estos lugares nacidos de la nada –aparentemente- no dejan de encerrar sus riesgos. Por ejemplo POLIGLOTA, esa isla del mar Rojo donde vive una versátil raza de individuos llamados políglotas. Esta gente –se nos informa oportunamente-, que habla todos los idiomas del mundo, deja tan estupefactos a los extranjeros que por casualidad llegan allí que les resulta fácil capturarlos aprovechándose de su sorpresa. Luego se los comen crudos.
“Esto no ocurre jamás en París –aclara, entre paréntesis, el cronista- a pesar de una opinión muy difundida” Bueno, tal vez esto venga a decir que no hay lugar totalmente seguro, pero eso ya lo sabemos los que estamos rodeados de políticos ‘profesionales’


miércoles, 3 de febrero de 2016

REVISTA LITERARIA 2016 'ENTREVISTA A ALBERTO CHIMAL' para la revista Literaturas

 


ENTREVISTA A ALBERTO CHIMAL para la revista Literaturas
Eduardo Cruz Acillona

Alberto Chimal (Toluca, Mexico, 1970) ganó el Premio Nacional de Cuento por su libro Estos son los días (2004) y el Premio Colima por Mundo fuego (2013) Ha publicado cuento, ensayo y novela. En la actualidad reside en Ciudad de Mexico, donde es profesor de Literatura y Escritura Creativa. Acaba de presentar en España su colección de cuentos “Los atacantes” (Ed. Páginas de Espuma)


1-. Hubo un tiempo en que el término “los atacantes” se asociaba a la ciencia ficción, a extraños seres venidos de lejanas galaxias con no precisamente buenas intenciones. ¿Quiénes son sus “atacantes”?
De alguna manera, podrían ser extraterrestres, podrían ser la alucinación de una mujer muy trastornada pero, en cualquier caso, mis “atacantes” son los seres que utilizan el poder sin restricciones, sin cortapisas y que atacan a quien sea con total impunidad y se mueven en el mundo sin que nadie pueda detenerlos. La atmósfera que yo quería darle a este libro era la del desasosiego, el desamparo, la impotencia ante tal impunidad, que de algún modo es la que disfrutan más de un representante de organizaciones políticas o de cárteles criminales en la actualidad.


2-. ¿Por qué la violencia como hilo conductor o seña de identidad de estos relatos?
Me atrae y, al mismo tiempo, me repele la violencia. Lo que pasa es que los cuentos los escribí en un ambiente en el cual la violencia nos rodeaba a todos allá en mi país, a partir de lo que ocurría en las calles y leía en los medios. Además es, por desgracia, una violencia muy constante, muy omnipresente, en la que a veces parece que no hay más opción que acostumbrarse. Es esa sensación de desasosiego, de desvalimiento. Es una violencia integrada en la vida cotidiana y entra dentro de la normalidad, de lo que se espera, y eso es algo muy triste y una consecuencia monstruosa de mucho de lo malo que está pasando por allá ahora. Recuerdo un amigo hablando por teléfono que se ausentó un momento de la línea y, al volver, se excusó diciendo que los niños estaban jugando en el piso de abajo, que se había producido una balasera (tiroteo) en la calle y los había traído arriba. Y lo decía con absoluta normalidad… A eso me refiero.


3-. Creo que el relato “Aquí se entiende todo” explica muy bien ese mensaje. Sería, si me permite el atrevimiento, la declaración de intenciones de esta colección de relatos. Me llama la atención que no ocupe el primer o último lugar en el orden de los relatos publicados, sino justo el lugar central. ¿Fue algo premeditado?
Sí, es algo deliberado. Sí que hay, si no una declaración de principios, ciertas claves y está en medio por juego, creo yo. Me gusta mucho jugar con el ordenamiento de los cuentos, con el índice de los libros. Este es un libro muy directo, en el cual hay mucha tensión en las tramas, en el desarrollo de los personajes y mucho de jugar con la simetría de los textos. Por eso veo natural que un texto que es significativo entre los demás ocupe el lugar del centro de todos ellos.


