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martes, 22 de noviembre de 2016

REVISYTA LITERATURAS.COM "CUENTOS COMPLETOS" José María Eça de Queirós





 José María Eça de Queirós:
Cuentos completos
Siruela, Madrid, 2016-09-25

Por Ricardo Martínez


La cultura, a saber por qué, no siempre ha sido la actividad más democrática que ha existido. Si acaso, al contrario, esto es, las envidias, las polémicas apasionadamente inútiles por motivos perversos, las riñas burdamente cruentas avaladas por mala prosa, han sido más abundantes que el reconocimiento llano, explícito, sincero y fundado de las virtudes de otro escritor, de otra cultura.
Aunque resulte hiriente, creo que tal cabría decir, expresamente, de la ignorancia –deliberada o no- que nuestro país ha tenido como actitud, como conocimiento, respecto de la literatura de nuestro digno vecino Portugal. Querer minimizar la obra de Camôens, de Pessoa, de Torga es ahondar las miserias culturales que, de no ser así, propiciarían un intercambio de ideas y una riqueza expresiva y lingüística que habría de ser beneficiosa, sin duda, para ambas partes de nuestra desconocida y atribulada península ibérica.
El caso de Eça de Queirós (sin ser, es cierto, de los más sangrantes) podría ser un ejemplo de echar la sombra sobre un escritor cuyo discurso literario es de una fecundidad argumental, de una finura estilística y una riqueza de matices que para sí querría cualquier cultura literaria. Y en su obra son de señalar, de manera principal, sus cuentos, tema que recoge este volumen que tan sobria y oportunamente nos hace llegar ahora la editorial Siruela.
Leamos, a modo de ejemplo, dos fragmentos que, por distintos de contenido, son complementarios para situar una cuestión perfectamente humana -resaltada, sin duda, por la calidad de la escritura, por la precisión del adjetivo, por el estilo y el ritmo de lo expresado: “Macario me contó lo que lo había decidido más concretamente a aquella resolución profunda y perpetua. Fue un beso. Pero ese hecho, casto y sencillo, yo me lo callo, incluso porque el único testigo fue una imagen en grabado de la Virgen que estaba colgado en su marco de ébano, en la saleta oscura que daba a la escalera…”
Primoroso argumento, sencillo, descriptivo y eficaz. Y una ubicación precisa de la acción, significativa, que ayuda a situarse en la secuencia de lo narrado, incluso de su valoración emocional. Pero he aquí que, al poco, el autor hace gala de un discurso descriptivo más prosaico, más acorde a las cosas que, a la vez que otorga contraste a una situación emocional anterior, circunscribe con nitidez un escenario real, ejemplo de preparación prologal que el lector descubrirá sólo unas líneas más adelante. Es la cualidad máxima de una ambientación, de un escenario para plantear un drama humano. Una de las cualidades distinguidas de este autor.
El párrafo descriptivo dice así: “Macario me habló mucho del carácter y de la figura del tío Francisco; su poderosa estatura, sus gafas de oro, su barba grisácea, como un collar, por debajo del mentón, un tic nervioso…”
Un casto beso contra un fondo lleno de materia mensurable, de cosa precisa y fría.
Leer para asociar: sentimiento y realidad

domingo, 13 de noviembre de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM 'LA CONDICIÓN ANIMAL' por Valeria Correa Fiz





LA CONDICIÓN ANIMAL
Autora: Valeria Correa Fiz
Editorial: Páginas de Espuma
Nº de páginas: 168
Por Eduardo Cruz Acillona

