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jueves, 26 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "ANDARÁS PERDIDO POR EL MUNDO" Óscar Esquivias





ANDARAS PERDIDO POR EL MUNDO
Óscar Esquivias
Ediciones del Viento, 2016.
Nº Páginas.- 248

Por Iván Alonso

Óscar Esquivias ha reunido en Andarás perdido por el mundo quince relatos publicados anteriormente en antologías, libros colectivos y revistas con el propósito de pasar revista e ironizar sobre ciertos personajes desorientados en el complejo mundo moderno. Personas disfrazadas de quienes no son, deseos ocultos bajo fachadas respetables, sueños incumplidos, la conciencia del ridículo y de la vergüenza, las usurpaciones de personalidad y las vidas imaginarias y fantásticas presiden esta colección de cuentos ortodoxos, brillantemente ejecutados, que podrían servir de manual del relato en un taller literario ,pero que también, con sus finales imprevistos y su vocación absurda, subvierten el esquema tradicional de la narración breve y la abren a nuevas posibilidades de exploración al interrelacionarse y comunicarse entre sí las distintas narraciones.

“Andarás perdido por el mundo” es la frase con la que en el Génesis Yavé maldice a  Caín después de que asesine a su hermano Abel por celos. Menos justiciero que el celoso dios judío, Esquivias tiene siempre una mirada misericordiosa para sus extraviados; da igual que sea el profesor universitario que se cree espía, la aristócrata rusa exiliada en Santa Mónica que desprecia a las estrellas del cine o el adolescente que se enfrenta a los misterios de la paternidad a edad temprana, nunca cae en el pecado de moralizar, buscar una enseñanza o una alegoría fácil, revelar la moraleja social o humana de su fábula, condenar desde el altar de la experiencia y de la alta cultura, tentaciones todas del escritor que se cree dotado de una misión. En su caso, su compromiso es con la literatura y el placer de contar vidas que nos resultan ajen as, esquivas e incluso sorprendentes por su condición disparatada disparate e irreal.

El gran valor de este libro son las perspectivas que Esquivias es capaz de acumular en torno a sus personajes, a los que nunca acaba de absolver ni de condenar. En algunos cuentos porque no se puede -su naturaleza es oscura o los hechos que presencian forman parte de la colección de abusos- y en otros porque con una sonrisa deja caer que la observación del genio humano resulta siempre más interesante que su enmienda.

Relatos breves y largos, historias que parten de la realidad y que se abren en abanico hacia lo soñado o imaginado de una forma imposible y donde también pesa el deseo, homosexual en muchas ocasiones, y las viviencias en barrios como el de Gamonal (Burgos), el mismo que vio nacer al autor. Pero que nadie espere hilas autobiografías ocultas. Esquivias se concede escribiendo el don de la libertad y hace libres de igual modo a sus creaciones. Que se abra este libro con afán de aventura, como lección de literatura breve y vidas concentradas. Al fin y al cabo, todos andamos un poco perdidos por el mundo sin brújula que guíe racionalmente nuestros pasos.


El deseo oculto.

Lo sueños incumplibles.


La conciencia del ridículo y la vergüenza. La usurpación de la personalidad.


Las vidas imaginarias y el sentido de lo fantástico.




domingo, 22 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "LA TABLA" Eduardo Laporte





LA TABLA
Autor: Eduardo Laporte
Editorial: Demipage Editorial
Nº de páginas: 104
                       
por Eduardo Cruz Acillona

Parecía algo inevitable que, quien se hace llamar en las redes sociales “El NáuGrafo”, acabara escribiendo algo relacionado con los naufragios. Quizás no con la grandilocuencia del Relato de un náufrago de García Márquez, quizás no con la épica de otras aventuras marinas como El viejo y el mar o Moby Dick… Pero seguramente sí con esa franqueza y honestidad que ya demostró con su primera novela, también editada por Demipage Editorial, Luz de noviembre, por la tarde.

