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viernes, 30 de septiembre de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "DE LA LIGEREZA" Gilles Lipovetsky





Gilles Lipovetsky
De la ligereza
Anagrama, Barcelona, 2016

 por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/


La ligereza deriva, digamos, en este caso, de la actitud. Se trata de analizar los comportamientos sociales a la vista de los nuevos tiempos, de esa nueva cultura cuya alusión podría considerarse innecesario como calificativo toda vez que cultura, intrínsecamente –y socialmente hablando- significa cambio permanente, revisión del estado de la situación.
Y aquí Lipovetsky introduce una razón comparativa en el tiempo que me parece válida y oportuna: “… aunque las religiones han engendrado el terror a la cólera de los dioses y a los tormentos eternos del infiernos, han funcionado igualmente como ‘medicación sacerdotal’ (Nietzsche), como ‘opio del pueblo’ (Marx), analgésicos, medios de evasión y consuelo (Freud) Fiestas, religiones, magia: en las sociedades más diversas se despliegan dispositivos y prácticas destinados a suavizar los sufrimientos, a aliviar las desgracias” A la vez, volviendo su mirada más intencionadamente hacia los tiempos nuevos, señala, bajo el epígrafe “Padres ‘cool’, hijos frágiles” lo siguiente: “Durante el ciclo de la primera modernidad (…) el modelo autoritario se expresaba mediante el poder de los padres, a los que se reconocía el derecho a decidir el futuro de sus hijos, pero –continúa- este modelo ha periclitado, su legitimidad ha desaparecido en beneficio de normas relacionales y psicológicas que valoran la comprensión, el diálogo, el intercambio (…) El maestro no es ya la disciplina, sino la atención a los deseos –un elemento clave, cabría añadir, en las sociedades modernas como paradigma de voluntad, de identidad- el reconocimiento de la singularidad personal. Se van las imposiciones rigoristas y los castigos corporales, llegan el desarrollo y la realización sin imposiciones, el intercambio flexible, abierto, cool” Y llevando su análisis a la consideración del comportamiento sexual –otro rasgo inexcusable de ‘definición personal’- nos dice: “El terreno de la vida sexual registra igualmente la dinámica cool de liquidación de los controles colectivos. El resultado ha sido la aparición de pautas sexuales más flexibles, menos normalizadoras. Lo que se llamó liberación sexual fue una de las grandes figuras del proyecto moderno de aligeramiento de la vida”.
     Bien, ligereza pues como indicativo de ausencia de regulación impositiva, de aceptación del libre albedrío, de la creciente importancia del deseo como voluntad; una forma de ‘transgresión’ de la norma restrictiva en favor de una actitud casi libérrima.
     Comportamiento y rol social distintos para un tiempo distinto. Ahora queda, como en cada una de las etapas anteriores cuando el cambio ha sido, en adaptarse y adoptar aquellos roles, aquellas actitudes que no disgreguen, sino conformen, lo que haya de ser el nuevo modelo social. En el fondo, el autor parece querer señalar que lo que se ha de valorar críticamente no es la necesidad del cambio, sino la conveniencia de sus manifestaciones en orden a preservar ese mínimo de ‘valores’ que han conformado una prometedora sociedad mercantilista y ecologista, que, eso sí, habrá de ser estable y duradera.
     ¿Con ligereza? Con eficiente ligereza


                              

domingo, 25 de septiembre de 2016

203.- REVISTA LITERATURAS.COM 'LA ACÚSTICA DE LOS IGLÚS' Almudena Sánchez





LA ACÚSTICA DE LOS IGLÚS

Autora: Almudena Sánchez
Editorial: Caballo de Troya
Nº de páginas: 158

 Eduardo Cruz Acillona

“La ficción no es palpable” es una lapidaria frase que se cuela por entre los párrafos de uno de los relatos de La acústica de los iglús. La contundente y obvia verdad que encierra se ve negada precisamente en los propios relatos del libro, donde la autora tiene la habilidad de hacernos absolutamente palpables todas y cada una de las ficciones que nos plantea.

Y lo hace apoyándose no tanto en lo que cuenta sino en cómo lo cuenta, sacrificando la acción en beneficio de la reflexión, de la descripción tanto de paisajes como de sentimientos con frases que bien pudieran funcionar como aforismos independientes, tan sonoras como llenas de verdad, del tipo “Lo peor de la vida sucede en los gerundios” o “Los hospitales son el futuro de casi todo el mundo” (ambas en el primer relato, “La señora Smaig”).

