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domingo, 26 de febrero de 2017

REVISTA LITERATURAS.COM 'LA TRIUNFANTEI' Teresa Cremisi





Teresa Cremisi: La triunfante
        Anagrama, Barcelona, 2016.

 Por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/


La buena literatura exige buena raíz de donde nutrirse para que la historia narrada no solo tenga la calidad  suficiente –la que otorga una formación sólida- sino, derivado de ello, el lector se encuentre con un argumento que aporte rigor especulativo, pensamiento y no sólo ese discurrir realista que, reproduciendo una mera narración viva, convoque por lo detallado de las cosas reunidas sino que a éste, al lector, le haga partícipe de algo original, distinto, válido para el ejercicio de la inteligencia que es quien, al fin, ha de salir beneficiada a sabiendas de que la historia de las cosas las aporta su ser de cada día, a veces mejor contada que el  propio autor-imitador
El caso de Teresa Cremisi –bastante desconocida en estos predios literarios- es el de una autora que, creo, reúne calidad, energía vitalista y seducción discursiva suficientes como para tomar en consideración su narrativa; para hacer bueno el silencio que  ese destinatario final, el lector, le destina en atención, voluntad e inteligencia para leerle.
De ahí que, a mi entender, sea destacable señalar párrafos como el siguiente: “En cuanto al Occidente de mis esperanzas, al que me había adaptado con una buena voluntad obstinada, y al que había entregado mi destino, no me provocaba ya ningún entusiasmo (…) Todos mis esfuerzos, encarnizados y un poco ridículos, no habían desembocado en otra cosa que esto: una asimilación mediocre obtenida a costa de seriedad y renuncias. También de este lado del Mediterráneo iba a empequeñecerse el mundo; el vigor y el impulso de la historia pasada serían sustituidos por un razonable repliegue, progresivo sin duda, pero irreversible”
Narra la autora, cuya dedicación profesional a la edición no parece haber pasado por ella en vano (y son notorios los casos de editores que han sido relevantes escritores, desde Roberto Calasso hasta nuestro Alberto Méndez, autor de la afamada ‘Los girasoles ciegos’) las distintas vicisitudes vitales desde su nacimiento en Alejandría hasta París, donde conocerá el amor y el éxito profesional. En el citado fragmento hay ritmo narrativo, sugerencia de acción, perspectiva de algo constructivo.
La obra equivale a su autorretrato espiritual –aunque el título responda a la historia de una aventura, la de la corbeta francesa del siglo XIX llamada ‘La Triunfante’)-  donde la autora ‘se sirve de la ficción para hablar del alma de una mujer, de la condición de extranjera como realidad burocrática y modo de ser en el mundo (…) de los libros que nos ayudan a soñar y a comprender el mundo y nuestra propia vida’ tal como se dice atinadamente en la presentación.
Materias estas en las que siempre la mente del lector se interesa y repara. Más cuando así se despliega el bien decir que atrae como entretenimiento, como percepción vital


                              

viernes, 24 de febrero de 2017

REVISTA LITERATURAS.COM "CUENTOS POPULARES PORTUGUESES" Ed.José Viale Moutinho






José Viale Moutinho
Cuentos populares portugueses
Siruela, Madrid, 2016.