El 17 de abril de 1990, el Diario de Navarra se hacía eco de un suceso acaecido cerca de las costas de Salou (Tarragona) cuyo protagonista resultaba ser un paisano de la capital. Xabier Pérez Larrea, un joven de 17 años que disfrutaba de sus vacaciones de Semana Santa, se dispuso a abordar una nueva jornada de windsurf. Un mal golpe de viento hizo que el mástil de su vela se partiera y de que ésta acabara hundiéndose, dejando al surfista y a su tabla a la deriva de las fuertes corrientes que la mar encerraba esa mañana. Durante casi un día entero, con su larga noche de por medio, estuvo el chaval perdido en el mar, peleando contras las olas, contra el miedo, contra la oscuridad y contra esa fuerza que le arrastraba hacia el fondo. Veinticinco años después, Eduardo Laporte recuperó aquella noticia del diario, localizó al protagonista, se entrevistó con él y después escribió un pequeño pero intenso y emotivo relato, a modo de testimonio en primera persona, de aquellas largas horas en las que el destino y la supervivencia se trataron de tú.

Pero más allá de esta historia de valentía, superación y lección de vida, La tabla tiene una segunda lectura que discurre paralela a la primera. Confiesa Laporte en el inicio del texto que, tras la publicación de su primera novela, no encontraba el proyecto ideal para que su agente literaria dejara de pensar que no estaba “al nivel que puedes estar”. Se encontraba, de alguna manera, perdido, abandonado por la inspiración. El folio en blanco era el mar en el que estaba naufragando e intuía que la noche que ya se adivinaba iba a ser muy larga… Barajó incluso abandonar la literatura por otros proyectos… Hasta que encontró la tabla… Le vino a la cabeza la historia de aquel muchacho que pasó una noche en el mar, “aferrado a su tabla de windsurf. Y que había vomitado sangre. (…) Y que volvió a clase como un pequeño héroe de diecisiete años”: Entonces supo que ahí tenía una historia que contar y que le salvaría de su propio naufragio, que haría que su agente literaria volviera a sentirse orgullosa de él, que los lectores tuviéramos la suerte de volver a disfrutar de un texto repleto de intensidad y sensibilidad, y que el nombre de Eduardo Laporte volviera a reivindicar su sitio en esa exclusiva lista de “autores que realmente merecen la pena”.

El “náuGrafo” ha vuelto, pletórico de salud literaria, a la mesa de novedades de las librerías, esa bendita playa que todo escritor anhela alcanzar aferrado a la tabla de su manuscrito y sabiendo que, al menos por una noche, ha dejado atrás el proceloso y traicionero mar del folio en blanco.



jueves, 19 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "PELOS" Varias autoras





PELOS
Eduardo Cruz Acillona

Autoras: Microlocas (Eva Díaz Riobello, Isabel González, Teresa Serván e Isabel Wagemann)
Editorial: Páginas de Espuma
Nº de páginas: 192
                       

Para empezar sin pelos en la lengua: este libro es una auténtica joya.
                                                                      #
Si encuentras uno de estos pelos en tu sopa, querrás más sopa.
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En este libro hay melenas, rizos, trenzas, pechos depilados, coños (depilados y sin depilar), axilas (los “coños supernumerarios”, como los llamaba Umbral), pestañas, bigotes y barbas.
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En este libro empatan el rasurado al cero y el frenético desmelene entendidos ambos no como prácticas de peluquería sino como estilos literarios.
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Si en un pelo se concentra el ADN de una persona, imaginen qué se puede encontrar en los pelos de cuatro: identidad, poder, amor, rebeldía, imaginación, admiración, pasión... Y vida, mucha vida.
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En este libro hay historias muy personales y da la sensación de estar siendo testigo de una reunión de cuatro amigas hablando de sus temas más íntimos, que, al final, son los temas más universales.
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En este libro hay divertimentos, juegos de palabras, trucos de peluquero experimentado que agitan la cabeza del lector y le conducen a terrenos sorprendentes y sorpresivos.
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En este libro hay personajes que te atrapan para siempre a pesar de la brevedad de su apariciones, como la “media abuela”, el hombre a punto de ser abandonado por su mujer por culpa de su barba o ese asesino en serie que comienza siendo Barbazul y acaba convirtiéndose en…
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Ni el peine ni el cepillo son capaces de domeñar este torrente de imaginación.
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Una lectura sosegada del libro descubrirá un perfil bastante ajustado de la mujer actual, con sus virtudes y sus miedos, con sus ganas y sus barreras, con sus preguntas y sus espejos. Con pelos y señales.
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La diferencia entre La Aldea de F. (su primer libro de microrrelatos conjunto) y Pelos, es que éste último es una aldea global donde vivimos todos y donde cualquiera puede identificarse con no pocas de las historias que se cuentan.
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Las mechas de color las pone la ilustradora Virginia Pedrero, que aporta un plus de belleza al libro y da más vida si cabe a algunos de los microrrelatos.
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Detrás de este libro están las manos sabias de Clara Obligado y Juan Casamayor. Y ese es otro motivo de celebración.