Almudena Sánchez, en su debut literario, nos sorprende por la habilidad en crear atmósferas sugerentes, originales, arriesgadas, a partir de elementos y planteamientos a priori sencillos. Y lo hace de manera exquisita, avanzando trazos entre el paisaje y los sentimientos, entre las reflexiones y las imágenes oníricas, entre la valentía frente a lo desconocido y la seguridad del estilo, con la precisión y el ritmo adecuados en cada caso, logrando que el lector transite por el camino y a la velocidad que ella desea. Cada relato es una invitación al encuentro con las palabras, a detenerse y deleitarse con los pequeños detalles como este que aparece en el relato “El frío a través de los engranajes”: “Mamá era una imagen. Un par de ojos que se reflejaban a través del espejo retrovisor (…) Era un espectáculo maravilloso. Un fotograma de cine”. Es tan sólo un ejemplo, pero suficiente como para afirmar que aquí se nota la enseñanza, la mano, el aire inspirador de un maestro como Eloy Tizón. Tras la lectura de La acústica de los iglús no es difícil llegar a la conclusión de que Almudena Sánchez es, sin duda, una de sus más aventajadas alumnas.

En estos diez relatos están concentrados la inocencia y la senectud, el amor y el dolor, el desengaño y la huida, la enfermedad y la amistad, la música y la distopía, el humor y la rebeldía, la felicidad y la impotencia. Y delante de esa colección de telones de fondo, una sucesión de historias que sorprenden por lo original, por lo escueto de su planteamiento y por la profundidad de su significado.

Enlazando con el principio, otra de las frases que Almudena Sánchez acuña en el libro es “La ficción no es rentable”. Quizás no lo sea si nos referimos a ella en términos meramente económicos, que no lo es (y aquí podríamos actualizar y generalizar a toda España aquel “Escribir en Madrid es llorar” de Mariano José de Larra), pero desde el punto de vista afectivo, el lector no podrá encontrar mayor rentabilidad (por no hablar de satisfacción) en un primer libro de relatos como este.



ENTREVISTA A ALMUDENA SÁNCHEZ

“En la escritura no se puede fingir”


Si, como afirma Eloy Tizón en la cita que abre el libro, “Hablar es un acto de desesperación”, ¿qué significa para usted escribir?
Me gusta mucho la cita de Eloy (pertenece a su genial libro Técnicas de iluminación) porque creo que abarca el término “expresión”. Expresarse ya es un acto de desesperación. Vivimos, en cierta manera, buscando huecos a través de los que interpretar el mundo. Esto es así. Y para mí, la escritura es un hueco fundamental. Es mi escondite: el lugar donde experimento una absoluta libertad y curo mis heridas (como una especie de madriguera).


¿Cómo surgen sus historias? ¿De dónde procede esa primera idea que da como resultado un relato?
Mis historias tienen un componente autobiográfico fuerte. Surgen de recuerdos que no me puedo quitar de la cabeza. Y de una adolescencia fatal. Partiendo de ahí, he construido la mayoría de mis relatos. Por ejemplo, en El nadador de Hotel Minerva hay un ciego que nada en una piscina abandonada. Bien, pues yo he pasado parte de mi adolescencia en esa piscina. Y veía al ciego, nadando de un lado para el otro, sin sentido alguno.

¿De verdad que son comparables “el canto de la chicharra” con “la acústica de los iglús” como usted enumera en el relato “El triunfo humano”?
Son dos ideas contrarias: la acústica de los iglús es un sonido imagino— elegante, delicado, que casi produce escalofríos. Y el canto de la chicharra es un grito molesto, repetitivo, veraniego y pachanguero. Me interesaba mezclar esos dos conceptos porque creo que entre ellos está la vida. Nuestra vida. ¿No se mueve entre esas dos corrientes?

En El arte incrustado aparece un boomerang que no vuelve tras ser lanzado, quizás, como apunta la joven protagonista, porque no sabe lanzarlo correctamente. ¿Cuánta metáfora contiene ese boomerang?
El arte incrustado habla de la pérdida. De la primera vez que pierdes a alguien de verdad y sabes que no va a volver. C'est fini. El boomerang, por lo tanto, simboliza esa inexperiencia de juventud; la impotencia de saber que una persona importante no volverá a ti de nuevo.

