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Una
monja acusada de robar bebés recién nacidos
en una maternidad madrileña… Podría ser el argumento inesperado de una
novela policíaca, pero es el punto de partida de una apasionante
investigación sobre hechos y vidas reales.
Mujeres
separadas de sus bebés por la fuerza, sedaciones ilegales, padres adoptivos
que fueron engañados, falsificación de documentos y facturas, adopciones irregulares
y arbitrarias a cambio de dinero y miles de adopciones bajo sospecha… Son
algunas de las gravísimas acusaciones lanzadas en primera persona por
protagonistas y testigos de unos delitos que estuvieron ocultos durante
treinta años.
Y
en el centro del escándalo la figura de una religiosa ya anciana que fue
imputada por crímenes execrables: la ya fallecida sor María Gómez
Valbuena. Personaje polémico, siempre en la sombra, que se descubre a
sí misma durante la única conversación que mantuvo en su vida con la prensa
y que le realizó la autora de este libro.
Quienes
coincidieron con la religiosa la definen como autoritaria, rígida,
arrogante, estricta e incluso, inmisericorde. Un perfil poco adecuado
para una asistente social.
Los
bebés robados de sor María es un conmovedor recorrido por
las historias inéditas hasta ahora de madres e hijos que fueron
separados por la fuerza y acabaron reunidos por el destino. Un fenómeno
que ha conmocionado profundamente a la sociedad española.
"A
muchos padres adoptivos se les veía con cierto nivel económico. Con ellos,
Sor María era suave como la seda. Educada, sonriente, respetuosa...nada que
ver con el trato habitual que les daba a los demás en la maternidad
madrileña de Santa Cristina".
Así,
sor María llegaba a cobrar por cada adopción entre 50.000 y un millón de
pesetas.
Soledad
Arroyo hace un intenso recorrido y una
larga investigación por el rastro de profundo dolor y ausencia, que dejó en
la vida de muchas mujeres y de sus hijos la inflexible sor María.
En
su libro explica a través de las víctimas lo que la monja nunca llegó a
confesar: se dormía a las mujeres para quitarles a sus hijos.
A
otras,"les lavaban el cerebro de tal manera, que accedían y firmaban
el consentimiento para dar a sus hijos".
"Qué
van a hacer esas mujeres con esos niños- decía la monja-. Lo mejor es que
den a sus hijos en adopción".
Margarita
Pérez, una de las víctimas retratadas en estas páginas, sufrió las amenazas
de sor María: "Cada día de los tres que estuve hospitalizada, sor
María entró varias veces a amenzarme. Le pedía que me dejara ver al
niño. Ella contestaba lo mismo: que me tenía que callar o la iba a obligar
a ir a por mis hijos mayores y llevárselos".
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