Decía el griego Sófocles (y perdón que me remita a los clásicos así, desde el principio, y sin avisar) que la obra humana más bella es la de ser útil al prójimo. Bendito deseo y generosa fotografía del potencial del ser humano, sobre todo viniendo de alguien calificado como poeta trágico. Tuvieron que pasar dos siglos para que llegara el autor de comedias latino Plauto (quién si no, mas que un autor de comedias) para enmendarle la plana y hacernos ver que el hombre es un lobo para el hombre.
Más cerca de Plauto que de Sófocles, Valeria Correa Fiz rasga las vestiduras del ser humano, lo desnuda de convenciones universales y, en este su primer libro de relatos, nos muestra sin artificios ni anestesia al lobo que llevamos dentro.
Duele verse reflejado en este espejo. Avergüenza reconocer que todos estamos hechos de la misma pasta que los personajes que pueblan las páginas de La condición animal, como esa joven cuya forma de mirar parece un alarido (Una casa en las afueras), el chico humillado por todos sus compañeros por no haber tenido aún una relación sexual (La vida interior de los probadores), la chica enferma que piensa que la venganza es un plato que se come frío y, sobre todo, en grandes cantidades (Regreso a Villard), el guionista que baja a los infiernos para buscar allí la inspiración perdida (Deriva), etc
Son relatos habitados por monstruos terrenales, por terrores cotidianos, esos a los que damos la espalda cuando ocupan los titulares de los informativos bajo el aséptico epígrafe de Sucesos cuando no de Política o Economía.
Refuerza más ese primitivismo en la conducta cuando los relatos están ordenados y clasificados en cuatro grupos: Tierra, Aire, Fuego y Agua. Los cuatro elementos fundamentales, básicos de la materia. No hay, pues, espacio para esos convencionalismos que nos dota la condición de humanos como el sentido común, la educación, el perdón, etc
La condición animal es un espejo poco favorecedor de la condición humana. Y la autora no le permite concesiones ni treguas al lector salvo, quizás, en el relato Nostalgia de la morgue, curiosamente el más extenso, donde el amor triunfa sobre el dolor y uno llega a reconciliarse con uno mismo y con el prójimo. En contraposición, El mensajero, curiosamente el relato más corto, es de una amargura tan terrible que se necesita más de una página en blanco después para recobrar el aliento y poder seguir leyendo.
Estamos ante el debut de una autora que podríamos calificar de sorprendente si no apareciera bajo el cuño de Páginas de Espuma, editorial que, año tras año, nos regala el feliz descubrimiento de un autor novel en ese terreno de juego literario tan complicado como es el relato breve.
No deberían no leer La condición animal. Pero prepárense a descubrir que cualquiera de nosotros puede levantarse un día convertido en Sí, La metamorfosis. Sí, Kafka. Porque los animales que nos habitan en el interior también tienen pesadillas.



ENTREVISTA A VALERIA CORREA FIZ

Escribir es mi forma de pensar y de pensarme

Debut literario, nada menos que en Páginas de Espuma, y poniendo patas arriba nuestras convicciones morales y colocando el adjetivo presuntos a lo que siempre hemos pensado que somos: seres civilizados.
Me siento muy afortunada, muy feliz de integrar el catálogo de Páginas de Espuma.
En relación con la segunda parte de la pregunta, me gusta pensar que la literatura sirve para cuestionar nuestras convicciones, para obligarnos a hacernos preguntas; un libro debería ser un hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros, decía Kafka. Si La condición animal puede contribuir mínimamente a ello, me siento satisfecha. 

¿Es este libro la cara oculta de La condición humana de Malraux?

La condición humana, de Malraux, es una excelente novela que sucede en un contexto histórico-político muy específico del que La condición animal está muy alejado.
La condición animal está integrada por doce relatos bastante diferentes entre sí, algunos son de corte realista, otros de naturaleza más fantástica; el libro está concebido con un fuerte sentido de unidad y ordenado bajo una estructura fuerte. Todos los cuentos se acercan a algún costado oscuro del ser humano, para conducirnos hasta nuestros propios miedos, inseguridades y temblores, para explorar cuándo somos capaces del amor y la ternura, cuándo del odio y el rechazo. 

Si leer estos relatos duele, ¿desde dónde se escriben? ¿también desde el dolor, quizás desde la necesidad de la defensa propia ante lo que nos rodea?

La escritura es para mí un itinerario de exploración y de aprendizaje. Escribir es mi forma de pensar y de pensarme. Creo que detrás de todo trabajo artístico hay algo que nos atañe personalmente, no quiero decir autobiográfico pero sí que tiene que ver con nuestras preocupaciones, un componente vital. La preguntas vinculadas con la naturaleza del mal o su procedencia están muy vinculadas a las historias que integran La condición animal, y son cuestiones que a mí me interesan particularmente y hace muchos años.

Todos los relatos conservan parecida extensión salvo dos de ellos. Contrasta la crudeza del más breve, apenas unos párrafos, (El mensajero) con las cuarenta páginas llenas de ternura de Nostalgia de la morgue. ¿Ha sido algo intencionado?

Entiendo que el fondo determina la forma. O así debería serlo, al menos. La historia que se cuenta en El mensajero tiene que ver con una revelación, con una epifanía siniestra, macabra; de ahí la brevedad del relato, igual a la del rayo que aparece desapareciendo. Nostalgia de la morgue es un relato moroso, porque se habla de la enfermedad, de la espera, la esperanza de encontrar la cura y de la (im)posibilidad del amor. Todos estos temas exigen paciencia y lentitud que se manifiestan en la longitud y velocidad de este relato. 

Hay dos características del ser humano reflejadas en sus cuentos. Por un lado está la violencia irracional, valga la redundancia, y, por otro, esa inevitable fragilidad ante nuestros propios temores. ¿Pertenecen ambas a nuestra condición animal o se nutren de convenciones aprendidas? ¿Y cómo se trabaja sobre ellas para plasmarlas en el argumento del relato?

No me atrevería a dar una respuesta concluyente respecto de la primera pregunta. Sí creo que parte de nuestra fragilidad deriva de nuestra conciencia de la muerte, de sabernos expuestos y a merced de muchos males.
En relación al modo de trabajar la violencia y la fragilidad ante nuestros temores en una misma historia, creo que existe una relación dialógica entre el mal cometido por un hombre y el sufrimiento padecido por otro. No ha sido muy difícil, por tanto, concebir historias que basculen entre esos dos polos. 