En “El triunfo humano”, una de las protagonistas le pide a una conocida actriz que le enseñe a fingir. ¿Se aprende a fingir escribiendo o uno tiene que venir ya aprendido?
Se aprende a fingir en la vida, eso creo. En la escritura no se puede fingir, porque se nota. Hay que ser auténtico: nosotros, escritores, con nuestras obsesiones, neuras y valentía. En la vida, desde luego, hay que fingir bastante. Y supone un desgaste muy grande: monumental.

“…y me trago un par de lágrimas, que es el oficio más inútil del mundo”, se afirma en uno de sus relatos. Llama la atención, y quizás es una constante en todos los relatos, la importancia que le da a los sentimientos y las reflexiones de los personajes…
Las emociones y los sentimientos me parecen lo más importante en la vida. Sin nuestra burbuja emocional no somos nada. Precisamente, admiro mucho a la escritora Clarice Lispector por eso. Me parece una maestra, una artista total en el manejo de las sensaciones. Ella busca dentro de sí misma y descubre un mundo interior extraño y fascinante. Es un camino el de Lispector—  que me atrae mucho y trato de acompañarla, con humildad, en esa búsqueda.

Incluida en la antología de nuevos narradores Bajo treinta (Ed. Salto de Página, 2013), ¿cree en eso que se da en llamar “generación”?
No percibo que ahora mismo haya una generación literaria. Es decir, no estamos siguiendo un estilo común, ni una estética concreta, ni siquiera nuestros temas se parecen. Somos jóvenes escritores con distintas inquietudes. La antología de Salto de Página sirvió para darnos a conocer y Juan Gómez Bárcena (antólogo) realizó un trabajo valiente y necesario, pues es muy difícil asomar la cabeza en un mundo en el que la cultura importa cada vez menos y llevamos a cuestas una crisis que ya dura... ¿cuánto? Calculo que hace más de ocho años que está ahí.



lunes, 19 de septiembre de 2016

REVISTA LITERATURAS.COM "EL FUEGO Y EL RELATO" Giorgio Agamben





Giorgio Agamben
El fuego y el relato
Sexto Piso, Madrid, 2016

Por Ricardo Martínez


        El pensamiento es un ejercicio implícito a la literatura. La reflexión sostenida acerca de una materia precisa equivale a un pensamiento organizado, sistemáticamente intencionado en favor de un tema o argumento deliberado. Pues bien, tal sería, explícitamente, la definición de ensayo, e implícitamente tal es el contenido de este libro de uno de los ensayistas más brillantes de la actualidad europea, no ya por los temas abordados, distintos y, siempre, complementarios, sino, sobre todo, por el punto de vista dialéctico con el que son acometidos cada uno de los temas, lo que lleva a poder considerar el texto como un todo-mosaico que, en las teselas consideradas, crean un conjunto de intereses culturales de una modernidad e inteligencia muy reseñables.
        En este caso, el profesor italiano Giorgio Agamben aborda la hipotética función de la poesía y escribe: “Esta pregunta también es válida para el poeta. ¿En el nombre de quién o de qué, y a quién o a qué puede dirigirse él hoy? La posibilidad de una sacudida de la existencia histórica de un pueblo –se ha dicho- parece haber desaparecido”   (Entiéndase aquí que, el ‘relato’ al que se alude en el título, equivale también a discurso racional)
        Las reflexiones de Agamben, siempre pertinentes y en buena medida formuladas bajo un cierto halo de significación religiosa (tal vez como contenido o significado de re-ligare, como invitación de trascendencia) acuden en uno u otro momento a nuestra conciencia para dar fe de una realidad existente pero todavía velada, real pero todavía sumisa a una neblina ocultadora. “El arte, la filosofía, la poesía, la religión no están ya en grado, al menos en Occidente, de asumir la vocación histórica de un pueblo para impulsarlo a una nueva tares –y no se dice que esto sea un mal-“
        Si, en otro apartado, alude a la inexcusable presencia de los lenguajes multimedia, escribe: “En los instrumentos digitales, el texto, la página–escritura, codificada en un código numérico ilegible para los ojos humanos, se ha emancipado completamente de la página-soporte, y se limita a transitar como un espectro sobre la pantalla. Y esta ruptura de la relación página-escritura, que definía el libro, ha generado la idea –cuando menos imprecisa- de una inmortalidad del espacio informático”
        Se trata de un texto, sin duda, de una gran nitidez intelectual, una invitación elegante hacia la consideración de las palabras por dentro, de las palabras tomadas en toda su sustancia, sin desligarlas de su ser, de su significado.