Por Ricardo Martínez


        Uno de los mejores antólogos sin duda -por su profundo conocimiento de la literatura portuguesa, ya sea en su faceta de erudito o de autor-, es la figura de Viale Moutinho que, con una riqueza inusual de materiales recogidos (a los que añade una clarividente introducción), nos hace entrega de este precioso libro donde se ordena y reproduce buena parte de la tradición cuentística escrita –y digamos, en el fondo sobre todo de origen oral- acumulado a lo largo de la historia de ficción de la filosofía vital portuguesa. Se añade, a mayores, un prólogo oportuno y razonado que resulta eficaz como apoyo a la lectura.
        Historia, digamos, elaborada en torno al fuego del hogar y a la imaginación que, con la anuencia de la noche, confeccionaron el imaginario más sutil (“el cuento popular -leemos en la magnífica nota introductoria de Moutinho -se reduce a una narración corta con un fondo humano de universalidad, que se transmite de unos pueblos a otros”) y desarrollaron los temas expresivos más ancestrales de un pueblo esencialmente culto, delicado, minucioso en el comportamiento y sutil en el decir. Vuelvo a reiterarlo, un vecino, Portugal, al que por desidia o intereses injustificados se le dio la espalda tantas veces cuando hubiera sido mucho lo que podríamos aprovechar y aprender. Sobre todo de su cultura literaria
        Los cuentos, en cuanto a temática, son tan variados como lo sean las circunstancias que cada día nos sorprenden. De hecho, el cuento popular, en última instancia, no es sino un manual al uso de cuanto de consuetudinario encierra la vida del hombre. Algunos cuentos, sin embargo, tienen una rara originalidad dentro de lo que pueda ser un tema ya aludido en otras tradiciones, cual es el caso de ‘El cuento de las nueces de la viejecita’ o bien, por su simpática originalidad didáctica, ‘El cuento de la mantita de seda’.
        Creo que, en ocasiones, podría decirse también del cuento popular lo que se ha dicho tradicionalmente de la poesía: cada lector aporta algo nuevo a lo leído en la medida en que la forma de entender de cada uno enriquece el ‘ser’ de lo recibido en la práctica lectora. También en la pura transmisión oral que se pudiera derivar de ello. El antólogo lo expresa, a mi entender, con mucho acierto y sencillez: “Y es que un cuento popular nunca está definitivamente terminado, necesita siempre alguna que otra mano de color, de imaginación, de alucinación, de lo que, en fin, se nos pase por la cabeza mientras seamos contadores… ¡y, naturalmente, oyentes!”
        El cuento a la luz del fuego acaso haya sido desde siempre el primer émulo de la escuela, de la enseñanza como transmisión oral; en ocasiones, lógicamente, respondiendo también a una ética del pensar y actuar, cual pudiera ser el caso de ‘El cuento de las manchas de la luna’. Siempre, con todo, siempre, un medio de transmisión, de comunicación en el sentido más amplio, de cultura viva y renovada en cada anécdota, en cada ocasión.
        De ahí que haya pervivido hasta aquí, y que haya de pervivir mientras el hombre ame y tema, mientras sonría y espere…
        Así sea

domingo, 19 de febrero de 2017

REVISTA LITERATURAS.COM "FALCÓ" Arturo Pérez-Reverte




Falcó
Arturo Pérez-Reverte
Editorial Alfaguara
291 páginas


Por Francisco José Peña Rodríguez


Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) se adentra en el territorio de la novela policíaca con trasfondo histórico, o de la novela histórica ─muy de su gusto─ con trasfondo policiaco en Falcó, un excelente retrato de los meses finales de 1936. No es la primera vez que el académico se introduce en las lides de lo policiaco: El maestro de esgrima (1988) es, en mi opinión, el preludio de este excelente relato de ágil lectura, profunda documentación y un retrato espacio-temporal extremadamente preciso.

Falcó reúne los mejores parámetros del género policiaco: el cinismo y la frialdad del protagonista, con sus dosis de alcohol; el misterio en torno a la vida del espía de esta detective novel; la extraña relación con la chica del relato, Eva Rengel; el trasfondo social extremadamente realista ─en la novela de Pérez Reverte la guerra civil, el año 1936, los bandos contendientes, la figura de José Antonio─…

Esta novela tiene un presupuesto sugerente: una de las operaciones que se idearon para salvar la vida del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera; acción que se basa en sacarlo de la cárcel de Alicante para llevarlo, con cobertura alemana, a la Salamanca de Franco. Nada que no salga en algunos de los estudios de la guerra civil más pormenorizados, pero lo que para los historiadores supone un capítulo o una nota al pie de página para Pérez-Reverte implica toda una novela policiaca, con un trasfondo histórico que nos retrae a los meses finales de 1936: milicias en Cartagena, falangistas de retaguardia en Salamanca, mujeres hermosas en ambos bandos aunque con diferentes papeles sociales y políticos…

A pesar de ello, compré el libro con cierta prevención: no veía al académico murciano fuera de la España del Siglo de Oro (Alatriste) o del siglo XIX (La sombra del águila, El maestro de esgrima); la guerra, además, se presta a best seller. De cualquier modo la compré y descubrí una novela de excelente factura y, esencialmente, de profunda documentación, por otro lado propio de las obras de Pérez-Reverte.

