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jueves, 28 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "PATRIA O MUERTE" Alberto Barrera Tyszka






·         Título: PATRIA O MUERTE
·         Autor: Alberto Barrera Tyszka
·         Editorial: Tusquets
·         248 Páginas


Por Ángeles López


El comandante tiene quien le escriba... aunque no le gustaría lo que se dice en estas páginas. Se trata de la visión heterogénea de un país acalambrado y dividido en posiciones políticas tan antagónicas como irreversibles que naufraga entre el extremismo antichavista y el radicalismo bolivariano, pasando por la situación de los más pobres de entre los pobres. Vaya por delante algo que el lector notará desde el principio: que la imparcialidad no era voluntad del autor, en tanto que son más las críticas que los conciertos con el Gobierno que hoy preside Maduro. Más aún, Barrera entra de lleno en la arena política. Procura descifrar el jeroglífico que rodeó la enfermedad de Chávez; el aparataje, la propaganda y la parafernalia gratuita con la que se le reveló al pueblo venezolano... Porque ese oscurantismo precisa de una alambicada maquinaria.
«Patria o muerte» –consigna de la izquierda y que el chavismo modificó por «patria, socialismo o muerte»– sigue la estela de las obras que se convirtieron en retratos de las contradicciones de un lugar y una época, y, como no puede ser de otro modo, quien mejor capta ese ambiente es aquel que se opone a la concepción que impera. La historia nos sitúa después del 8 de diciembre de 2012, día en el que Hugo Chávez anunció que se sometería a una nueva operación a causa del cáncer que padecía, y termina en mitad del cortejo fúnebre que conduce los restos del comandante a la escuela militar para ser velados. En el intervalo, se escuchan muchas voces, excepto la del que agoniza: la de Sanabria, un oncólogo jubilado que conserva el último testimonio de un Chávez agonizante; Lecuna, periodista que en sus horas más bajas intenta escribir un libro sobre la muerte del dirigente; María, una niña aislada por la demencia de una madre desquiciada que se relaciona con el mundo a través de internet... En un clima opresivo, asistimos a la apoteosis de la oralidad. Todos los personajes de esta obra coral hablan o callan, se autocensuran o verbalizan argumentos... pero es en esa rica polifonía donde se percibe la verdadera destreza del autor con una riquísima variedad de registros de los diferentes estratos sociales de un país donde nadie sabe si volverá vivo a casa mientras el presidente, el mesías, está a punto de morir.
Los «carismados»
Un impagable documento sobre el carisma ideológico y la sacralización de un gobernante que parecía inmortal, así como de sus víctimas, los «carismados». Un libro descarnado que explica a la perfección la orfandad de un pueblo tras la muerte de su guía, porque sin Chávez se quedaron huérfanos, incluso, de su propia voz... porque él, el líder que «melodramatizó» la política, se lo había robado absolutamente todo. Y cuando se había erigido como invulnerable, desapareció. Incluso aquellos que se constituyeron en una feroz oposición se quedaron sin enemigo. El autor dice que hay problemas que no tienen solución, pero la ficción que ha elaborado Barrera Tyszka les ha dado a los venezolanos un espejo cóncavo en el que mirarse.



miércoles, 27 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "FE DE HORIZONTE" Mario Álvarez Porro





FE DE HORIZONTE
Autor.- Mario Álvarez Porro
Editorial Palimpsesto
Nº Páginas.- 84

por José de María Romero Barea

En los poemas de Fe de horizonte (Palimpsesto 2.0 editorial, 2015), Mario Álvarez Porro (Sevilla, 1977) logra traspasar las fronteras del mundo real, y penetra en un ámbito tan elemental que parece de otro mundo. Su último poemario es, entre otras cosas, un manual de vuelo, que aborda los aterrizajes de emergencia sobre un “ámbito de desespejismos”; los viajes largos, a oscuras, sobre el mar, “allí donde no se sabe // qué es la tierra o el cielo”; los vuelos de una noche oscura del alma que deja atrás las inclemencias, “más allá de ti de mi”.
El amor infunde su nuevo trabajo creativo, no solo el amor erótico (“arde corazón arde”) sino el amor más profundo entre el espíritu y la divinidad (“yo confieso ante Dios / que he sentido / y siento”). En su último poemario, Mario Álvarez se une a una clerecía de artistas aventureros, una joven aristocracia aérea que conduce su avión muy por encima de sus límites operativos. En esta nueva entrega, sabe que el verdadero poeta ha de perderse para encontrarse, ha de “ir dejándose el alma / tras un cielo a medida” para empezar de nuevo. Le gusta “sentir en mitad de la tormenta / respirar al relámpago”, “caminar por el aire / sin cable / sin red”. El desterrado se siente a gusto en la imposibilidad de regresar a casa.
Este “horizonte”, que “separa el cielo de la tierra”, el mundo de la realidad y el del sueño, es una idea que es a la vez ecologista y filosófica, y es común a todos los poemas de su nueva colección, de raíz mística. Su nuevo poemario es una invitación a volar, a trascender los límites, a “ir más allá/ a latir por encima del latir”. En su cielo - laboratorio, Álvarez desarrolla una versión socialista del heroísmo: cree que la solidaridad humana es la única y verdadera riqueza (“atrévete a creer / sobre todo / si no tiene sentido”); afirma que la responsabilidad mutua (“solo el corazón puede (…) salvar lo que queda de nosotros”), es la única ética.
En sus nuevos poemas, el mundo siempre queda abajo, y es reinterpretado en consecuencia. Los griegos tenían un nombre para la persona que ve desde arriba. Lo llamaban katascopos - una palabra que más tarde pasó a significar espía o explorador - y para ellos, la visión obtenida de las alturas era parecida a la de los dioses. Mario Álvarez es un katascopos en todos los sentidos de la palabra, y leer su verso - lacónico, epigramático, visionario - es compartir una vista aérea, saludable, una perspectiva cósmica, cómica y por lo tanto, fresca.


lunes, 25 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "EL REGRESO DEL CATÓN" Matilde Asensi





·         Título: «EL REGRESO DEL CATÓN»
·         Autor: Matilde Asensi
·         Editorial: Planeta
·         Nº pag.- 608

Por Ángeles López

Cinco años antes de que Dan Brown irrumpiera en la escena literaria Asensi ya era culpable de la internacionalización del «best-seller» patrio con «El último catón». No en vano, 20 millones de personas han leído algunos de sus libros. Alentada por estas cifras y la presión de sus seguidores a través de las redes, fue como se decidió a retomar, 15 años después, su mejor historia-ficción.
Nos reencontramos con Ottavia –ex monja y erudita en la época bizantina–, su marido y no menos ilustrado Farag, cristiano copto, y Kaspar, que en esta entrega nos descubrirá su lado más humano aunque también mostrará facetas que nos sorprenderán. Si juntos emprendieron la búsqueda de los «lignum crucis», en esta segunda parte se sumergirán en la indagación de uno de los grandes tesoros de la arqueología: la tumba de Jesucristo. Un osario que pondrá en duda conceptos como la resurrección de la carne y que desatará un pulso entre aquellos que desean conocer la verdad y los que prefieren que todo permanezca igual. En el relato se hablará también de la intransigencia, de la fe, de las religiones, de la tolerancia... del poder. Quien ostenta la autoridad es quien hilvana los grandes momentos de la Historia y, para muestra, San Pablo en su cruzada por conformar el cristianismo: el gran telón de fondo de esta historia. Mito, misterio y cultura, se alinearán en esa investigación con aroma detectivesco que comienza en Canadá para llegar hasta Tierra Santa, pasando por Mongolia, Estambul o la Ruta de la Seda.