                                                      

martes, 6 de septiembre de 2016

30.- LITERATURAS.COM "LA LENGUA O EL ESPEJO" Eliana Dukelsky





LA LENGUA O EL ESPEJO
Eliana Dukelsky.
Cuadernos del vigía, Granada, 2015.

Por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/

        He aquí una joven escritora argentina que, haciendo uso de una fórmula sospechosamente fácil –por su brevedad- cual pudiera parecer el aforismo, sabe, no obstante, sacar provecho de ello urdiendo una convocatoria en favor del texto de consciencia, de la identidad como compromiso, de la reflexión acerca de la realidad: esto es, de todo aquello de lo que un lector atento y curioso difícilmente se podrá desligar: “El disfraz es más pesado que la carga que quiere ocultar”
        La brevedad, por otra parte, dentro de una forma de escritura concisa cual es la aforística, ha dado muchas veces unos ejemplos que han resultado equívocos en la significación del texto, por cuanto las pocas palabras pueden dejar incompleto, impreciso o solamente alusivo un discurso que se distingue precisamente por lo contrario: la raíz profunda, la significación honda y meditada. Pero Dukelsky ha salvado con soltura y precisión tal escollo de lo breve fútil o vano a favor de un discurso que tiene valor propio, contenido intrínseco y formulación de trascendencia hasta el punto de conseguir, lo que no es fácil, que el lector queda indemne de cada uno de estos breves compromisos o exigencia que la autora le plantea: “Tristeza: dolor sin aversión, con amor”
        Bajo aparentes fórmulas sencillas (aparentes, digo, pues es una práctica literaria que exige conocimiento y rigor en la utilización del género) la autora no permite eludir en ningún momento la vinculación con la lectura, entendida ésta como una compañía necesaria para obtener un bien a solas. Y los ejemplos no es difícil hallarlos a lo largo de este libro que resulta, a la postre, un espejo limpio donde mirarse y aprender: “Acostumbrarse al hábito de ser siempre uno mismo”
        Sea, pues, el saludar con satisfacción y gozo un libro lleno de referencias propias para el lector que, al margen de los dictados impuestos tantas veces por una realidad que se nos dicta impositivamente, quiere una compañía fecunda y en ello el procurarse un interlocutor que le aporte el grado de sorpresa e imaginación que el entendimiento de lo real verdadero exige como premisa.
        En fin, lean, acostúmbrense a sí. Merece la pena 

viernes, 2 de septiembre de 2016

25.- LITERATURAS.COM "A DÓNDE VOLVER" Andrea Cabel






Andrea Cabel
A dónde volver
México, Paroxismo, 2016
84 págs.


Francisco José Peña Rodríguez



Andrea Cabel (Lima, 1982) se dio a conocer en la poesía hace más de una década (Las falsas actitudes del agua, 2006), pero su voz había permanecido en silencio largos años hasta llegar a la madurez poética que supone A dónde volver (2016), una suerte de poemas reunidos que son una unidad de obra compuesta por lo que hubo antes, lo que ha habido mientras y lo que se apunta hasta lo próximo.

Del mismo modo que en este lado del Atlántico existen nuevos nombres (Luna Miguel, Laura Rosal, Carmen Crespo, Alicia Reina…) que empiezan a convivir estéticamente y con normalidad con voces de largo alcance y público fiel (Ana Merino, Yolanda Castaño, Vanesa Pérez-Sahuquillo, Ana Gorría, Estelle Talavera…) en una mezcla de voces que la periodista Marta Semitiel ha sabido estudiar con precisión y capacidad crítica, más allá del Océano que separa el mundo hispánico hace precisamente más de una década que el fenómeno se daba en idéntica proporción. De tal suerte que hace ahora diez años leí por vez primera a Andrea Cabel, a la que conocí en Madrid y en interminables llamadas telefónicas (Madrid-Lima) que, de haber sido grabadas, habrían dado para un libro de lo que fue de nosotros y de las letras cuando éramos jóvenes.

