Este segundo tomo cierra la Narrativa esencial de Ramón J. Sender con tres obras escritas en el exilio americano.
Desde los años 50, a través de la American Literary Agency, el escritor pudo acceder a un mercado anglosajón y castellano, las colaboraciones periodísticas se multiplicaron y se va asentando la imagen de autor culto capaz de ganarse también el favor de los lectores. Llegamos así a la siguiente década con un Sender convertido en escritor de éxito gracias a títulos como La tesis de Nancy y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.
LA TESIS DE NANCY
En La tesis de Nancy Sender se adentra por primera vez en el terreno del humor con la historia de una joven americana que viaja a Sevilla para hacer un trabajo académico sobre los gitanos. La trama es sencilla y la maquinaria narrativa se centra en las cartas que Nancy remite regularmente a su prima Betsy, donde se suceden los equívocos lingüísticos, el juego con los tópicos y el contraste de costumbres.
Sender se inspira en su experiencia como profesor universitario en los EE.UU. para escribir esta novela que se sale de su serie natural y, desde el principio, reivindica el estatus del humor al invocar a Cervantes: «Es tarea de discretos hacer reír».
Jovial, ligera en apariencia, pero también rica en sarcasmos que retratan el divertido choque de dos culturas tan diferentes como la yanqui y la andaluza, al tiempo que reflejan una mirada crítica sobre la España de los años 50.
Una novela satírica que se publicó en México en 1962 y le afianzó como uno de los escritores más populares del momento.
LA AVENTURA EQUINOCCIAL DE LOPE DE AGUIRRE
Como excelente cronista que fue, Sender regresa al género de la novela histórica a mediados de los años 60. El desastre de la guerra civil y la Segunda Mundial habían cambiado la naturaleza de un género, que ahora nos presenta héroes que parecen marionetas de sus propios destinos.
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre vio la luz en 1964 y nos descubre el lado menos airoso de la conquista de América. Una epopeya de aliento existencialista que mezcla el estilo de la crónica antigua con el suspense de la literatura de aventuras. En ella Sender otorga voz al antihéroe Aguirre en su obsesiva búsqueda de El Dorado. Un espejismo que desata conspiraciones, traiciones, violencias… y nos revela la desnudez del hombre enfrentado a su sino en medio de una naturaleza hostil. Un viaje delirante por el que, prisionero de su propia crueldad, Aguirre termina asesinando amigos y enemigos, incluso a su propia hija, hasta morir decapitado. Crónica y tragedia caminan, pues, de la mano en esta desbordante novela que toma de Baroja el espíritu aventurero y de su admirado Valle-Inclán el sentido trágico.
MONTE ODINA
Monte Odina es una de las obras más singulares de Sender que se publica en 1980 y, aunque se gestó en California, estuvo influida por la agridulce experiencia de los retornos fugaces a España en 1974 y 1976.
A lo largo de estas páginas el autor vuelve la mirada hacia los paisajes de su niñez en Aragón, a la par que introduce reflexiones de viejos artículos, poemas y reproducciones de algunos de sus cuadros.
Una obra de madurez que se sustenta sobre los recuerdos del niño Sender al que un amigo de su padre le ofrece la organización de la biblioteca en su finca Monte Odina.
Un ambicioso testamento literario que también es ocasión para escribir sobre literatura y arte, además de reflejar las aficiones del escritor por los avances científicos y el mundo de lo paranormal. Picasso, Ramón y Cajal, el cometa Haley o la muerte misteriosa de su amigo Froilán se entrelazan con los episodios más dolorosos de su pasado, como cuando convoca el recuerdo de su hermano fusilado, y de su esposa, Amparo Barayón.
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