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miércoles, 13 de junio de 2012

181.- La berlina de Prim de IAN GIBSON




La berlina de Prim
de

IAN GIBSON

Premio de Novela Fernando Lara 2012



Con un estilo que recuerda a las grandes novelas de viajeros ingleses del siglo XIX, Ian Gibson nos acerca, de forma directa y alternando el género histórico con el policíaco, a uno de los acontecimientos claves de la historia de España



El autor
Ian Gibson (Dublín, 1939) es un hispanista internacionalmente reconocido y, desde 1984, ciudadano español. Recientemente ha sido elegido miembro de la Real Academia Irlandesa por sus numerosos trabajos sobre nuestro país. Entre su copiosa bibliografía destacan La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca (París, Ruedo Ibérico, 1971) —prohibido por el régimen franquista—, En busca de José Antonio (Planeta, Premio Espejo de España 1980), la magna biografía Federico García Lorca (Grijalbo, dos tomos, 1985-1987, ahora reeditada en un único volumen por Crítica), La vida desaforada de Salvador Dalí (Anagrama, 1998), Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (Aguilar, 2006), Cuatro poetas en guerra (Planeta, 2007) y Lorca y el mundo gay (Planeta, 2009). Gibson, que vive en Madrid, trabaja actualmente en una biografía de Luis Buñuel.

LA BERLINA DE PRIM
El 27 de diciembre de 1870 el general Juan Prim i Prats, presidente del Poder Ejecutivo de España, sufrió un atentado en la calle del Turco de Madrid (hoy Marqués de Cubas), en las cercanías del Congreso de los Diputados. Tres días después moría a consecuencia de las heridas recibidas. Su muerte influyó decisivamente en el cambio de rumbo de la historia de España, y hoy, casi ciento cuarenta y dos años después, sigue sin ser esclarecida.
El hispanista Ian Gibson, reputado biógrafo de Federico García Lorca, Salvador Dalí y Antonio Machado, nos brinda con su novela La berlina de Prim una historia policiaca en la que se barajan distintas hipótesis sobre la identidad de quienes pudieron organizar el magnicidio. El protagonista es Patrick Boyd, redactor del periódico londinense The People’s Word, quien se había hecho amigo de Prim en Inglaterra durante el exilio del eterno conspirador. Se trata del hijo ilegítimo de una española y de Robert Boyd, el irlandés que había apoyado y financiado a los liberales frente a Fernando VII, y que murió fusilado en Málaga en 1831 junto a Torrijos y a las otras cincuenta víctimas de aquella malograda expedición. El periodista siente la irresistible necesidad de investigar el asesinato de su amigo y, con el apoyo de su periódico, se embarca en una apasionante aventura detectivesca.
Ian Gibson nos traslada a los años de la efímera Primera República española de 1873 y nos sumerge en una intriga trepidante poblada de fascinantes personajes reales como Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, José Paul Angulo, diputado republicano federalista revolucionario, o el naturalista Antonio Machado Núñez.
A través del diario de Patrick Boyd, de su correspondencia con el director de su periódico y de una narración ágil y dinámica, Gibson logra con gran destreza transportarnos a una época poco conocida y dibujar un panorama veraz, cuidadosamente documentado, de la España que asistió atónita al brutal asesinato de quien era entonces el hombre más poderoso y admirado del país y el responsable directo de la subida al trono de Amadeo I de Saboya.

Pero ¿por qué mataron a Prim? En la novela de Gibson, como en las buenas historias policiacas, abundan los personajes que tienen motivos para cometer un asesinato. Patrick Boyd viaja a Sevilla, Madrid, Hendaya y Sanlúcar de Barrameda siguiendo la estela de varios de los hombres sospechosos de haber participado en el crimen o de haberlo orquestado. En la lista de posibles facinerosos figuran el duque de Montpensier, rico hacendado francés y aspirante al trono de España (es hijo de Luis Felipe de Orleans y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias y marido de María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II), políticos radicales de verbo encendido, malhechores de poca monta y agentes corruptos.

