Un joven preceptor acompaña a la familia de un general retirado a una ciudad balneario alemana, Ruletemburgo. El general, viudo, está en la ruina, pero aspira a casarse con una señorita francesa de incierta identidad, para la cual despliega un tren de vida que no se corresponde con sus recursos, pero con la esperanza de que una tía suya riquísima, inválida y enferma, no tarde en morir y lo nombre heredero. El preceptor –y narrador de la novela– está perdidamente enamorado de Polina, hijastra de su patrón, pero ella le mira a veces «como esa emperatriz de la antigüedad que se desnudaba delante de su esclavo porque no lo consideraba una persona». Un día le da setecientos florines para que los juegue a la ruleta y él, que nunca ha estado en una sala de juego, la obedece y gana, sin saber para qué necesita el dinero.
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