Con una prosa limpia y exacta, profunda y sutil, esta novela pone en relieve aquel mandamiento de Nabokov: «Acaricien los detalles, los divinos detalles».
«En época de la casita de Bad Bunny, esta novela nos explica las vicisitudes de una clase social víctima, y a la vez protagonista, de los cambios sociales durante los últimos setenta años» (Edgardo Rodríguez).
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