La aventura de Patrick Boyd en la convulsa España de los años posteriores a la muerte de Prim atrapa desde el principio hasta el final. El periodista irlandés se mueve por una España que se siente al borde del abismo. El país vive momentos difíciles: Emilio Castelar acaba de decretar el cierre de sesiones en el Congreso, y se ha otorgado a sí mismo poderes especiales para afrontar la lucha contra los carlistas y la sublevación del cantón de Cartagena. Los rumores de un golpe de Estado resuenan entre la población, y una serie de acontecimientos extraños dificultan la investigación judicial de la muerte del general. Algunos de los presuntos autores materiales del crimen han escapado del país al intuir que iban a ser detenidos; otros han sido encarcelados y bombardean a la opinión pública con panfletos incendiarios en los que lanzan graves acusaciones que atañen no sólo a Montpensier sino también al general Serrano.

¿Tuvo Serrano algo que ver en el complot? ¿Estaban implicados los republicanos? ¿O, tal vez, ha sido una trama orquestada por los carlistas? ¿Interesaba la muerte de Prim a los que clamaban por el regreso de los Borbones al trono español? Ian Gibson va componiendo, con gran habilidad, un puzle fascinante compuesto por personajes reales y ficticios y una documentación exhaustiva (sólo el sumario del caso, que el autor ha estudiado con lupa, consta de dieciséis mil folios).
Las pesquisas de Patrick Boyd se van haciendo más peligrosas conforme avanza La berlina de Prim: algunos de los presuntos implicados en el crimen han muerto de manera extraña y el periodista se ve obligado a tomar ciertas precauciones al recibir anónimos con preocupantes amenazas. Se hace evidente que alguien no lo pierde de vista, hecho que se convierte en un serio inconveniente para sus investigaciones y para el discurrir de su relación con una española rabiosamente atractiva que intenta huir, como madame Bovary, de una vida matrimonial rutinaria y apagada.
Además de una ambientación histórica impecable y una intriga policial, La berlina de Prim es una deliciosa estampa de la España de 1873. Entre los personajes reales que se mueven por sus páginas hay que destacar la presencia de Benito Pérez Galdós, quien se acaba de embarcar en el ambicioso proyecto de sus Episodios nacionales y quien se siente tan fascinado como Patrick Boyd por el magnicidio de Prim, a quien admiraba profundamente.


SINOPSIS
Patrick Boyd es un periodista londinense nacido en Gibraltar, hecho que le hace sentirse un poco español, hijo de una joven de Algeciras y de Robert Boyd, el valiente irlandés que tomó partido por los liberales españoles frente a Fernando VII, y murió fusilado en 1831 en Málaga junto al general Torrijos y sus cincuenta compañeros de infortunio.

En 1873 Boyd decide viajar a España para intentar esclarecer el asesinato de su llorado amigo Juan Prim i Prats, presidente del Poder Ejecutivo de España, al que conoció cuando el famoso general y político estuvo exiliado en Londres. Han pasado tres años desde la muerte de Prim y el caso sigue sin ser resuelto. El irlandés se impone un reto difícil: averiguar quién tramó y financió el atentado que acabó con la vida del héroe de los Castillejos el 27 de diciembre de 1870. Necesita contactos para comenzar su búsqueda, y el primero se lo facilita un amigo británico que lo dirige hacia Antonio Machado Núñez, naturalista sevillano, partidario convencido de las teorías evolucionistas de Charles Darwin, militante republicano... y futuro abuelo de los poetas Antonio y Manuel Machado.

«ESPAÑA ES UN MANICOMIO»
Ya en Málaga —después de tomar la fatal ruta por mar que siguieran Torrijos y su padre desde Gibraltar—, el cónsul británico le describe la complicada situación del país: «Aquí nadie se pone de acuerdo con nadie, nunca hay consenso». También le transmite esa misma impresión de caos y desconcierto Antonio Machado Núñez, unos días después en Sevilla: «En España sobran las ideas y falta la acción conjunta, concertada, tenaz», «el español no dialoga, somos expertos en monólogos». Sus reflexiones se comprenden: en sólo siete meses, la República ha tenido tres presidentes del Poder Ejecutivo. «España es un manicomio», concluye el catedrático. Tal ambiente de confusión, intrigas y contubernios conforma el escenario perfecto para el ocultamiento del crimen que obsesiona a Boyd.
El periodista londinense congenia con Machado Núñez. Ambos, además de ser republicanos, comparten su pasión por la naturaleza y una sincera admiración hacia el general Prim, a quien Machado califica como «el hombre del siglo». Prim había sido un militar valiente y un gran político, pero, a juicio de Machado, demasiado ingenuo al no atender a quienes le prevenían sobre la posibilidad de un inminente atentado. «España no es tierra de asesinos», acostumbraba a responder Prim. Y también: «Todavía no se ha inventado la bala capaz de matarme a mí».