Además de Kafka, en alguno de cuyos textos la condición animal respira protagonismo, ¿qué otros autores están detrás de este libro?

Espero que haya muchos autores en estos relatos: soy leal al vicio de leer. Leer es una actividad más civil que escribir, le gustaba decir a Borges.
Las invasiones es un cuento que tiene cierta impronta cortazariana, a mi juicio, en lo que hace al manejo del tiempo. Leviatán, un relato que trata el tema de los desaparecidos en Argentina, tiene algunas criaturas marinas que podrían recordar a Lovecraft. También, estimo, que hay influencias del mundo del cine: Una casa en las afueras, por ejemplo, busca recrear cierta atmósfera angustiosa de las películas de Haneke. Hay quienes han visto en Criaturas algún parentesco con Los pájaros, de Hitchcock.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, cabreado tira la piedra y esconde la mano. ¿Podría esta cita improvisada acompañar a la de Juan José Saer que abre su libro?

El hombre es un animal que tropieza tres, cuatro y todas las ocasiones que se le presenten con la misma piedra. En cuanto a la segunda parte de la cita, creo que es más doloroso tirar la piedra y esconder el corazón.


lunes, 7 de noviembre de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM 'Mircea Cărtărescu y la teoría de la unicidad'





Mircea Cărtărescu y la teoría de la unicidad
José de María Romero Barea

“Después de que el sol se apague y la galaxia se desintegre y se produzca la muerte térmica del universo infinito, ¿volverá a recitar alguien siquiera dos versos, con ritmo elegíaco, sobre los rizos de las damas elegantes y sus cajitas de marfil?” (“Pontus Axeinos”). Regresa el autor de Nostalgia (1993; Impedimenta, 2012) con en El ojo castaño de nuestro amor (Impedimenta, 2016. Traducción de Marian Ochoa de Eribe), donde el poeta, narrador y crítico literario rumano Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1954) consigue codificar la memoria, la sátira, la fantasía y la especulación cuasi mística. Sus narraciones modernistas renuncian a la trama en favor de las ideas, el estilo, y, en este caso, los múltiples puntos de vista, todos ellos alucinados, de la contemporaneidad.
Epigramas y retruécanos golpean a diestro y siniestro al lector, que se abandona con placer a una tunda de imágenes e ideas completamente originales y contundentes. En “Un escritor”, por ejemplo, el autor de Lulu (1994; Impedimenta, 2011) se pregunta: “¿Por qué las inmensas bibliotecas de Occidente descansan sobre los hombros de dos hombres que no dejaron escritos a su paso, Sócrates y Jesús?”. En el relato que da título a la colección, que podría aplicarse a cualquiera de los gobiernos corruptos y las corporaciones sin escrúpulos que existen, se cuenta: “En sus recursos por ministerios y bufetes de abogados aparecieron unos personajes que les aconsejaron callar. Sus desesperadas cartas a las autoridades que gobernaban entonces el país no obtuvieron respuesta. A Victoraş se lo tragó la tierra miserable de unos tiempos terribles”.
Los cuentos “La época del nes” y “La ruina de una utopía” promulgan la empatía. Sus protagonistas son, por una parte, un drogadicto cuya comprensión de la realidad es totalmente lógica, pero aterradoramente tenue, y por otra, un lector que, de lleno en su lectura, no tiene ni idea de lo que está pasando (“El drama de mi vida empezó después, cuando en vez del Libro me vi obligado a vivir la realidad”). La conspiración, la paranoia y la búsqueda del enemigo perfecto se cuentan entre sus temas recurrentes. No es de extrañar en un escritor de la clase trabajadora de Bucarest que alcanzó la mayoría de edad en el apogeo de la dictadura de Nicolae Ceaușescu y su omnipresente agencia de inteligencia, la Securitate: “El mundo parecía estancado en lo sórdido y lo previsible. El comunismo era la realidad. Todo lo demás eran fantasmagorías de película americana”. (“Los años robados”).
Las epifanías tienen lugar, casi invariablemente, en el hogar familiar, lo que permite al autor de Las Bellas Extranjeras (2010; Impedimenta, 2013) esbozar una teoría de la unicidad. Tras de sus fantasías delirantes, de sus largos pasajes cuasi-ininteligibles, los cuentos de El ojo… regresan a tierra firme para esbozar los efectos de una (mala) educación en Bucarest y sus (d)efectos (de)formativos. La enfermedad y la soledad nos repliegan en nosotros mismos. La memoria, sin embargo, puede ayudarnos a construir mundos. A partir de ese pasado - que se extiende hacia atrás para abarcar toda la historia humana - Cărtărescu logra un puñado de relatos de intensidad visionaria.



Jim & jhon