Andrea es el verbalismo directo, la ruptura del poemario convencional para experimentar la forma, el fondo y la edición (¿Cómo César Vallejo?); es el decir de una forma que no se decía en el Perú desde el ‘realismo mágico’ o ‘boom’; Andrea es el caligrama, el paratexto, la fuerza narrativa llevada a la poesía; Andrea es la pasión de sus temas personales expuestos en carne viva al público-lector: el amor, el desamor, la desazón, la desolación, la pasión…; Andrea es el verso en prosa y la prosa en verso: es lo que dice y cómo lo dice.

Me acerco ahora a este nuevo poemario que me sorprendió hace quince días y asisto a la máxima expresión de la autora, a la madurez de un proceso creador que nunca había parado. Bien es cierto que me paro detenidamente en el apartado que da título al conjunto, A dónde volver, con poemas como “Volver”, “once”, “habitación 309”, “patafísica”… y siento que he vuelto sobre los orígenes de la poeta, de las aquellas conversaciones sobre letras hechas poesía.


A veces resulta complejo elegir qué voces o qué narradores de Hispanoamérica escoger, entre esa enorme proporción de escritores y poetas que, junto con nosotros, conforman la Literatura de 550 millones de hablantes. Hoy no puedo dejar de pararme y recomendar a Andrea Cabel y su A dónde volver. Simplemente, volver al poema.

miércoles, 31 de agosto de 2016

7.- LITERATURAS.COM 'LA MUJER DE LA LIBRETA ROJA' Antoine Laurain





LAURAIN, ANTOINE
LA  MUJER  DE  LA  LIBRETA  ROJA (La femme au carnet rouge)
Ed. Salamandra. Madrid, 2016.
Nº páginas.- 157
Traducción del francés de Palmira Feixas

Por Ángel García Prieto


Antoine Laurain, es un novelista nacido en París hace algo más de cuarenta años. Estudió cinematografía y ha escrito guiones y dirigido cortos; trabajó como colaborador de un anticuario, circunstancia que le sirve para escribir y publicar su primera novela, Ailleurs si j’y suis, con la que gana el Premio Drouot en 2007. Luego le han seguido otras cuatro obras de narrativa, una de las cuales, titulada Le chapeau de Mitterrand, también ha sido premiada, ha conseguido éxito y en la actualidad se está traduciendo y publicando en varios países.
La mujer de la libreta roja es una amable, ingeniosa y entretenida novela romántica, con cierta tensión de intriga, que se desarrolla en un París actual, de aire modianesco, y de hecho en el desarrollo de la historia, en nobel Patrick Modiano entra a  formar parte de uno de los nudos a desentrañar. La novela tiene un aire de similitud con otra editada en nuestro país el año pasado, de un autor también francés, titulada El tren de la 6.27, de Jean Paul Didierlaurent, por su simpático talante, su romanticismo y el componente de acción detectivesca; aunque la que ahora nos atañe tiene su propia calidad y estilo, que le dan sobrada autonomía y propiedad. 
Todo comienza cuando Laurent Letellier, un bancario divorciado y padre de una jovencita, que dejó su profesión para abrir una librería, se encuentra un atractivo bolso de mujer, abandonado sobre un contenedor de basura, al que le falta la cartera y el móvil de su dueña. Él se siente impulsado a  hacérselo llegar y le supone llevar a cabo una investigación complicada. La historia se va articulando con situaciones, objetos y personajes llenos de contenido que se entretejen con los sentimientos de unos y otros, y que podrían entre todos llegar a constituir una feliz historia de reconstrucción con segundos amores.

En fin, finas sensibilidades, agudas percepciones, educadas conductas, sutiles detalles, buenos sentimientos y algunos otros ingredientes positivos, que con el talento del autor, pueden entretejer una historia romántica en la cuarta o quinta década de un hombre y una mujer, que ya habían perdido sus primeros amores y algunas de sus mejores ilusiones. Y dan al lector interés, alegría y el contradictorio deseo de seguir leyendo con la esperanza de que el texto no se acabe.

Jim & jhon