Matilde Asensi podría ser a la novela –entiéndase el símil– lo que Spielberg al cine: ambos buscan el entretenimiento inteligente a través de la acción y la sorpresa lícita. El día que así lo estime, la autora escribirá su «lista de Schindler» pero no para ser reconocida por ninguna academia, sino para demostrar que hace novelas de aventuras, de configuración tradicional, fundiendo géneros variados, con personajes que encarnan arquetipos, simplemente, porque le da la real gana... y además lo borda. Destreza constructiva, diálogos inteligentes –con una Ottavia más «heavy» que nunca–, tramas cabales que se imbrican a una velocidad de vértigo, amor, humor... Y todo ello ajena al ringorrango, sin timonazos y con un acompasado minutaje de la narrativa. Desde hace muchas entregas, Asensi nos ha demostrado que sabe crear mundos y no aludir sólo a ellos... Consciente de que el entretenimiento es de las cosas más serias de este reino de tinta.

domingo, 24 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "LOS ATACANTES" Alberto Chimal





LOS ATACANTES
Autor: Alberto Chimal
Editorial: Páginas de Espuma
Nº de páginas: 120

por Eduardo Cruz Acillona

1954: El fotógrafo L. B. Jefferies, interpretado por un magistral James Stewart, espía a su vecino de enfrente con unos prismáticos y el teleobjetivo de su cámara de fotos. No hay movimiento suyo que se le pase por alto…

1984: En palabras de George Orwell, la sociedad está siendo férreamente controlada por un Gobierno que espía a sus conciudadanos, que falsea su pasado y manipula su presente y que prohíbe la intimidad y el libre pensamiento.

2015: Cada individuo porta una cámara, instalada en su smartphone, con la que retrata y graba el día a día propio y ajeno y lo difunde con total impunidad. El mundo entero está conectado a través de las diferentes redes sociales. Todo el mundo espía a todo el mundo. La violencia se ha convertido en la estrella principal del show. El espectador ya no se asusta ante imágenes que muestran decapitaciones indiscriminadas en Siria o sangrientos ajustes de cuentas entre los cárteles rivales del negocio del narcotráfico. Por eso busca imágenes de monstruos, de payasos que sorprenden a la gente en los parkings y les persiguen tratando de aplastarles la cabeza. Es en esa ficción donde se entiende todo. Pero, ¿qué ocurre cuando ese payaso es real, secuestra a sus víctimas y las encierra en el sótano de su casa para “jugar” con los miembros de su cuerpo?...

He ahí la cuestión principal e hilo conductor de esta colección de relatos que nos presenta Alberto Chimal. Los atacantes ya no vienen de fuera, los tenemos entre nosotros. Nos acosan a través de las redes sociales, del móvil, introduciendo mensajes por debajo de nuestra puerta (“Tú sabes quién eres”); De manera más figurativa (“Los salvajes”) esos monstruos también pueden asesinar a sus víctimas a bocados y luego hacerlas resucitar con el poder revitalizador de su saliva, construyendo, de esa manera, un ejército de zombies a su servicio… La violencia de andar por casa, más trágica si cabe, la violencia de género, se cuela en el argumento de “Él escribe su nombre” así como la que se produce con la pérdida absoluta de la personalidad a manos de auténticos tiranos psicológicos que se apoderan del prójimo y provocan su enajenación mental (“La gente buena”).

Todos ellos, y más, son Los atacantes, la verdadera amenaza de una sociedad que no pierde el apetito durante la cena contemplando imágenes devastadoras en los informativos de televisión. Es el enemigo en casa, el que hackea tu ordenador portátil y, a través del visor de la cámara que lleva incorporado, espía todos tus movimientos, secuestra tus imágenes más íntimas y luego trata de hacerte chantaje con ellas, generalmente con remunerado éxito.

Podría decirse que, hoy en día, las nuevas tecnologías han propiciado que nuestra vida sea como un e-book abierto y sin contraseña de acceso, que nuestra intimidad se apellide puntocom y que exista gente especializada en revertir toda esa información en beneficio propio.


Leer Los atacantes es mirarnos en el espejo de nuestros propios miedos y reconocer unas facciones que pensábamos que no teníamos; es asomarnos a la zona oscura de una realidad que nos vendieron como brillante; y, sobre todo, es deleitarse con la fuerza incontestable de la imaginación de Alberto Chimal. Si el lector espera pasar miedo leyendo estos relatos, quizás sus expectativas no se vayan a ver cubiertas del todo. Pero espere a cerrar el libro y a mirar, justo después, a su alrededor…

miércoles, 20 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 " LOS HIJOS TERRIBLES DE LA EDAD MODERNA" Peter Sloterdijk





LOS HIJOS TERRIBLES DE LA EDAD MODERNA
Autor.- Peter Sloterdijk
Editorial.- Siruela, Madrid
Nº Páginas.- 328

por Ricardo Martínez


            Este libro brillante, comprometido, valiente en cuanto a la formulación de lo que pudiera señalarse como una forma de quiebra (¿acaso descomposición?) de la cultura occidental en su acepción como paradigma de progreso, viene a ser como un compendio de la filosofía de Sloterdijk en los últimos años. Lo que equivale a decir una reformulación de sus verdades socio-filosóficas que, si bien una vez más ‘in extenso’ se ocupan de apartados tan singulares como polémicos (‘Observaciones previas al proceso de civilización tras la ruptura, Engendramientos de monstruos en el hiato: quimeras y discípulos de filósofos’ o ‘Ecce homo novus’) al final de estas páginas no advertimos sino un elaborado mosaico reflexivo cuyos parámetros, creo, establece y aclara el propio autor de un modo bien patente en algunas consideraciones precisas, a saber.

            El comienzo de su planteamiento cultural es ya bien nítida: “El ser humano es al que hay que explicar su situación. Si levanta y mira sobre el borde de lo obvio, lo agobia la desazón por lo abierto. La desazón es la respuesta adecuada al superávit de lo inexplicable sobre lo explorado” Recuérdese que la palabra religión y sus contenidos constituyen un referente muy recurrido en su discurso.

            Luego, a mi entender, marca dos señales que ‘purifican’ su inteligibilidad de la cuestión socio-moral que afecta a nuestra civilización: “Se puede afirmar de la profunda-maliciosa construcción de la primera falta humana  y de su ineludible transmisión por el acto de la procreación que desde el punto de vista psicohistórico ha arrojado sobre la evolución de Occidente una sombra cuya disipación mediante su esclarecimiento filosófico,  teológico, psicológico y literario no puede considerarse aún cerrada ni siquiera hoy” Esto es, los fundamentos de nuestras raíces culturales son, y han de ser, objeto permanente de nueva revisión. Y entra de lleno, aquí, en el tema de la religión: “Hoy, igual que antes, pueden percibirse aún en el archipiélago del cristianismo las improntas del masoquismo  metafísico de procedencia agustiniana, así como de su carga de fobocracia política y enemistosidad existencial hacia el cuerpo” Esto es, el pecado como tema de fondo, como anatema existencial y, de algún modo, objeto de poder esgrimido por la iglesia.