ENTREVISTA A EVA DÍAZ RIOBELLO, TERESA SERVÁN E ISABEL WAGEMANN (MICROLOCAS)

“La vida es vello”

Lograr poner de acuerdo a cuatro personas a la vez para entrevistarlas es harto complicado. Sin embargo, Internet y una botella de vino obran el milagro y consigo que Eva, Teresa e Isabel (tres de las cuatro Microlocas, sólo faltó Isabel González) aparezcan en la pantalla de mi ordenador a la hora convenida para charlar sobre su último libro, “Pelos”. Es sábado por la noche. Descorchamos el vino, brindamos y comenzamos:

¿A quién de las cuatro se le ocurrió convencer al resto de que escribir sobre pelos era una buena idea?
EVA DÍAZ RIOBELLO (EDR): El tema ya había salido en algún momento mientras escribíamos "La Aldea de F", pero el primer recuerdo claro que tengo fue un día en que quedamos las cuatro y cuando llegaron Isabel González e Isabel Wagemann dijeron que ya tenían el tema perfecto para nuestro siguiente libro: "Pelos". Y yo dije: "Ni de coña". Pero, como veis, al final me convencieron.
TERESA SERVÁN (TS): La idea inicial fue de Isabel Wagemann, creo, en uno de los primeros encuentros de la Aldea. Pero en realidad, la mayoría de cosas que se nos ocurren tienen una autoría difusa, suelen salir de una conversación que se va hilando, enredando y muchas veces ni recordamos quién dijo exactamente qué.

¿Por qué en un libro tan bello, con b, sólo se menciona tres veces la palabra "terciopelo"?
TS: Llegó a estar cuatro veces, si me esperas un minuto te cuento qué frase aterciopelada ya no está en el libro... (…) "Lo de tu culo no es pelo, cariño, es terciopelo". Inevitablemente hay muchos cuentos que se han caído por el camino, como en la corrección de cualquier libro de cuentos.

Si de un pelo se puede extraer nuestro ADN y, por tanto, nuestra identidad, ¿qué se puede extraer de vosotras en estos "Pelos"?...
ISABEL WAGEMANN (IW): El lector puede extraer todo lo que quiera, porque hay gran parte de ficción y gran parte de realidad. Hay cuentos muy íntimos, pero no te voy a decir más, a los lectores siempre les quedará la duda. En todo caso, el libro indaga en la sensibilidad de las mujeres actuales. No pretende dar una respuesta sino que es una pregunta, como tiene que ser siempre la literatura.

¿Habéis descartado las ideas "descabelladas" u os habéis desmelenado y habéis incluido todo?...
EDR: Yo creo que si te has leído el libro ya conoces la respuesta: hemos descartado las ideas más convencionales y nos hemos quedado con las descabelladas. Y desmelenadas estamos siempre.
TS: Eduardo, ¿para ti cuál es la idea más descabellada de las que has leído en el libro?
A ver... Se supone que soy yo el que pregunta... Pero te contesto...
TS: Somos así de curiosas. Te dijimos que no sería fácil…
EDR: A ver si pensabas que entrevistar a Microlocas no tenía consecuencias PELIAGUDAS…
El micro titulado INFIDELIDAD y el siguiente no me dejan tranquilo cuando me miro en el espejo...
TS: Vas a acabar descabellado (o desbarbado)...