4-. ¿Contar la violencia, ya sea en ficción o en realidad, es un antídoto contra la propia violencia?
No exactamente, porque la literatura no sirve como antídoto directo contra ninguno de los males que denuncia, Si acaso, puede servir como influencia indirecta, como estímulo para la acción o la reflexión. Sí que hay una intención por mi parte de tratar de visibilizar ciertas sensaciones, ciertos estados de ánimo que me parecen muy propios de esta época presente. Y sí hay, también, la idea de que esto que está ocurriendo pasa como invisible a nuestros ojos, no lo vemos. Y lo que puede hacer la literatura es volverlo visible otra vez a la hora de representarlo de otra manera. Esta sensación de impotencia que se vive, y que se hace viral, frases como “no hay nada que hacer” o esa frase que he escuchado mucho en los últimos meses a algunos de mis colegas: “no le veo salida”… Y no pasar de ahí creo que es perjudicial. En ese sentido, un libro como este quiere darle la vuelta a esa inacción, a esa sensación de parálisis.


5-. Hoy en día tenemos acceso a cámaras individuales y personales, smartphones conectados con el mundo, redes sociales, nuevas tecnologías para la comunicación… ¿Hemos desbordado las predicciones del “1984” de Orwell?
Yo creo que sí. Incluso la forma en la cual se ha trastocado o distorsionado el conjunto de ideas que nos dio Orwell en esa novela es muy representativo de nuestra época. Por ejemplo, el programa Gran Hermano, que tanto éxito ha tenido,  era la reversión de la novela de Orwell, la vigilancia como placer… Creo que hemos construido un estado con ciertos tintes de totalitarismos que probablemente no veríamos ahora de no haber sido por la obra de Orwell, pero que él no tenía manera de prever. Porque parte de lo que él hizo fue introducir en el pensamiento contemporáneo estas nociones que después otros han aprovechado, distorsionado, utilizado para sus propios fines.


6-, Recientemente se ha publicado en España una antología de escritores mexicanos menores de 40 años en la que se resalta el concepto de “No generación”: no hay un elemento común entre ellos salvo la edad. Usted, que ya ha superado esa barrera, ¿se reconoce dentro de alguna generación concreta?
Yo creo que el concepto de generación es un concepto que se ha visto muy distorsionado, del que se ha abusado mucho. Porque, por una parte, es difícil acabar de agrupar a autores de un tiempo que es muy accidentado, muy cambiante y en el cual lo que parecían grandes tendencias hace diez o quince años resulta que ya hoy no tienen ninguna validez, porque hay una serie de cambios, sobre todo entre 1995 y 2012 o 2013, el cambio de siglo, propiamente, que son tremendos: desde el auge de Internet, el del terrorismo profesional, que allí estaba pero que se volvió más visible a partir de 2001... Por otra parte, está el problema de la mercantilización del término “generación”, que se utiliza más que para reconocer ciertos rasgos para vender a ciertos autores. Por eso desconfío yo mucho de ese término. Creo que por edad me tendría que haber tocado estar entre cierto grupo de escritores, para decirlo claro, que ya está prácticamente extinto, aquellos que no lograron remontar el cambio de siglo que te comentaba, pero a mí me salvó, como a otros, que tenía intereses muy diferentes a los de mis contemporáneos, y ahora creo que me siento más cercano a algunos autores que empezaron un poco antes o un poco después, que siguieron caminos muy diferentes, pero con los cuales no es que haya una cercanía constante pero sí una convergencia de intereses, de temas, de ideas. Algunos de ellos están en Mexico, a otros únicamente los he leído, pero noto que hay ciertos libros aquí (en Europa) y allá, que tienen elementos que a mí me interesan y que me resultan muy cercanos. Por eso hablo más de convergencia que de generación.


7-. Por último, una curiosidad. ¿Usted tapa el visor de la cámara de su portátil?...
¿Taparlo?...  ¿El visor de la cámara?... No se me ha ocurrido nunca…  ¿Por qué? ¿Por los famosos programas agresivos o por qué?...

Bueno, los hackers sostienen que esa es la manera más fácil de espiarnos cuando estamos conectados a redes wifi…

Vaya… Ahora voy a empezar a hacerlo y va a ser tu culpa… No se me había ocurrido… Qué horror… (Ríe)… Hace unas semanas salió un reportaje sobre un documento en el que se hablaba de cierto número de programas de acceso bastante fácil para quien los utiliza y con los cuales se puede hacer ciertas labores de espionaje en un móvil cualquiera: encender la cámara, copiar la memoria, sacar las imágenes, encender el micrófono para escuchar tus conversaciones y localizar el aparato con precisión, etc… Debería haber pensado en todo eso… 

lunes, 1 de febrero de 2016

REVISTA LITERARIA 2016 ‘LA GUITARRA AZUL’ John Banville





Título: ‘LA GUITARRA AZUL’
Autor: John Banville
Editorial: Alfaguara
Nº Páginas.- 291 Páginas