            ¿Y cómo resumir gráficamente lo intrincado del problema, la interrelación que aúna los problemas para generar la confusión? Veamos: “El mundo actual se asemeja a un delta gigante en el que corrientes de corrientes forman un hiperlaberinto de venas de agua con diferentes velocidades de flujo”, para añadir, “El delta es el espacio en el que se disuelve por sí misma la diferencia entre corriente y estancamiento” Un balance bien aciago, en verdad, como destino.            Así lo refleja a modo de pesimismo pensante: “Da igual que hayan crecido durante siglos o que fueran improvisadas ayer: las culturas concretas del delta se hacen perceptibles como afluentes más o menos lentos, que están ya muy cerca de derramarse en la civilización mundial homogeneizada-diversificada” Y la conclusión, así, no podría ser por menos que preocupante como espacio de futuro: “A causa de afluencias el océano se coagula formando una barrera infranqueable. Delta y océano se han vuelto indistinguibles, corriente y aguas estancadas son la misma cosa”. ¿La inutilidad de nuestra historia, tan esgrimida hasta ahora como un bien?

            Diríase que los herederos de Ciorán sobreviven, comenzando por el propio autor, si bien hemos de recordar también que el autor rumano, ese ‘manifiesto teórico de la sombra de Europa como cultura’, era quien, a sí, se consideraba un optimista.


Sea pues: estamos, una vez más, solos para decidir; ¿o para prepararnos para la decepción?

lunes, 18 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 " EN MOVIMIENTO " Oliver Sacks






EN MOVIMIENTO
Autor.- Oliver Sacks.
Editorial.- Anagrama.
Traducción.- Damià Alou.
Nº Páginas.- 446
Por Ángeles López


La buena literatura disturba, conmueve, sacude. Nos exige adentrarnos en aguas cenagosas, en un ejercicio de recapitulación y convulsión. Es lo que suponen estas memorias del llamado "científico romántico", con una vida que no excluye adicciones, pasiones ni derrotas... Pero también –como él mismo aseveró cuando se le detectó el cáncer que se lo llevó hacia las estrellas que tanto amaba–: vivida a fondo y con agradecimiento.

Desde la portada intuimos que, este, no es un libro más, aunque no se entienda sin el resto de su vasta producción; es una seña de identidad. Vemos a un Oliver Sacks joven, guapo, irreconocible, alejado de la imagen del sabio gafotas de barba bíblica que nos remite, a horcajadas de una mítica BMV R60, al Marlon Brando de Salvaje, en idéntica pose que el enfant terrible del celuloide... Ya estamos preparados para el viaje que nos espera: conocer su afición por el motociclismo, la halterofilia (en 1961 estableció un récord estatal en California), la natación, la fotografía, la poesía, el piano... hilos conductores de un texto presidido por la idea del movimiento constante -al que alude el  título-, con dos obsesiones por bandera que son la ciencia y la literatura. Pero también su imposibilidad durante años para vivir abiertamente su homosexualidad (su madre, la persona más importante en su vida, le dijo cuando se enteró de su condición: “Eres una abominación, ojalá no hubieras nacido”), su adicción a las anfetaminas en los años setenta (que le permitió comprender mejor a sus pacientes, pero que a punto estuvo de costarle su equilibrio mental), el desasosiego, la timidez... Es el luminoso, revelador, conmovedor, doloroso e inusual legado de un hombre excesivo, propenso a los extremos; un genio con un inmenso deseo de indagar en el mundo, desde la tabla periódica de los elementos -ese lugar conciso donde no hay vida, pero tampoco hay muerte- a las estratagemas del alma humana, sin olvidar la aridez de los desiertos californianos. Una exuberante personalidad que le llevó a afirmar: "Soy un hombre con un carácter vehemente, de entusiasmos violentos y un exceso extremo en todas mis pasiones”.  Evocando su adicción a las drogas, escribió: “Era crucial encontrar algo con significado, y para mí lo fueron mis pacientes... Eso me salvó la vida una y otra vez. Gracias al psicoanálisis, los buenos amigos, la satisfacción del trabajo clínico y la escritura, y ante todo, la buena suerte, logré, en contra de todas las expectativas, pasar de los ochenta años”.

De Sacks tendríamos que haberlo leído todo ya antes de que el pasado agosto se fuera a escribir al cielo (o al infierno) de los grandes "juntaletras". Si durante toda su carrera contó historias sorprendentes sobre la vida de "los otros" -El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Veo una voz (Viaje al mundo de los sordos), Un antropólogo en Marte, Alucinaciones o Musicofilia-, quiso contarnos antes de marcharse el retrato apasionado y libre de su propia biografía -"enfrentándome al mundo sin más secretos culpables en mi interior"-. Un ejercicio de desnudez integral que muestra su fragilidad y, sobre todo, su ansiada libertad. Por estas memorias fluyen: su infancia en un kibutz, su entorno familiar, sus años de formación oxoniense, su despertar homosexual, su admiración por el canon apolíneo (que le sumergió en el culturismo y en increíbles proezas físicas), sus adicciones, sus dudas, sus aciertos y sus errores, su abstinencia erótica durante tres décadas.... y el definitivo hallazgo del amor. Pero, por encima de todo, prevalece la pasión de esta bestia narrativa por los meandros de la mente humana y los misterios neurológicos; el gran sentido de su existencia.   
Son páginas herederas de un prestigioso linaje de autobiografías escritas por científicos -Humboldt, Darwin, Freud...-, del hombre que nos introdujo en el alma de muchos seres -ciegos, enfermos de párkinson, pintores que pierden la percepción de un color, autistas, deficientes auditivos, afectados de prosopagnosia (incapacidad para reconocer rostros que padeció el propio Sacks), hombres que olvidan el mundo cada dos minutos o mujeres sin sensación de su propia corporeidad...- siempre con rigor, vocación, y con un abordaje tan literario como extraordinariamente divulgativo y jovial.

Pero este ejercicio de libertad literaria contiene un plus llamado liberación. Ollie, el Dr. Marvillas de ojos luminosos y complexión de gigante de cuento, abre su corazón de oro para contarnos su infancia judía durante los bombardeos de la II Guerra Mundial, su amistad contractual con Robert de Niro, Robin Williams -por el rodaje de la película Despertares, basada en uno de sus textos, o con Dustin Hoffman a propósito de su papel en Rain Man-, su trabajo en el neoyorkino Monte Carmelo, con enfermos crónicos, su despertar sexual con alguien que le encontró borracho hasta la inconsciencia en una calle de Ámsterdam y se lo llevó a su cama o el pago de su hermano a una prostituta con la que terminó tomando té, hasta su última aventura erótica a los 40 años, que daría paso a más de tres décadas de celibato voluntario hasta que le fue dado encontrar el amor verdadero: "A veces creí haber vivido a cierta distancia de la vida misma. Esto cambió cuando Bill  (Hayes) y yo nos enamoramos".