Estos microrrelatos sobre pelos carecen por completo de caspa... ¿Cómo los corregís/cuidáis?... ¿Cada una se ocupa de su propia cabellera o es un trabajo de trenzado común?...
TS: ¿Tú has visto la foto de la solapa? Mira nuestros pelos, son todos distintos, distintos colores, distintos estilos y movimientos. Cada una cuida su melena y conserva su estilo individual, pero nos encanta sugerirnos, hacer propuestas de peinado a las otras, y recortarnos las puntas. Donde realmente trenzamos nuestro trabajo es en la estructura del libro, en la idea, en los nexos y el orden de los cuentos, en el pelo conductor. En realidad, nos alejamos de la idea del escritor como creador totalmente individual y concebimos el libro como una forma de contar colectiva, enriquecida por el trabajo en grupo, pero respetando la creación propia de cada una.
EDR: En general Tere es muy de podar el pelo, Isa G le echa acondicionador, yo le doy espuma e Isa W los carda al final.
IW: Somos como un grupo de rock. La música la hacemos en común pero respetamos los estilismos de cada una. El grupo no tiene líder, hay discusiones y enredos que se podrían convertir en nudos pero la solución la encontramos en forma de texto.

Corregidme si me equivoco, pero creo que en el libro sólo mencionáis la palabra "axilas". ¿Qué tenéis en contra de los sobacos?...
IW: Yo soy chilena y si digo la palabra sobaco mi hermana Claudia es la primera en matarme.
EDR: Además, como es bien sabido y habrás visto en los anuncios de TV, las axilas es donde crece el vello y se depilan, los sobacos solo huelen. Elemental.
TS: Yo no tengo nada contra los sobacos, se llamen sobacos o axilas, la palabra en sí no me gusta especialmente.

¿De dónde surgen las ideas de este libro? ¿De la imaginación o de las peluquerías?...
EDR: Como dijo Calderón de la Calva: "La vida es pelo. Y los pelos, pelos son". Así que es de la vida de donde salen gran parte de nuestras historias.
IW: ¿De dónde sale tu pregunta, de la imaginación o de la barbería?

Vosotras habéis puesto la tinta en este libro y Virginia Pedrero ha puesto el tinte y el color con sus ilustraciones. ¿Cómo veis a vuestros microrrelatos una vez publicados con ese look?
TS: Desde el principio nos imaginamos este libro ilustrado y con la mano de Virginia se convierte en un objeto. Un objeto precioso.
EDR: Nos gusta mucho la tinta verde de las ilustraciones, porque así Virginia ha teñido al libro de sí mismo.

La expresión "Bello púbico", ¿contiene una falta de ortografía o un piropo?...
IW: Contiene un pelo y un coño. Y además, es un piropo estupendo. Desde el principio del libro nosotras hemos confundido la v y la b, nos llamamos bellas y vellas indistintamente. La vida es vello.






martes, 17 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "UTILIDAD DE LA BELLEZA" Kathleen Raine





UTILIDAD DE LA BELLEZA
Autor.- Kathleen Raine
Vaso Roto Ediciones
 Nº Páginas.- 104