Por Ángeles López

Decir que Banville es maestro de la interioridad masculina no es una novedad. Como tampoco lo es evidenciar que sabe solapar esa carga de profundidad con tintes burlones y sardónicos, de marcado acento irlandés. Sus narradores son con frecuencia hombres de mediana edad, profundamente dañados, que vuelan como el pájaro de Borges mirando hacia atrás y tratando de averiguar qué fue lo que salió mal en sus vidas. También suelen lidiar con la muerte de alguien cercano, como una esposa o un hijo. Así ocurre en «El mar» o en «Antigua luz», donde les otorga a los narradores –«galeotes», como diría Nabokov– su propio talento para el lenguaje descriptivo, su neurosis léxica, su paranoia sintáctica. Otro rasgo que se observa en sus textos es el claro peso de la melancolía, acaso el sentimiento trágico heredado de su educación católica.
En «La guitarra azul» –título tomado de un poema de Wallace Stevens, a su vez inspirado en la pintura de Picasso «Viejo con guitarra»– vuelve al terreno conocido. El narrador es en esta ocasión Oliver Otway Orme, OOO, un pintor de mediana edad que por un cómputo de razones desconocidas ya no puede pintar. También es, por cuenta propia, un ladrón habitual –«llamadme autólico», arranca la narración– de bagatelas que roba por diversión y por el placer erótico de quitarle algo a alguien. Imagina que nadie lo sabe, pero se equivoca, como en la mayoría de las cosas que piensa. Su hurto más reciente es Polly, una mujer con anatomía de chelo y esposa de su amigo Marcus, a la sazón.
El saqueo del último siglo
Por supuesto, no quiere dejar a su mujer, Gloria, madre de su única hijita, fallecida. Ante esta situación y las pocas posibilidades que tiene de refugiarse en su arte, se cobija en los juegos de palabras. Por tanto, asistimos a una novela en marcha en una maratoniana reflexión metaficcional. Por su boca presenciaremos el saqueo del último siglo de pensamiento crítico, la revisión de formulaciones agotadas, la inestabilidad de la lengua, la resbaladiza sintaxis o la imposibilidad de realidad objetiva. De esta forma, la guitarra de Oliver se convierte en un instrumento de una extrañeza deliciosa y de un gran descaro en la digitación, a la que se le salen Beckett y Kafka por el mástil. ¿Será porque Banville es el colmo de lo banvilleano?
Las señales temporales o cronológicas son difusas. Estamos en Irlanda, de eso no cabe la menor duda, pero no sabemos ni dónde exactamente ni cuándo. Hay teléfonos y coches, pero las gentes van ataviadas siguiendo los códigos de la vestimenta antigua: sombreros, bastones, relojes de bolsillo. Es un nuevo-viejo mundo que ha forjado el teorema de Godley, que presumiblemente no es el economista Wynne Godley y sí pudiera ser el matemático ficticio de «Los infinitos», del propio Banville. Se trata, pues, de algún momento futuro vagamente postapocalíptico, una época dentro de varias épocas y coordenadas geográficas.
El autor escribe el borrador de un libro con las manos del pintor que ya no pinta. Un desordenado personaje que va dando forma a las palabras ante nuestros ojos, y nos comparte los hilvanes de su discurso digresivo, los engranajes de la trama y los puntos ciegos de sus cavilaciones. Oliver es la pesadilla de cualquier novelista, porque cuando parece que su exposición será conmovedora, se torna irónica, jugando con el lector como un gato con un ratón. Está feliz de pensar en sí mismo como un fracasado. Sin embargo su autocrítica es una forma de autoalabanza. Es un narcisista físico, mental y emocional, embriagado por todo lo malo de sí mismo que le devuelve el espejo. Un personaje tan trágico como cómico al que Banville trata con infinita ternura. Sus ideas chocan con la realidad, protesta cuando los demás no entienden nada, y la mejor forma de retratarse es su parlamento conformado por una barricada insustancial; una pirotecnia verborrágica.
Empatía y recelo
Es una novela lenta; todas las de Banville lo son, incluso las de su alter ego, Benjamin Black. Pretende, como Nabokov, el control total de sus personajes, con su flaubertiana atención a la frase, para conducirles por donde él quiere. Un narrador en primera persona tiene la libertad para ir, venir, acertar, errar, hacernos desconfiar de su versión de los hechos, permitirnos cierto grado de empatía con él. Oliver es todo ello. Nos caerá mal al principio, pero a medida que avancemos, iremos conociendo la indulgencia que el autor irlandés tiene para con su personaje de tinta. A medida que la novela transcurre veremos un ser honesto acerca de su dolor y el daño causado en otros, y la abundancia verbal irá dando paso a un poderoso drama.