Resume su ética, la forma en que operaba: recibía unas diez mil cartas al año, pero respondía siempre a los menores de 10 años, a los mayores de 90 y a aquellos que estaban en la cárcel. Su gran aportación es haber acercado a millones de lectores a aquellos que la sociedad se empeña en tratar como diferentes. Los desheredados de la tierra que él siempre consideró iguales. Nos ayudó, con textos extraordinariamente amenos, a comprender la insondable complejidad de la mente humana y nos permitió atisbar la forma en que se enfrentan al mundo aquellos que, siempre, preferimos ignorar. Su obra es una inmensa lección de empatía, bonhomía y solidaridad. La de un verdadero tzadik... uno de los justos que su religión de origen venera, por su autoridad ética y espiritual. Si leyera estas páginas, sonreiría, sacaría el bolígrafo rojo de tachar halagos. Con su lengua dotada para la narración, diría que le queda demasiado trabajo en planta para perder el tiempo y, acaso: que Yahvé nos guarde -a todos- en su compasión... Entendida como "Pasión con" todos nosotros. Por tanto: que así sea.

domingo, 17 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "EL OLVIDO QUE SEREMOS" Héctor Abad Faciolince





EL OLVIDO QUE SEREMOS

por Jessica Mercado

/ Autor:  
Editorial.- Seix Barral
Nº Páginas.- 280

/ Leer “El olvido que seremos” del escritor Héctor Abad Faciolince no solo es leer sobre la vida de su padre, Héctor Abad Gómez, personaje importante en la historia de Medellín- Colombia sino también es el identificar en cada una de sus frases, en cada una de sus oraciones, ese amor  incondicional que solo los que tenemos la suerte de contar con un ser excepcional en nuestra vida podemos reconocer.
Para Héctor Abad Faciolince, su padre fue esa luz incandescente que lo ha de acompañar por el resto de su vida, la voz de su conciencia que le habla quizás todos los días y lo guía en cada decisión que ha de tomar por muy grande o muy pequeña que esta sea. Es ese “amor primitivo”, como él lo llama, esa “papitis” que sentía al caer la tarde en la Finca de la Inés, el beso sonoro al lado de la oreja que su padre le dio incluso a pocos minutos de su muerte. Es esa frase de fe absoluta hacia un hijo incluso cuando este hijo dude de sí mismo. Héctor Abad Gómez hasta el último momento de su vida creyó en su hijo, creyó más que su hijo creía en sí mismo y se lo repitió incluso el mismo día de su muerte como una suerte de acto premonitorio, como una suerte de oráculo para el futuro.
Leer “El olvido que seremos” para mí es reconocer en cada acto que Héctor Abad Gómez tenía para con su hijo, los gestos, el cariño y el amor que mi madre Elizabeth Miguel Estrada tiene para mí. Ese amor primitivo que siente y ha sentido Héctor Abad Faciolince por su padre lo he sentido y lo siento yo por mi madre, esa “mamitis” desmesurada la he sentido yo cuando, de niña,  me llevaba a la casa de mis primas en las vacaciones para que me quedara a dormir. La profunda y hasta ahora incompresible fe que ella me tiene la pude reconocer en la última frase que Héctor Abad Gómez le pronuncia a su hijo. Los besos sonoros que él le da a  su hijo, yo los recibo hasta ahora a mis 34 años de mi madre. Todos sus engreimientos, sus mimos y complicidades las sigo recibiendo, hasta ahora, cada día de mi vida.
Si hay algo que no entiendo y creo que nunca he de comprender es el profundo dolor que debió haber sentido Héctor Abad Faciolince al saber que su padre había sido asesinado por los paramilitares. Solo los hijos que quieren demasiado a un padre o a una madre no se imaginan la vida sin ellos y son capaces de decir, tal como lo decía Héctor Abad Faciolince de niño, que prefieren vivir en el Infierno que vivir en el Cielo sin su papá. Mi madre no es Héctor Abad Gómez, ni Lima es Medellín en los años 80; sin embargo puedo vislumbrar la sensación de desosiego que sintió Héctor Abad Faciolince con la muerte de su padre, la forma tan injusta y que, visto con ojos más racionales, le puede pasar a cualquiera si es que dejamos que la violencia, la impunidad y la intolerancia se vuelva la regla en una sociedad.

Con “El olvido que seremos” entendí que no está mal querer a mi madre tanto o que ella me quiera tanto o más a mí. No está mal recibir caricias, mimos y engreimientos  incluso cuando eres adulto con responsabilidades de adulto y vida de adulto,  que el amor que se siente y la suerte que has tenido por tener a un ser excepcional como gestor y creador de tu vida es una bendición que es necesario gozarla lo más que se pueda y por qué no escribirla.

jueves, 14 de enero de 2016

69.-REVISTA LITERATURAS 2016 "SOUSÂNDRE. EL INFIERNO DE WALL STREET " Varios Autores




SOUSÂNDRE. EL INFIERNO DE WALL STREET 
Nª Páginas.- 160
Libros de la resistencia, 2015

por Alberto García-Teresa

Recuperar la originalidad y el talento de Joaquim de Sousa Andrade (1833-1902) es el objetivo de esta particular publicación, que dedica la mayor parte del volumen a ensayos y aproximaciones a “El infierno de Wall Street”, el fragmento más destacado de la O Guesa Errante, la obra mayor del poeta brasileño.

El poema propiamente dicho, que se encarga de traducir Reynaldo Jiménez, constituye  el segundo de los cuatro contenidos del libro, y ocupa la cuarta parte del tomo. “Noticia de Sousândre”, de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate (publicado en 1965), “Peripecias de Transmigrante veritas”, del propio Jiménez, y “El arpa salvaje de Sousândre”, escrito por Claudio Daniel, son las aportaciones críticas y divulgativas que completan el volumen.

“El infierno de Wall Street” resulta uno de los trece cantos en los que se desarrolla O Guesa Errante, un extenso poema escrito entre 1854 y 1884. Narra la peripecia de un personaje, el Guesa, que realiza un largo viaje a través del mundo. La singularidad de O Guesa Errante reside en la extraordinaria y brillantísima capacidad de experimentación que su autor vuelca en la pieza (recordemos que hablamos, además, de un texto de finales del siglo XIX), así como en la mirada y el aliento universal que lo sostiene.