Por José de María Romero Barea

“A este mundo interior se han retirado las figuras de los dioses y sus mitos, llevándose consigo los cultos antiguos, para renovar allí su inmortalidad mediante una nueva inmersión en la fuente”. Se sabe que la continuidad en sí misma no es un criterio de valor, y el hecho de que algo haya perdurado durante siglos puede deberse no a su valor perenne, sino a la impotencia espiritual del ser humano. La crítica y poeta Kathleen Raine (Londres, 1908 – 2003) no aporta solución alguna en sus escritos y puede que no exista solución. La difícil situación del artista en una sociedad cuyas formas están destinadas a sellar las fuentes de la imaginación para siempre, es de una relevancia que ninguno de nosotros puede darse el lujo de ignorar.
Utilidad de la belleza (Vaso Roto, 2015) de Kathleen Raine, supone un nuevo intento de la pensadora británica de domeñar la teoría literaria, ese monstruo ingobernable. Devota de la filosofía, la autora consigue en esta breve colección de ensayos supervisar el código de vestimenta de la imaginación humana como si de una modista del espíritu se tratase. En compañía de unos cuantos inmortales (Dante, Milton, Shelley, Proust, Yeats y por supuesto a su querido William Blake), Raine logra seguir el ritmo de las apariencias estilísticas e imponerlas al lector.
El nexo de unión de los diferentes artículos es la propia comprensión de su autora de la poesía y su función. Sostiene Raine que todo arte verdadero se preocupa por la naturaleza del alma y lo que está más allá de ella, es decir, la muerte y la resurrección; estos temas descansan sobre una correspondencia entre lo sobrenatural innato y el mundo natural y consagrado en las grandes tradiciones religiosas: “Si hoy resulta difícil usar el simbolismo cristiano, ¿no será que precisamente por haber entrado a participar en la historia, en lo temporal, los símbolos canónicos han perdido su utilidad?”.
Acierta Raine, en nuestra opinión, al afirmar que el problema central para un artista de nuestro tiempo es el problema de la comunicación. Porque una cosa es utilizar el lenguaje tradicional del mito y el símbolo cuando estos aún están relacionados con el entorno real del ser humano y otra cosa es hacerlo cuando esta conexión está rota, cuando, como sostiene la autora británica, la “realidad del mito” y la “realidad de los hechos” no tienen ningún punto de encuentro común en el mundo “objetivo”.

Los anteriores son algunos de los múltiples logros representativos de un volumen de límites autoimpuestos, donde Raine es capaz de escribir de forma evocadora y cercana (algo que Natalia Carbajosa traslada al castellano a la perfección). Una suntuosidad de expresión romántica informa cuanto escribe: “La forma lírica es en sí misma la encarnación suprema del orden arquetípico, que está más cerca de la música y el número”. En la prosa de Utilidad, se funden el tiempo y lo atemporal, el movimiento y lo inmóvil: “(…) es la belleza misma conformando palabras de por sí comunes”. Y siempre el anhelo nostálgico por lo que se ha perdido: “(…) no está al alcance del poeta que escribe desde su conciencia mundana, sino sólo en esa locura divina en la que la “otra” mente de apodera de él”.

viernes, 13 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "LA VIDA IMPERFECTA" Fernando Travesí





LA VIDA IMPERFECTA


Autor: Fernando Travesí
Editorial: La Isla de Síltolá
Nº de páginas: 208
                       
por Eduardo Cruz Acillona

Suena un teléfono de madrugada. Y cuando eso sucede, tenemos muy claro que no serán buenas noticias. La llamada se produce en el apartamento de Lorenzo y Laura. Quien la realiza es Alicia, la exmujer del primero. Y anuncia esa mala noticia que será el telón de fondo, siempre presente, de toda la novela: su hijo Javier no ha llegado a casa, no ha avisado, ha desaparecido.

Podría desencadenarse desde aquí, a partir de esas primeras líneas, toda la trama central de una novela consistente en tratar de localizar al joven, una sucesión de escenas en la que los padres van visitando los diferentes escenarios por los que se suele mover su hijo con la intención de acumular pistas que les permitan llegar hasta el desaparecido. Sin embargo, Fernando Travesí es ambicioso y propone una más que interesante vuelta de tuerca: lejos de quedarse en lo anecdótico, bucea con magistral soltura en las mentes de los diferentes protagonistas. Así, son las propias voces de Lorenzo, Alicia y Laura las que, capítulo a capítulo, nos irán desvelando sus angustias, sus miedos, sus impotencias. Asimismo, a base de acertados flashbacks, iremos construyendo poco a poco el pasado de estos tres personajes.