SOSPECHOSOS
Boyd comienza sus indagaciones en Madrid ayudado por Ricardo Muñiz, gran amigo de Prim, quien le proporciona varios periódicos de los días previos y posteriores al atentado. Boyd ya ha leído algunos ejemplares de El Combate, dirigido por José Paul Angulo, diputado republicano que predicaba la rebelión armada contra el general, de quien había sido amigo. Paul Angulo consideraba que Prim había traicionado la Revolución de 1868 al convertirse paulatinamente en un dictador, y había anunciado desde su periódico que la venganza no se haría esperar. Otro indicio de su implicación en el crimen es que varios testigos aseguraban haber oído su voz en la calle del Turco gritando la orden de abrir fuego.

Otro posible culpable es el militar Felipe Solís Campuzano, ayudante del duque de Montpensier, detenido y encarcelado en relación con el crimen y quien, para cuando Boyd llega a España, ya ha salido libre de la cárcel. ¿Estuvo Montpensier detrás del atentado a través de Solís? El duque tenía motivos suficientes para odiar a Prim, quien se había negado a designarle rey después de la Revolución de 1868, financiada en parte por el duque. Montpensier tenía un interés evidente en impedir que Amadeo de Saboya, el candidato elegido por las Cortes a instancias de Prim, no pusiera los pies en España. El juez que lleva el caso no descarta su posible participación y envía una comisión al palacio de San Telmo, la imponente residencia del duque en Sevilla, en busca de documentación comprometedora. Además, de todos los sospechosos, Montpensier es el único con el dinero suficiente para reclutar a hombres dispuestos a apretar el gatillo. Contra el duque y su ayudante arremete con fiereza un tal José López, hombre sibilino acusado de haber participado en una intentona de asesinato contra Prim unos meses antes del atentado, y todavía detenido cuando llega Boyd a Madrid. José López ha lanzado rotundas acusaciones contra Solís y Montepensier en un folletín, El Acusador, donde cuenta que él se infiltró entre los conjurados montpensieristas para salvar a Prim, y no para atentar contra él. Patrick Boyd consigue visitar a López en la cárcel del Saladero y recibe del mismo numerosas indicaciones útiles para su investigación.
Otro que podía tener interés en la muerte de Prim era el general Serrano. Con la llegada de Amadeo de Saboya al trono perdía su puesto privilegiado de regente, cargo que desempeñaba desde 1868, y Prim pasaba a ser, sin duda alguna, el hombre fuerte del nuevo reinado. Serrano debía de estar molesto ante tal perspectiva. Él, el triunfador de la batalla de Alcolea en 1868 que acabó con el régimen de Isabel II, pasaría pronto a un segundo o tercer plano en la vida del país. El irlandés descubre que son muchos los que sospechan de Serrano, entre ellos la propia viuda de Prim.
El encarcelado José María Pastor es el más turbio de los posibles autores materiales del crimen: ha sido policía, es escurridizo y taimado, y hay claros indicios de que estaba bajo las órdenes de Serrano en el momento del asesinato. Además, una criada —antigua confidente suya— testifica ante el juez haber reconocido a Pastor en la calle del Turco poco antes del crimen. Gracias a un protegido de José Paul Angulo, Boyd accede al sumario y consigue una copia de las declaraciones de Pastor, que no le convencen. Trata de localizar a la criada pero descubre que ha muerto en misteriosas circunstancias. Se da cuenta de que es imprescindible entrevistar a Pastor, pero ¿cómo conseguirlo?


AMENAZAS
Conforme avanza en sus pesquisas, aumentan los recelos del periodista. Los sospechosos se enzarzan en acusaciones los unos contra los otros; parece claro el interés que tenía Montpensier en acabar con Prim y, sin embargo, el duque continúa viviendo tranquilamente en Francia, sin ser molestado. Además, Patrick comienza a inquietarse por los anónimos que le advierten de que deje de investigar el asunto o se atenga a las consecuencias, y su amigo Ricardo Muñiz le aconseja que se haga con una pistola.

