Asociamos el modernismo poético con una ventolera de frescura e innovación, de sonidos nuevos y temas exóticos, de entusiasmo y decadencia, que llegó de Latinoamérica para cambiarlo todo. El primer nombre que nos viene a la cabeza es el de un nicaragüense errante, Rubén Darío, que no tardó en establecer amistad o magisterio con Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o Ramón María del Valle-Inclán. Pero el modernismo en Latinoamérica fue mucho más: propició también una constelación de mujeres poetas que desde presupuestos estéticos personales tejieron una red de estímulos y afinidades. Nacidas en Cuba, Argentina, Uruguay o Chile, en ambientes culturales y económicos dispares, Juana Borrero, Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Teresa Wilms Montt comparten haber vivido en un tiempo de transición para la muje
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