No se trata, por tanto, de una novela de intriga al uso, sino de un honesto homenaje a la vida. A la vida imperfecta, claro. A esa bendita redundancia (porque la vida es imperfecta siempre) cargada de inevitables tomas de decisiones, aciertos y errores, satisfacciones y disgustos, éxitos laborales y fracasos matrimoniales o viceversa.

A ratos, la voz del narrador se cuela en capítulos que sirven de transición y avance en el argumento, pero son los capítulos en los que las voces de los protagonistas se adueñan de la situación los que consiguen una altura psicológica y literaria muy meritoria. Sin trucos ni artificios, Travesí consigue dar vida a tres personajes sólidos, creíbles, tres personajes con los que el lector no tarda en identificarse y comprender, lo que provoca que sea complicado detener la lectura y posponerla para otro momento.

Al final, cuando los capítulos van desembocando en las últimas páginas, el lector descubre que no le ha venido preocupando tanto la resolución, trágica o exitosa, de la desaparición del muchacho como la deriva de esos tres personajes que, durante toda una noche, casi minuto a minuto, se han abierto en canal y han dejado mostrar su interior más íntimo.

La vida imperfecta fue galardonada con el premio II Taller de Novela Corta del Fondo Cultura Económica (Colombia, 2013) y es ahora cuando la editorial La Isla de Siltolá ha tenido el acierto de publicar.


miércoles, 11 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "EL LIBRO DE LA ALMOHADA" Sei Shonagon





El libro de la almohada.
Sei Shonagon
Alianza, Madrid, 2015.
Nº Páginas.- 200

por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/


La palabra almohada, que recoge la etimología de mejilla en árabe, viene a decirnos que hay en su significado una cierta relación de contigüidad, de intimidad –sin forzar en exceso la metonimia- y de ahí esta entrañable narración reflexiva, deliberada y personal, donde con un lenguaje limpio y claro, de una ordenada sencillez, se nos va conduciendo por tantos y tantos hechos, lugares humanamente comunes, expresiones y vivencias de la cotidianeidad de una corte imperial de hace más de diez siglos. Y su vigencia sigue siendo extraordinaria.
Por ejemplo, en el apartado 61 de las confidencias que recoge el libro, en el pasaje ‘Cosas que uno tiene prisa de ver o de saber…’ podemos encontrarnos con algunos casos bien expresivos: “Telas que se han teñido enrolladas, matices desparejos y todas las formas de teñido desparejo” Pero también –tómese, en ocasiones, la exposición como un comentario personal casi susurrante: “Cuando una mujer ha dado a luz, uno quiere saber si es varón o mujer” Y aún más motivos por desvelar la natural  curiosidad con una cierta prisa: “Por la mañana temprano del primer día del período de nombramientos oficiales, uno está ansioso por oír si cierto conocido será nombrado gobernador” En fin, ¿cómo no estar ansiosa por conocer “una carta del hombre que una quiere?
Así toda una fecunda y extraordinariamente diletante y gozosa relación de noticias, de aconteceres, de posibilidades que la realidad puede deparar a cualquiera de nosotros que desee desentrañar, con desvelada curiosidad, lo que le ha acontecido. Todo un primor de fru-fru y de cuento, de sugerencias y menudencias de esas que alimentan la sana necesidad de saber qué nos atañe y cómo. “Las cartas son triviales, pero pueden ser espléndidas. Cuando alguien está en una provincia lejana y uno se preocupa por él y de pronto llega una carta, uno siente como si estuviera viéndolo cara a cara” (confidencia 86)
El texto, hilvanando este desarrollo sutil de la realidad diaria es, ciertamente, una invitación implícita a la lectura, por cuanto es difícil que de alguno de los comentarios surgidos de tanta posible alusión a lo que son comúnmente los sentimientos personales no haya algo que llame de cerca a nuestro interés. Y su  propia procedencia justifica la pasión lectora, digamos, tal como se nos explica en la nota introductoria: “escrito por Sei Shonagan, dama de la corte de la emperatriz Sadako (he aquí una de las primicias de la condición de confidencia e intriga) en el Japón del siglo X”
Este fecundo, sonriente casi, detallado y minucioso testimonio lo ha dejado una mujer inteligente y con capacidad de introspección, lo ha hecho en la intimidad del contacto más directo con una realidad rica y concreta, la de la corte –sin previsión o voluntad de publicación- y proviene de un escenario donde es infrecuente la narración escrita. He ahí, pues, que pueda considerarse un regalo para los sentidos, más si tales vivencias individuales nos llegan bajo una traducción que firman, al alimón, el sutil Borges y su dama oriental, María Kodama.
¿Se imaginan un texto así nacido en el serrallo donde la culta y bella narradora fuese una de las concubinas del sultán? Por ejemplo. De darse el caso, todo lector resultaría más culto al concluir la lectura, tal vez más inteligente por la instrucción recibida y, muy probablemente, con un sentido del humor más afinado.  