En concreto, en “El infierno de Wall Street” (cuya primera versión data de 1877 pero que fue ampliamente aumentado y corregido hasta su edición definitiva de 1886) resaltan la destrucción de la temporalidad y la superposición de planos textuales. Se agrupa en 168 estrofas con una misma y particular estructura. Todas ellas se abren con una acotación que nos informa de qué personajes hablan, de qué modo y qué hacen. El poeta monta así escenas muy teatrales, con acciones, una perspectiva panorámica y una intención satírica, que se suceden de manera vertiginosa mediante cambios de ritmo, palabras yuxtapuestas y oraciones fragmentadas. En efecto, “El infierno de Wall Street” se trata de un poema polifónico atravesado por la denuncia de la corrupción y de la explotación. Esta queda enunciada mediante la ridiculización de los capitalistas y de los especuladores. Resulta el fruto de la observación del desconcertante ajetreo de Nueva Cork, y de ahí que recoja el dinamismo de su contexto y también la angustia y lo despiadado de la avaricia y de la especulación financiera. En los versos se acumulan los neologismos, la construcción de palabras compuestas, las transformaciones de signos y de letras y las onomatopeyas, así como se deja constancia de una sugestiva imaginería.

Por otro lado, como ilustrativamente indica el título de su aportación, Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate dan noticia de este autor. Apuntan sus vida, el desconocimiento de su obra y constatan la falta de influencia que su producción tuvo sobre las vanguardias brasileñas. Repasan la escasa fortuna crítica que ha tenido el autor y remarcan la condición de Sousândre de adelantado a su tiempo, pues muestra la superación del Romanticismo y prevee las vanguardias. Asimismo, se adentran en el análisis de algunas de las características de la pieza, como la «intención de evitar la musicalidad del verso», a pesar de los constantes juegos fónicos que enriquecen su obra. También, siguiendo a Augusto y Haroldo de Campos, aluden a su «estilo conversador-irónico». Además y sintetizan una fundamental contextualización para poder explicar las numerosas referencias y nombres propios vertidos en el poema.

Sin embargo, Reynaldo Jiménez ofrece un estudio excesivamente barroco y oscurantista, que parece, en un fallido intento por arrojar luz, imitar la intención del estilo de Sousândre para analizarlo.

Finalmente, Claudio Daniel presenta un texto más certero, conciso y analítico para profundizar en “El infierno de Wall Street”. Se detiene especialmente en la disposición del tiempo en la obra y baja al análisis textual para explicar los procedimientos gramaticales y semánticos que el autor emplea.

En definitiva, la editorial Libros de la resistencia, con esta publicación, nos regala una interesantísima obra, a la que no debemos acercarnos sólo con talante arqueológico.

martes, 12 de enero de 2016

47 REVISTA LITERATURAS 2016 "LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER" Svetlana Aleksievich





LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER
Autora.- Svetlana Aleksievich
Editorial.- Debate
Nº Páginas.- 368

Por Ángeles López


El único papel de la mujer soviética durante la II Guerra Mundial no fue el de amante. Tampoco el de enfermera o ama de casa en pena por no poder echar más que un nabo a la sopa. Para no pocas, la contienda consistió en un dilema: morir o matar y, después, intentar asimilar de por vida la devastación interior de aquel trauma. Por aquella situación pasaron cerca un millón de soviéticas (quinientas mil alemanas, medio millar de norteamericanas y doscientas cincuenta mil inglesas). Las mujeres han formado parte de ejércitos profesionales desde el siglo IV a.C. y, pese a ello, en los innumerables textos que existen sobre las más de tres mil contiendas que han azotado la humanidad, todo lo que sabemos ha sido contado por hombres. «Somos prisioneros de imágenes y sensaciones masculinas de la guerra», escribe Alexiévich. De esta idea nace «La guerra no tiene rostro de mujer», que resulta tan evidente que parece un insulto el hecho de que a nadie se le ocurriera contarlo desde ese ángulo: el de ellas.

Corregir con tinta lo que en tinta estaba, fue la motivación de la autora a la hora de abordar este libro. Para ello, dedicó siete años a entrevistar a varios centenares de aquellas combatientes soviéticas que, entre los 15 y los 30 años, lucharon en la Segunda Guerra Mundial contra el Ejército de la Alemania nazi. Aunque «siempre guardan silencio o se adaptan al canon», cuando se sabe leer el tono de su voz, sus relatos son diferentes, reparan en: «Olores, colores, iluminación, espacio...». No hay héroes ni hazañas, sólo dolor. Personas devastadas «por la inhumana tarea humana». Para llegar a tal conclusión no sólo habló con enfermeras, cocineras, lavanderas y telefonistas, sino también con francotiradoras, pilotos de avión, jefas de artillería antiaérea y de zapadores, guerrilleras, criptógrafas y auxiliares del Estado Mayor. Era de obligado cumplimiento volver al lugar de los hechos, al epicentro del daño. Porque las contiendas no concluyen cuando dejan de caer las bombas.

Al recabar experiencias, distinguió entre las mujeres sencillas que se expresaban con sinceridad, y las más instruidas que asumían el prisma masculino. Pero todas hablan. Como Klaudia Grigorievna Krojina, sargento francotiradora: «No me apetece morir. He prestado el juramento militar por el que doy mi vida si hace falta, pero no tengo ganas de morir. Aunque regrese viva, lo haré con el alma enferma. Ahora me digo: hubiera preferido ser herida en una pierna o en un brazo, porque el dolor sólo sería corporal. Pero en el alma... es muy doloroso».

Comité censor

Por cuestionar clichés sobre el heroísmo soviético, así como por su crudeza, estas páginas sólo vieron la luz con la llegada de la Perestroika. No fue hasta 2002 cuando se produjo este libro en marcha que hoy conocemos, donde el lector asiste a las reflexiones de la narradora acerca de la construcción de la historia, la cartografía del contexto, la búsqueda de los testimonios, el clima de los encuentros, la inclusión de párrafos eliminados por autocensura así como los dictámenes del comité censor cuando le reprobaban mancillar la Gran Guerra. Tuvo mucho mérito el trabajo de esta «retratista insistente», «atrapadora de momentos» o «constructora de fragmentos». Escritora consciente de que en el momento de cada entrevista se reúnen tres seres ante la grabadora: quien habla, la persona tal como fue en el pasado y ella misma. Nada que a un periodista le sea ajeno. Porque ése es el oficio de Alexiévich: el de reportera con buen pulso narrativo y gran profundidad de campo. La primera, de hecho, en ganar el más alto reconocimiento literario por su labor en el terreno de la no ficción.

Se dice que ha cultivado su propio género al que denomina «novela de voces» (o «escritos polifónicos»), donde sus narradores son personas que se han autoimpuesto el silencio. El rango de sus timbres va desde la Revolución hasta Chernóbil pasando por la caída del imperio soviético –«El fin del homo sovieticus» se editará en Acantilado en el 2016»–. Se ha dicho que es «una Kapuscinski en femenino», pero, a diferencia del polaco no se afana en decirle al lector lo que el entrevistado piensa, cree y siente –como él hiciera con los africanos–. Tampoco rompe el contrato con el lector acerca de que su texto sea de no ficción. Lo es, y le importa en grado sumo que se cumplan las cláusulas. Acaso sí tenga ecos de algunos textos de Vassili Grossman, de la injustamente olvidada Sofía Casanova o de Vladmir Makanin. No obstante, ella sólo confiesa un ascendente: Alés Adamóvich.