Hay muchas cuestiones difíciles de comprender: ¿por qué los alrededores del Congreso de los Diputados no estaban vigilados aquella noche del 27 de diciembre de 1870? ¿Por qué tardó tanto tiempo el juez en llegar al lugar del crimen? ¿Por qué no le tomaron declaración a Prim durante los tres días en que sobrevivió al atentado? Perplejo, Boyd se sumerge en la prensa madrileña de aquellas fechas, recorre el escenario del atentado, logra localizar y entrevistar a varias personas relacionadas con el complot y poco a poco va avanzando en su trabajo.
En medio de la tensión suscitada por el desarrollo de sus indagaciones, se cruza una mujer, la hermosa Araceli Domínguez, casada con un marqués andaluz, quien además de enamorar al irlandés se convierte en una colaboradora inesperada, al indicarle a Boyd dónde encontrar a Felipe Solís, el ayudante de Montpensier. La aparición de Araceli también obliga a Patrick a aumentar las precauciones: ahora debe evitar que el marido de ella descubra esa incipiente relación amorosa.


GALDÓS OPINA SOBRE EL CRIMEN
Boyd acude a menudo a la Biblioteca Nacional, ubicada entonces cerca de la plaza del Oriente y que dirige Juan Eugenio Hartzenbusch, el célebre autor de Los amantes de Teruel. Allí consulta periódicos y revistas en busca de información sobre el atentado. Cierto día Hartzenbusch le presenta a Benito Pérez Galdós y los tres van juntos a tomar un refresco al cercano Café Español. El novelista, que acaba de iniciar la publicación de sus Episodios nacionales, le confiesa a Boyd que está convencido de que existe mucho interés en que no se esclarezca el asesinato de Prim: «No me cabe duda de que detrás del asesinato hay gente muy poderosa», asegura.
Ian Gibson mueve con soltura a Patrick Boyd por los callejones, tabernas y cafés del centro de Madrid, le introduce en la prisión del Saladero (en la plaza de Santa Bárbara), el Teatro Español, el restaurante Lhardy, el parque del Retiro (de reciente apertura)... Lo lleva a Hendaya a entrevistarse con José Paul Angulo, uno de los hombres más buscados por las autoridades españolas en relación con el magnicidio, y consigue que mantenga una importante conversación con Felipe Solís, el ayudante de Montpensier, cerca de Sevilla.


EXCURSIÓN DECISIVA A DOÑANA
El periodista va haciendo sus propias deducciones, consciente de que tiene que trabajar con prisas porque todo indica que se va a producir un golpe militar. La documentación que ha manejado, las entrevistas que ha sostenido, y su propia intuición le guían hacia la resolución del caso pero, antes de terminar sus investigaciones y conseguir el vital encuentro con José María Pastor, tiene una cita ineludible en el coto de Doñana, adonde le ha invitado Machado Núñez para observar cómo los ánsares salvajes que invernan allí acuden a las dunas cada amanecer para purgarse comiendo arena, espectáculo insólito con el que desde hace años sueña el irlandés.

Ian Gibson demuestra con esta novela, una vez más, el profundo conocimiento que tiene de nuestro país. Son magníficas sus descripciones de los Reales Alcázares o de los jardines del palacio de las Dueñas de Sevilla, del Madrid castizo, del flamante ferrocarril que une Madrid con Francia, y de la agreste e insólita naturaleza de Doñana.

Y es precisamente en Doñana donde tiene lugar el desenlace de la trama novelesca. Por fin se celebra la excursión ornitológica tan largamente esperada por el irlandés y en la que participa Araceli, la mujer de la que se ha enamorado. Boyd intuye una presencia extraña, algo que le persigue relacionado con su investigación sobre la muerte del general Prim. Y no se equivoca: unas semanas después tomará el Congreso el general Pavía y se acabará la aventura republicana.


Si quieres más información o entrevistar al autor contacta con Verónica Arenas en el teléfono 93 492 8276 / 616 614 067 o mándanos un mail a

varenas@planeta.es / comunicacioneditorialplaneta@planeta.es  

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Jim & jhon