Lorenzo Falcó, fácilmente en la línea de Sam Spade (Dashiell Hammet), Bernie Gunther (Philip Kerr) o Ángel Barciela (Joaquín Leguina), aunque algo menos comilón que el comisario Montalbano (Andrea Camilleri), resulta un “hombre a sueldo” de la inteligencia militar de los nacionales, que no se cansa de repetir que no es falangista y que una vez cumplida su misión se volverá a casa sin afiliarse a la Falange. Por las 291 páginas del relato quedan los retazos del pasado personal semiborroso del espía y, además, sus complejas relaciones con las mujeres, aunque destaca la intensa escena de sexo con Eva (pág. 161).

La novela, por la que desfilan el Almirante ─jefe de Falcó─, los hermanos Montero, Eva Rengel, tipos de la Alemania nazi y milicianos de Levante poco atentos a su misión; retazos de Salamanca, la ciudad que vio nacer al autor o Alicante (incluso el Hotel Adlon ─pág. 265─ del Berlín nazi, que nos lleva a Philip Kerr y a su Berlin noir) tiene su punto fuerte en los diálogos: ágiles, intensos, constantes, precisos, excelentes, adecuados a cada personaje y a cada bando y, sobre todo, un setenta por ciento de la novela que se lee con benevolencia e intensidad.


La pluma de Pérez Reverte, al adentrarse en las procelosas aguas de la guerra civil, al retomar las intensas páginas del género negro, resuelve con éxito el propósito de una novela sobre aquella época sin que el lector se desvíe de su lectura, pues la ficción parece la propia realidad y la realidad sigue siendo la realidad de una época compleja; sin desmerecer, análogamente, los sentimientos de cada personaje, sean alemanes, rusos, milicianos republicanos o falangistas más o menos comprometidos. 

domingo, 12 de febrero de 2017

REVISTA LITERATURAS.COM 'VELOCIDAD DE LOS JARDINES' Eduardo Cruz Acillona





VELOCIDAD DE LOS JARDINES
Eduardo Cruz Acillona

Autor: Eloy Tizón
Editorial: Páginas de Espuma
Nº de páginas: 150

por Eduardo Cruz Acillona

Hay libros que no aguantan una mudanza, que se distraen en los trayectos y acaban en ese ingobernable lugar que es el recuerdo, si no en sus afueras, que es el olvido. Hace unos cuantos años yo padecí mi, hasta ahora, penúltima mudanza. Y al despojar de su contenido a las cajas, de allí salieron, entre otros muchos, los libros “Parpadeos”, “La voz cantante” y “Seda salvaje” de un autor cuyos párrafos yo subrayaba con la incondicional pasión del aprendiz.

A día de ayer, no sé por qué en aquellas cajas no estaba “Velocidad de los jardines”, ese libro de relatos que debería haber viajado conmigo no ya en una caja de cartón al uso sino en la caja fuerte donde uno atesora sus más valiosas pertenencias… De repente, me quedé sin la prueba física que me ayudaba a afirmar que un buen cuento “es un acelerón de la mente”. De repente, me quedé huérfano a la hora de argumentar que escribir “es entrecomillar la vida”…

Busqué en librerías de viejo, en estanterías de medio mundo, en casas del libro punto com… Y siempre el “no” era la única respuesta. Parecía como si los jardines hubieran frenado en seco…

Llámalo karma, llámalo visión empresarial. El caso es que ha aparecido, quién si no, Juan Casamayor y ha decidido, veinticinco años después de su primera edición, volver a deleitar con hallazgos literarios las mesas de novedades. “Velocidad de los jardines”, ese pasaporte a la excelencia literaria que expende Eloy Tizón, reaparece estos días con el respaldo de Páginas de Espuma para poder volver a recrearse con una “Carta a Nabokov” escrita con la sencillez y la ternura reflexiva de un admirador; con “Los viajes de Anatalia”, una infancia en la que siempre llueve y un trampolín en el que sólo el viento se ejercita; con “Los puntos cardinales”, donde un viajante se hospeda “en barrios cuyo alumbrado es impreciso” o en “apartamentos con vistas a un anuncio de Cinzano”; con Mabel y Fernando, en “Familia, desierto, teatro, casa”, donde “crecer era difícil, y el abuelo no era más que un lugar desordenado”; o con la refugiada Klara en  “En cualquier lugar del atlas”, condenada a que los cementerios sean su vida, esos lugares repletos de silencio y lápidas “separados por muros de niebla”…

Y así con todos y cada uno de los relatos de este libro, hasta llegar al final y descubrir que la velocidad de los jardines produce el mareo de lo vivido, de lo que ya no volverá por mucho que lo recordemos veinticinco años después.