Destinos compartidos, tragedias individuales. Una simple verdad que no es la verdad. Esta búsqueda incesante la ha conducido por el camino de baldosas amarillas hasta el Nobel. Sólo un humilde «pero»: no se añade valor a un sexo denostando al contrario . Aseverar que las mujeres «no conocen la pasión del odio» o que «ningún varón puede ser neutral», incluso que «a una mujer le resulta más difícil matar porque da la vida», a la luz de una nueva centuria con anhelos igualitarios, resulta un tanto trasnochada. El mejor escribano echa un borrón.

lunes, 11 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "UN AÑO DE SABIDURÍA" Mike Medaglia





Un año de sabiduría (366 meditaciones ilustradas).
Autor.- Mike Medaglia:
Editorial.- Alianza, Madrid, 2015
Nº Páginas.- 384

Por Ricardo Martínez


Considero que, cuando se regala, en realidad lo que se pretende es regalar un buen deseo, una ilusión que se transmite al otro con desnuda generosidad, a la vez que, por qué no decirlo, adquirir ante él/ella un cierto protagonismo que, de una manera directa o indirecta, nos favorezca.
        El libro que nos ocupa encierra en este caso, como regalo, una serie de frases constructivas, de buena voluntad o buen augurio (un símil, también, de libro de autoayuda inducida) donde, a través de lo que ha sido el pensamiento de algunos autores desde la antigüedad a nuestros días (Buda y Oscar Wilde, Lao Tzu y Virginia Wolf, pasando por Séneca Y Whitman) se trata de estimular la voluntad, la valoración de la inteligencia, la buena actitud o, sencillamente, recordar una vez más lo obvio (“sé prudente”), que es aquello que necesita periódicamente recordarse para no caer en el error de ignorarlo.
        Hechas estas consideraciones, creo que resulta oportuno revisar el libro (muy profusamente ilustrado, por cierto) y sus 366 frases de compañía (supongo por el aquel de un año bisiesto) con una cierta ironía para no delegar del todo nuestra voluntad en algo que se nos dice y subraya como si nosotros no tuviésemos ingenio o voluntad propia.
        Para mí diría que Marzo resulta un mes favorecido por las recomendaciones, pues aúna dosis de reflexión junto a una cierta autonomía para el lector. Concretamente el día 13 viene avalado por una recomendación de Séneca: “Si no nos atrevemos no es porque las cosas sean difíciles; son difíciles porque no nos atrevemos” Y el día 14 es Stephen Hawking quien le complementa, de alguna manera: “La inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio” De ser así, podría deducirse, no resultaría tan difícil el atreverse.
        En fin, frases omnímodas, siempre venidas a cuento; el resultado de la recolección que la hermana del autor realizó acaso con sumo celo (un poco blandurrio todo, francamente) y que el hermano dibujante apoya con una imaginería entre barroca, naïf y cuento inacabado. Una especie, el libro, de manual de autoayuda de esos que se tiende a olvidar porque la realidad apremia (cuando, tal vez, debería ser al contrario) con rasgos de ocurrencia elemental (“Para comenzar, comienza”) con visos de sensatez (“El futuro está hecho del mismo material que el presente”) para concluir, metafóricamente, con algo de irónica certeza: “No es a la caída a lo que llamamos fracaso, sino a no levantarse”.
        Bien pues, sea: a levantarse y a continuar, que venimos a tiempo tasado y no sabemos con certeza cuándo termina el viaje del vivir
Leer para sonreír (con su aquel melancólico)

                      


domingo, 10 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "EL MONSTRUO AMA SU LABERINTO" Charles Simic





Autor.- Charles Simic
Título.- El monstruo ama su laberinto
Editorial.- Vaso Roto
Nº Páginas.- 168

por José de María Romero Barea

Al autorretrato en forma de libro El monstruo ama su laberinto (Vaso Roto, Umbrales, 2015) no le falta el autoanálisis de un San Agustín o un Tolstoi, la auto-crítica de un Rousseau, el aplomo histórico de un Henry Adams, o el flujo anecdótico (y chispeante) de un Robert Graves. Como las anteriores y cualesquiera otras autobiografías, su autor, el poeta laureado de Estados Unidos y ganador del Premio Pulitzer, Charles Simic (Belgrado, 1938), fusiona el amor al detalle con la perfección de la forma, lo exacto con lo evocador, su aguda conciencia del tiempo con indicios de atemporalidad.
Parte del encanto especial del volumen es la diferencia que el poeta establece entre, por un lado, un pasado imperfecto (la pobreza no solo artística y la dislocación de una infancia serbia plena de acontecimientos bajo el totalitarismo soviético) y un presente bajo el refugio cultural de los EEUU y sus clases liberales cultivadas, diferencias que Simic, famoso por sus crípticos aforismos, describe aquí, con dramático detalle, en estos cuadernos que ven la luz por vez primera en castellano.
La primera de las cuatro secciones recoge reminiscencias autobiográficas de su infancia en Serbia. “Nunca seremos tan jóvenes como lo somos esta noche – decía [mi padre]. Si somos listos, mañana encontraremos la manera de pagar el alquiler”. Simic parece decidido a demostrar que su infancia contiene, en una escala mucho más reducida, los componentes principales de su madurez creativa. Su memoria, especialmente en lo que respecta a los primeros 20 años de su vida, es típicamente rigurosa, y sigue el plan propuesto: atenerse a la verdad en las buenas y en las malas, y no tener la tentación de llenar los vacíos con verisimilitudes lógicas.
El resto del libro alude a su juventud y madurez en Chicago y Nueva York, cuando llegará a afirmar que “la belleza de un momento fugaz es eterna”. Se recogen el tipo de imágenes y yuxtaposiciones que Simic bien podría haber utilizado en un poema. La traducción del poeta y crítico Jordi Doce (Gijón, 1967) permite al lector en castellano disfrutar de las circunvoluciones y diversas líneas temáticas que atraviesan el volumen, que recuerdan a las adivinanzas y los rompecabezas en los que se mezclan “filosofía y poesía”, que resultan en “una comedia sublime”. Al final, el poeta serbio solo se somete a los “filósofos de miniatura”, esos “que uno se guarda en el bolsillo”; solo cree en el silencio, “tan antiguo como el ser, quizá aún más antiguo.”