     

miércoles, 4 de mayo de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "EL DIABLO EN EL CUERPO" Soledad Galán





EL DIABLO EN EL CUERPO

Autora: Soledad Galán
Editorial: Grijalbo
Nº de páginas: 270

por Eduardo Cruz Acillona

Hace poco celebrábamos el 180 aniversario del nacimiento del insigne y romántico poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Y mientras la mayoría rememoraba en su cabeza el retorno de las oscuras golondrinas o se deleitaba imaginando erróneamente una pupila azul (las pupilas siempre son negras, lo que es azul o marrón o verde es el iris), uno disfrutaba releyendo esa obra atribuida por algunos tanto a Gustavo como a su hermano Valeriano y titulada Los Borbones en pelota. Se trata de una colección de 89 acuarelas en las que, en un tono pornográfico-festivo (si se me permite el poco académico término) se ridiculiza en forma de caricatura y de textos pseudopoéticos a los diferentes personajes que pululaban alrededor de la corte de Isabel II, soberana incluida.

Hay quien pone esta obrilla como ejemplo para conocer sin ambages ni censuras lo que se cocía por las alcobas de Palacio y sus alrededores a mediados del siglo XIX. Pero sería un ejemplo incompleto si no mencionáramos y destacáramos la última novela de Soledad Galán, curiosamente paisana de los Bécquer, y que lleva por título El diablo en el cuerpo.

En este libro Isabel II habla en primera persona. Y lo hace sin cortapisas, sin freno, a boca llena y calzón quitado (muchas veces, no sólo en sentido figurado). Dado que no se le dejó gobernar el país (presionada siempre por su propia madre y algunos generales como Narváez, O’Donnell y Espartero) y se la casó con un hombre, Francisco de Asís, al que ella misma llamaba “Paquita” y del que decía que “el día de nuestra boda llevaba más encajes que yo”, decidió gobernar su propia vida desde un punto de vista terrenal (¿o deberíamos decir, más ajustadamente, carnal?). De esa manera se convirtió en la reina deslenguada, divertida, provocadora y libre que magistralmente recrea Soledad Galán en el libro.

Mezclando con sobresaliente naturalidad el rigor de la Historia con el deleite licencioso de la ficción, Galán construye un potente personaje lleno de ricos matices y jugosas reflexiones, mostrándolo, finalmente, como lo que fue: una mujer adelantada a su tiempo, que aprovechó su estatus para romper con todos los clichés establecidos y que se convirtió en soberana de un reino que no fue España sino su propio cuerpo.

