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Cádiz a contrapelo
La relevancia de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
en la historia de España es indiscutible. Pero su progresiva mitificación ha
llevado a desconocer sus defectos y considerarla «el mejor de los códigos», y
a imputar a factores exógenos el fracaso de sus diferentes experiencias en
España, Europa y América. Como mito ha ensombrecido aspectos clave de nuestra
historia política y constitucional. Y, en fin, como mito con pretensiones
fundacionales se ha querido enraizar en Cádiz la identidad nacional española,
algo erróneo y lesivo para dicha identidad. 1812-1978 dos constituciones en entredicho de Miguel Herrero de Miñón El grito de «¡Españoles ya tenéis patria!» no sólo contradice la realidad histórica de España sino que pretendió fundar la identidad española en la cristalización institucional de las «dos Españas» gestadas a lo largo de los siglos anteriores. La Constitución de 1812 no surgió del consenso nacional sino de la opción de media España sobre la otra media, y semejante tajadura todavía gravita sobre nuestra conciencia colectiva. El éxito que hasta hoy ha tenido la obra de 1978 se debe a que fue una Constitución consensuada, esto es, pactada, y ello contrasta con la experiencia gaditana que desde su génesis y, sobre todo, en su práctica aplicación se presentó como un «trágala». La vigente Constitución de 1978 que, pese a sus abundantes defectos, nos ha proporcionado el más largo periodo de estabilidad democrática, tampoco debe ser mitificada y, de hecho, se pone ahora en entredicho desde frentes diversos. Pero a la hora de reformarla, si es que procede, es preciso evitar los errores rupturistas que confunden la poda del árbol con su tala. Para huir de los malos usos, tanto de la Constitución como de su revisión, puede ser útil el análisis de la experiencia gaditana, y a ello contribuye decisivamente este libro. Miguel Herrero de Miñón es doctor en Derecho. Completó su formación en Oxford, París y Lovaina, donde se licenció en Filosofía en 1968. Letrado del Consejo de Estado desde 1966, fue Secretario General Técnico del Ministerio de Justicia, colaborando de manera muy activa en la primera amnistía (1976), en la Ley para la Reforma Política y en la primera normativa electoral de la recién nacida democracia. Participó en la elaboración de la Constitución de 1978 y ocupó el cargo de portavoz en el Congreso de los Diputados, tanto del partido del Gobierno (UCD) como de la oposición (AP). Fue diputado de UCD y de AP de 1977 a 1993. Ha desempeñado importantes trabajos parlamentarios tanto en España como en organizaciones internacionales y ha sido miembro de la Comisión Trilateral. Recibió el premio Blanquerna de la Generalitat de Cataluña, el premio Sabino. Si quieres concertar una entrevista con el autor, puedes ponerte en contacto con: Disueño Comunicación: 91 702 23 88 |
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lunes, 13 de mayo de 2013
138.- Cádiz a contrapelo, de Miguel Herrero de Miñón
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