No se puede abordar de modo más genuino los grandes temas: la permanencia de la pena, la resistencia al amor, el valor del arte... Hay dolor, humor, pensamientos absurdos, frases lapidarias, enredos y desenredos del alma... hay literatura en estado puro, como en toda la obra de este irlandés. En estas páginas, el viejo epigrama que reza que la vida es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten se queda corta. Prefiero creer que si «todos venimos de “El capote” de Gógol», como Dostoievski sentenciaba, no pocos autores contemporáneos enraizarán parte de su prosa en la meticulosidad literaria de Banville, en su precisión suiza, su generosidad creativa y su clarividencia. Libros que no están concebidos para ser leídos, sino releídos una y otra vez.

domingo, 31 de enero de 2016

REVISTA LITERARIA 2016 "LA MUERTE DE MI HERMANO ABEL" Gregor von Rezzori





LA MUERTE DE MI HERMANO ABEL
Autor.- Gregor von Rezzori
Editorial.- Sexto piso, Madrid, 2015
Nº Páginas.- 700

Por Ricardo Martínez

Retazos del mejor Von Rezzori, el autor de esa magnífica novela ‘Flores en la nieve’ están aquí, en este texto largo y denso que tiene mucho de ejercicio rememorativo personal, de punto de vista respecto de una civilización que se ha permitido errores inhumanos como las dos guerras mundiales (aquí reflejada sobre todo la segunda) pero que a la vez ha sabido valorar y preservar los cánones de belleza. Todo ello bajo la impronta de un lenguaje rico, directo, sencillo, que unas veces sugiere poéticamente y otros muestra una rara frialdad en la descripción, donde el sexo o la guerra tienen un papel predominante.
Una novela-río donde la condición humana se exhibe desde distintos puntos de observación, como un poliedro que, conservando su unidad, exhibe todo tipo de imágenes y colores; de atisbos de carácter y comportamiento, de dulzura y crueldad, no en vano el escenario que se intuye de fondo es el del ser humano solitario, inteligente, en procura de ‘completar’ su identidad. El escenario donde la dignidad del hombre carece de presente por causa del enfrentamiento fratricida: “la mitad perdida –para mí y para otros como yo- en aquel mes de marzo de 1938.
Una situación personal, la del protagonista, en parte ‘alter ego’ difícil de rehabilitar, sobre todo considerada desde su perspectiva de creador –guionista de cine, novelista prometedor- que se refiere a sí de un modo tan desnudo como descriptivo: “Yo no soy nada. Ni siquiera soy un apátrida en el sentido jurídico, sino un desarraigado de nacimiento, déraciné par excellence (…) sospechosamente políglota y divorciado de todo vínculo con una tribu, con toda bandera… Pero, eso sí, un hombre en busca de todo eso” Y es aquí donde la presencia, la figura y el significado de la mujer cobra un valor central.
Estamos, podría decirse, ante un brillante ejercicio de autoconocimiento, de autoconciencia donde aparece inevitablemente como tema de fondo el concepto de cultura, de cultura europea y donde se analizan con precisión e inteligencia los restos de una herencia histórica que habría de quedar disminuida por el ejercicio de la brutalidad de unos hombres contra otros. Siempre con un extraordinario lenguaje literario como referente, como expresión: “Entonces se desprende del besamanos con una pirueta llena de gracia elefantina y, al girarse hacia los demás presentes y dirigirles sus ‘Buenas noches’, logra adosar a sus palabras un gesto de disculpa, como para insinuar que su estatura en aquel espacio tan recudido no le permitiría despedirse de cada uno de ellos sin incomodar a todos”
Como lectura y ejercicio culto de reflexión acerca de la Europa de mediados del XX (París juega un papel definitorio trascendental) y de retrospectiva personal de una vida intensa, la novela probablemente marque un grado de distinción dentro de lo que las novedades del año transcurrido han aportado. Un bien, pues, como ejercicio introspectivo, como aportación estética.

Cabe destacar, también, una traducción a mi entender muy atinada y precisa como contribución “para crear el collage inextricable de una identidad” Una lectura sanadora.

Jim & jhon