Al leer los epigramas y viñetas que componen El monstruo, asistimos a la rara visión de una mente consumada e introspectiva. Nabokoviana en su encanto y cáustica en su inteligencia, la autobiografía de Simic es sensible a la mística de lo mundano mientras alude, sin subterfugios, al sufrimiento perpetuo que nos infunden la vida y sus daños colaterales: el dolor y la felicidad. Como poeta que es, el serbio sabe alinear el más improbable de los emparejamientos mientras explora los nexos de la locura y la profecía, el infierno y el paraíso, la lujuria y la muerte.

miércoles, 6 de enero de 2016

12.- REVISTA LITERATURAS 2016 “ANTE TODO CRIMINAL” Juan Aparicio Belmonte






“ANTE TODO CRIMINAL”
Autor.- Juan Aparicio Belmonte
Editorial.- Siruela, Madrid-2015
Nº Páginas.-  236

            Por Pedro M. Domene

         Juan Aparicio Belmonte (Londres, 1971) ejerce de maestro paródico y sátiro social en sus obras, convirtiendo en ocasiones la sociedad en un auténtico reflejo esperpéntico o la escenificación de aquella lejana visión de los sainetes castizos como si el tiempo no hubiera pasado por nosotros. En su nueva entrega, Ante todo criminal (2015), Aparicio Belmonte nos cuenta las vicisitudes de un hombre cuyo comportamiento camaleónico se confunde con el mundo, y de paso nos arrastra a los lectores una serie de auténticas aventuras para conocer su actitud y comportamiento en una realidad que, como protagonista, en ocasiones, confunde con la ficción. Y así podemos descubrirlo como fisioterapeuta en un sanatorio, pequeño traficante de drogas, y sobre todo escritor por confusión, a quien un empresario le hace un extraño encargo, escribir la historia izquierdista del Real Madrid, equipo al que considera heredero de la antigua República, pero lo más sorprendente es que el empresario desaparece misteriosamente y entra en escena un curiosa, y no menos perfeccionista comisaria de policía, Sara Lagos, que compartirá protagonismo con este no menos curioso narrador. En realidad, toda la novela se estructura de una forma episódica, se van sucediendo los distintos elementos que componen la historia, la desaparición del empresario, la muerte de algunos personajes protagonistas, los cambios y las luchas por el poder de las mafias en la distribución de las drogas, los jocosos comentarios sobre el Madrid canalla, el de los suburbios o los barrios con más clase, aunque el tema siga siendo el encargo de una historia del Real Madrid de fútbol, subrayando sus raíces liberales y republicanas, son elementos que adornan la historia de un vehemente protagonista, y conforman ese puzzle que Aparicio Belmonte intento construir a lo largo de su relato
            El escritor de la historia supone que la vida es un cúmulo de instantes o momentos y que solo los mejores narradores triunfan en ella sometiéndola al molde de la ficción, y las sucesivas perspectivas que puedan derivarse de ella; y quizá por eso, y es el mayor acierto del autor de Ante todo criminal, la narración comprende una serie de escenas, “instantáneas”, casi como unas pinceladas, sin un orden temporal, o nada que las motive o cause, casi imposiciones de nuestra existencia, para así construir las distintas tramas a que se ve obligado a participar el protagonista, y que en realidad se traduce tanto en una comedia como una tragedia donde numerosos tópicos de nuestra literatura tienen cabida, subrayando eso sí el aspecto criminal de la misma, género al que otorga especial culto Aparicio Belmonte para vivir su pequeño sueño de una realidad ficcionada. 




domingo, 3 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "POESÍA COMPLETA" C.P. Cavafis




C. P. Cavafis, Poesía completa
(Traducción de Juan Manuel Macías).
Editorial.- Pre-Textos
Nº Paginas.- 422

por José Luis Gómez Toré


 ¿Una nueva edición de Cavafis? Más allá de la acertada reflexión de Manuel Borrás que Vicente Fernández González recoge en el epílogo de este volumen (“en punto a clásicos, cuantas más traducciones de obras, mejor”), el lector de poesía de habla hispana puede plantearse la pertinencia de volver a un autor que ha encontrado en la literatura en español ya una amplia resonancia. La huella en las literaturas hispánicas de la lírica cavafiana resulta fácilmente rastreable tanto por su influencia sobre otros poetas (aunque superficial en demasiados casos) como porque ha contado entre nosotros con buen número de traductores, si bien no siempre las versiones publicadas son traducciones directas del griego. He aquí una primera razón para afirmar la oportunidad de esta edición, ya que Juan Manuel Macías, poeta y traductor de Safo y Maria Polydouri, conoce a fondo la lengua de partida. Y no solo la lengua. Como él mismo afirma en su breve pero iluminador prólogo, “Cavafis, al fin, fue un poeta griego que escribió en griego, y esto es un hecho elemental que parecen olvidar sus imitadores”. La pulcritud de las versiones de Macías no solo nos ofrece un Cavafis rejuvenecido, sino también la posibilidad de reflexionar de nuevo sobre la posición que ocupa en nuestra contemporaneidad un escritor que, como también apunta Macías, escribió fundamentalmente desde su presente y sobre su presente, por desorientadora que pueda resultar en ocasiones la falsa apariencia de reconstrucciones arqueológicas de tantos de sus textos. A pesar de las marcadas diferencias con las grandes voces de la poesía neohelénica del siglo XX (Ritsos, Elytis, Seferis…), Cavafis comparte con todos ellos la incómoda posición de quien ha recibido una herencia tan rica como problemática, de quien no puede ser un griego al modo antiguo sin caer en la impostura, pero que tampoco puede renunciar sin más a ese pasado que sigue dejando su huella en su propia época. Cavafis, como otros poetas griegos modernos, se sitúa así al mismo tiempo en el centro y en la periferia, en la centralidad de una tradición que apuntala los cimientos de la civilización occidental y a la vez en medio de un pueblo – todavía hoy y de qué manera— desplazado a los arrabales de Europa (cuando no fuera de ella: la excéntrica posición de Alejandría quizá sirva aquí a modo de metáfora). Cavafis es también un poeta alejandrino en el sentido histórico del término: en estos poemas asistimos a una voz que está al final de una etapa que aún hoy no hemos clausurado, al final de un larguísimo viaje, en el que (por eso resulta tan moderno) le toca a él la pesada tarea de separar lo muerto y lo vivo. Y es que todavía, y quién sabe por cuánto tiempo, seguimos esperando a los bárbaros.  
 La relativa marginalidad en vida del poeta de Alejandría parece haberse borrado para situarlo en una posición nada lateral en el canon, lo que quizá no sea en el fondo sino una forma de domesticarlo. Personalmente, desconfío bastante de la etiqueta de “marginales” y “raros” que rara vez cuestiona nada y que suele servir para dejar a un lado los nombres que resultan incómodos en los manuales de historia literaria. Sin embargo, se corre el riesgo de olvidar lo que hay de apuesta ética y estética (ambos aspectos son difíciles de separar en Cavafis) en la trayectoria del escritor. Me refiero tanto a la afirmación de una moral sexual propia  como a la asumida clandestinidad del oficio del poeta, puesto que eros y escritura forman parte de una misma actitud, secretamente aristocrática, que desdeña lo convencional y lo trillado, desde una rebeldía discreta pero evidente. Y si efectivamente lo ético y lo estético van de la mano en el poeta, ello se debe a que vida y poesía dibujan siempre un camino de ida y vuelta. Por eso, son en el fondo muy poco cavafianos los epígonos que se quedan solo con algunos motivos y temas (la pasión homoerótica, el hedonismo, las alusiones culturalistas…), ciertamente centrales, pero que pierden buena parte de su sentido si se desgajan de una visión global. Si en la escritura de Cavafis no falta la búsqueda de la intensidad vital (“Y bebí vinos fuertes,/ como beben los audaces el placer”), a menudo tenemos la sospecha de que no solo se escribe para vivir, sino también que se vive para escribir, para recrear lo vivido. “Trabaja ya cuanto puedas, mente”, leemos en el poema “Un joven de la literatura, a sus 24 años”, como si el placer de los cuerpos fuera ya inseparable de su vocación de convertirse en poema. De ahí la frecuente sensación de melancolía, que apunta Macías y que tiñe tantos versos, puesto que toda presencia convocada en la escritura es ya ausencia. De ahí también que Cavafis sea ante todo un poeta de la memoria en sentido fuerte, un hijo de Mnemosyne que busca en los márgenes de la vida cotidiana pero también de la historia, el lenguaje siempre esquivo de la existencia. De la memoria que es también olvido, pues los apuntes biográficos que ciertamente hay en sus textos parecen diluirse en una cierta impersonalidad, que evoca de manera inevitable esa capacidad negativa del poeta de la que hablaba Keats (y que debió interesar a José Ángel Valente, uno de los primeros en el mundo hispánico en hacerse eco de esta obra).