Si Eloy Tizón escribiera las Páginas Amarillas, seguro que encontrábamos el lado más bello y amable de las personas. Y si uno, como si de un problema matemático se tratase, tuviera que averiguar cuál es la velocidad exacta de los jardines, tendría dudas entre apostar por la vertiginosa lentitud de un parpadeo o la impredecible fugacidad de un recuerdo olvidado.

Leer a Eloy Tizón es como caminar por un suelo recién enmoquetado estrenando zapatillas de invierno. Y “Velocidad de los jardines” vuelve a ser, y se lo digo a las empresas de mudanza que puedan tenerme de cliente de aquí en adelante, uno de los objetos más valiosos de mi biblioteca.


lunes, 6 de febrero de 2017

43.- LITERATURAS.COM "HOMO DEUS. BREVE HISTORIA DEL MAÑANA" Yuval Noah Harari





Yuval Noah Harari: Homo Deus. Breve historia del mañana
Debate,
Barcelona, 2016.


por Ricardo Martínez
http://www.ricardomartinez-conde.es/



     ¿Qué ha de debatirse como tema central de todo comportamiento, de toda posición moral, de todo planteamiento humano sino la propia figura del hombre? ¿Cuál ha de ser el interés principal en toda discusión donde realidad real y realidad virtual se disputan -de una manera abierta, cruenta, despiadada- sino la significación y la decisión de aquél sobre quien recae la elección de una y otra realidad, esto es, el propio hombre?
     Pero he aquí que, a solas, el hombre no es sino una anécdota sin un valor intrínseco determinado, pues éste lo obtiene, digamos, de ese vínculo al que nace uncido, el símbolo espiritual al que asocia –de una manera más o menos consciente- desde un principio todo su ser y su pensamiento. Aquél que, etimológicamente, se establece o define como re-ligare ( relación con, queriendo establecer en ello el connatural vínculo espiritual) y que los intereses humanos han querido domeñar históricamente a través de la invención de las religiones.
     Qué curioso: nunca el hombre sólo, siempre bajo esa ascendencia indefinida que se llama ligazón a través del espíritu, o bien bajo la pretensión de dominio de las religiones, sea ésta la que fuere. Con razón Harari hace hincapié, creo, en este texto tan polémico como interesante en su función de propuesta dialéctica, en el peso de la Historia y de la participación del hombre en los actos que la definen, en la simbología derivada del espíritu del hombre, y que conforma su voluntad junto con los objetivos contenidos de la biología que le dan ser.
     Leamos, como un ejercicio de entendimiento: “La institución religiosa proclama que el libro sagrado contiene las respuestas a todas nuestras preguntas. Simultáneamente, presiona a tribunales, gobiernos y empresas para que se comporten de acuerdo con lo que dice el libro sagrado” Y continúa, un poco más adelante (p.195) “Aunque las escrituras engañen a la gente acerca de la verdadera naturaleza de la realidad, puede no obstante conservar su autoridad durante miles de años. Por ejemplo, la percepción bíblica de la historia es fundamentalmente defectuosa, pero consiguió extenderse por el mundo, y todavía hay muchos millones de personas que se la creen” Y concluye: La Biblia -‘consideremos el texto como un referente de la cultura occidental, digo’- diseminó una teoría monoteísta de la historia, que afirma que el mundo está gobernado por una única deidad todopoderosa que se preocupa, por encima de todo, de mí y de mis actividades. Si ocurre algo bueno, tiene que ser un premio por mis buenos actos. Cualquier catástrofe será con seguridad un castigo por mis pecados”
     El caso es que el hombre, a la vez, reclamará siempre la idea de libertad, su propia libertad. Y no se trata de una dialéctica ciencia contra espíritu, que ha de ser planteada en otros términos, sino asunción del gran argumento del hombre sólo: la duda, la sorpresa de vivir hacia la Nada. Desde su curiosidad platónica hacia un destino que, en principio, no le es favorable. Y entretanto, hipotecada su vida real por el yugo de la necesidad

Jim & jhon