Si usted es de los que piensa que la Historia es aburrida… Si usted es de los que opina que el lenguaje de Valle Inclán es rebuscado e indigesto… Si usted es de los que sostiene que la Monarquía es una institución recta y solemne… Si usted es todo es eso, verá cómo no necesita más de veinte páginas de esta novela para cambiar radicalmente de opinión. Aquí se escribe la Historia con humor. Aquí se emula en lenguaje valleinclanesco más lenguaraz. Aquí se levantan las alfombras y los edredones más regios. Y fruto de todo ello resulta un libro divertido, sorprendente y, sobre todo, iluminador: gracias a Soledad Galán y a su profusa labor de documentación, el lector descubrirá que el siglo XIX español fue mucho más que revoluciones y guerras y mucho más que oscuras golondrinas y románticas e inexistentes pupilas azules.



sábado, 30 de abril de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS" Italo Calvino




Italo Calvino
Por qué leer a los clásicos
Editorial Siruela
Nº Páginas.- 292

Por José de María Romero Barea

Sostiene Italo Calvino (1923-1985), que uno nunca lee a los clásicos; con ellos, escribe, uno se encuentra siempre en un continuo proceso de relectura. ¿Pero qué ocurre si se ha llegado a la edad adulta y jamás se regresado a Proust? A pesar de su fama en los círculos académicos, el Ulises de Joyce aún no ha alcanzado la justa popularidad que merece. Podemos mentir(nos) sobre la bebida o el sexo, pero nunca sobre los libros que (no) hemos leído.
A diferencia de la lectura de los más vendidos, excusa ideal para una charla superficial, la (re)lectura de libros que gozan del consenso de la crítica no nos hace más ricos, ni más sabios. Calvino nos ofrece el más elemental de los incentivos: “la única razón que se puede aducir es que leer los clásicos es mejor que no leerlos”. En Por qué leer a los clásicos (Siruela, 2015), el autor italiano revisa un puñado de creadores indispensables a fin de registrar, analizar y aprovechar los trucos del oficio. Los 36 ensayos reunidos giran en torno a un único motivo: el “núcleo secreto del relato”, como Calvino lo llama en un ensayo sobre Robert Louis Stevenson, una figura que ocupa un lugar de honor en su “biblioteca ideal”.
Robinson Crusoe (una novela que Calvino veneró durante su fase neo-realista, en la década de 1950) nos enseña “sobriedad” y “economía” del lenguaje. Junto a Conrad y Hemingway (otros dioses de Calvino en la misma década) Defoe ilustra la importancia de la “epopeya de la iniciativa individual” y cómo puede ser dramatizada en la ficción. El Cándido de Voltaire es leído como un manual sobre las complejidades de la narrativa, el tempo, el ritmo: “el gran hallazgo de Voltaire humorista es el que llegará a ser uno de los efectos más seguros del cine cómico: la acumulación de desastres que se suceden a gran velocidad”.
La Odisea nos instruye sobre cómo integrar la narración en la narrativa. Jacques el fatalista de Diderot “invierte lo que ya entonces era la tentativa principal de cualquier novelista - hacer olvidar al lector que está leyendo un libro”, una lección valiosa para el posmodernista en que Calvino se convertiría en la década de los 70. Stendhal nos muestra que el conocimiento no es tanto una cosa geométrica o epistemológica como un “remolino de átomos” que nos envuelve, creando tanta oscuridad como la claridad.
La “empresa” de Balzac consiste en “convertir en novela una ciudad” (un hecho capital para comprender al autor de Las ciudades invisibles). Dickens, por el contrario, es el maestro del detalle. Tolstoi perfeccionó el diseño “oculto”, es decir, nos enseñó a disimular las estructuras del edificio. Mark Twain descubrió la Norteamérica de provincias. Su compatriota Henry James, por último, desarrolló un estilo muy diferente, marcado por la latencia, en el que el autor siempre parece estar a punto de decir algo que luego omite.

La (re)lectura de estos ensayos, en memorable traducción de Aurora Bernárdez, nos muestra a un Calvino que estudia las costumbres de sus predecesores, para apropiarse del genio ajeno. Lo que el lector se lleva de este volumen, además del peculiar sentido de la inteligencia de su autor, es una nueva visión corporativista de la literatura y lo que Eliot sostuvo en su apotegma de que el autor menor plagia y el gran autor roba. Calvino, sin duda, roba, al igual que hicieron todos y cada uno de los grandes autores sobre los que escribe.

Jim & jhon