 Decía Calvino que un clásico es un libro que, cuanto más uno cree conocerlo de oídas, más nuevo resulta cuando lo leemos de verdad. Tal vez pueda afirmarse lo mismo cuando lo reelemos (y es que toda traducción de valor es siempre una relectura). Esta magnífica edición de la poesía reunida de Cavafis es una buena oportunidad para intentar librarse, en la medida de lo posible, de lo que creíamos saber de Cavafis y escuchar atentamente la singularidad de su voz. Cito de nuevo a Calvino: “Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima”. En ese esfuerzo, tan imposible en el fondo como fecundo, de intentar leer por vez primera una obra tantas veces revisitada, uno quizá empieza a vislumbrar qué significan las Ítacas.       

miércoles, 30 de diciembre de 2015

REVISTA LITERATURAS 2015 "Las efímeras" Pilar Adón







Título: «Las efímeras»
Autor: Pilar Adón
Editorial: Galaxia Gutemberg
240 Páginas

por Ángeles López

Agobiante, densa, perturbadora, opresiva... Su atmósfera puede remitirnos a «¿Qué fue de Baby Jane?» pero resulta más gráfico una imagen más bárbara: un puñado de felinos encerrados en un saco, antes de ser arrojados al río. Ésa es la sensación que deja en los huesos las páginas de esta maestra de extrañezas; fiera poeta, narradora extrema y magnífica traductora para la editorial Impedimenta. Acaso, sin temor a equivocarme, una de las diez voces más interesantes del panorama actual. Como García Márquez con su Macondo, Faulkner con su condado de Yoknapatawpha o Benet con Región, Pilar Adón ha creado la comunidad de la Ruche, una colectividad utópica basada en la libertad y la autorregulación que terminará por contaminarse. El idílico paraje en medio de ninguna parte se ve intoxicado por la dependencia que sufren sus personajes, hasta resultar violenta, asesina se diría. Las relaciones humanas son posesivas y bien lo sabe la autora de «Las hijas de Sara». Por ello vuelve a profundizar en la fiscalización de las emociones, las convivencias tóxicas, la imposibilidad de escapar de nuestros miedos hasta proyectarlos en otros.

La impresión que provoca es la misma que secarse con toallas mojadas. Su escuadra narrativa no hace pie por ningún flanco, porque es difícil encontrar argumentos de saldo en sus páginas. Toda su prosa genera la misma melodía introspectiva y lacerante, llamada a despertarnos del letargo: Violeta, encerrada con su dominante hermana en un cuartucho hediondo; Dora, intentando evitar que se fugue con un solitario joven del bosque, acosado por su pasado familiar. Alrededor de los tres palpita una comunidad con forma de colmena abandonada, donde sus pocos miembros se retiran a vivir como eremitas, en un intento de no juzgarse, pero nada es lo que parece. Porque el territorio de esta novela es el de aquello que nos confesamos pero nunca afrontamos ante terceros. Demasiado material en descomposición que no proviene sólo de los muchos invertebrados que aparecen –avispas, orugas... El propio título alude a un insecto que tiene el ciclo vital de un único día–, porque la naturaleza es la principal protagonista. El resultado es una novela dura como el mármol y permeable como la arcilla, que avanza deliberadamente morosa con una gracia indefinible que sólo el agua posee. En ocasiones, como si de un arroyo en pleno deshielo se tratara, otras como el sirimiri, y las más de las veces como la cáustica gota malaya.

martes, 22 de diciembre de 2015

REVISTA LITERATURAS 2015 "Estamos todos, aquí no hay nadie" José Ignacio Montoto




por Alberto García

Estamos todos, aquí no hay nadie
Autor.- José Ignacio Montoto
Nº Páginas.- 118
Ed. Renacimiento, 2015

Un volumen de poemas en prosa constituye la última entrega de José Ignacio Montoto (Córdoba, 1979), que continúa asentando una sólida trayectoria con cada publicación.
Los textos de Estamos todos, aquí no hay nadie se distribuyen en más de una docena de secciones homogéneas aunque diversas en conjunto, en las que, como una especie de anadiplosis, las oraciones finales dan paso a las siguientes, encadenándose así los poemas de modo más o menos marcado. A pesar de ello, el libro posee una estructura muy cuidada. Se constata unidad de tono en el conjunto, aunque cada una de las secciones tiene su propia particularidad.
Buena parte de las piezas están impulsadas por una mirada trascendente de lo cotidiano, basada en principios matemáticos. Destaca esa perspectiva para hallar un orden (o un desorden) y para descomponer la realidad. Este hecho nos descubre a un observador que toma distancia y que medita, a pesar del ritmo fluido, de oraciones breves, de las composiciones de la obra. Otras veces, esas alusiones matemáticas parecen corresponder más a un juego con los referentes, sin la óptica metafísica que constituye uno de los aciertos del libro. Por otro lado, en ocasiones, Montoto despliega un gran número de juegos de palabras y una mayor atención al ritmo de las piezas. Asimismo, abundan las alusiones a lo corporal. A su vez, se cuela la crítica social en los textos, basada en la denuncia de la deshumanización, la apatía y la falta de sensibilidad provocada por la sociedad contemporánea.
La primera sección del volumen se construye alrededor de la vida académica: escuela, instituto, universidad... Parte de los recuerdos, de la recreación del colegio como espacio de socialización y de iniciación a la vida. El autor pone un pie en la nostalgia como amarre, y desde ahí elabora esa nueva estructuración del mundo. Incide, al respecto, en la disonancia entre objetivos académicos y vida.
Frente a algunos conjuntos que tienen una composición más narrativa, otras partes caminan por la introspección, especialmente enmarcadas en un escenario urbano. Deja constancia entonces de la separación, no sólo desde una perspectiva amorosa, así como de la soledad. En otras piezas, el autor aborda cuestiones y conceptos más filosóficos, aunque ata la abstracción con numerosos referentes individuales. En ese sentido, despliega muchos referentes concretos y nombres propios, fácilmente identificables, con los que arma un ejercicio para tratar de comprender el mundo. No en vano, una sección gira alrededor del concepto y de las referencias a Walter Benjamín y su ángel de la Historia.
Con esa diversidad, que no llega a la dispersión precisamente por esa coherencia del registro, Montoto ofrece una obra medida y singular levantada sobre una inquietante paradoja: Estamos todos, aquí no hay nadie.

Jim & jhon