Dos chicas adolescentes viven al límite en la Valencia de los últimos años ochenta, justo antes de que la música máquina y las drogas sintéticas arrasen con todo.
¿Qué sucede cuando la madre de la que fue tu mejor amiga reaparece al cabo de veinticinco años para preguntarte qué llevaba su hija en los bolsillos el día en que la atropelló un tren? Tras recibir ese enigmático y doloroso email, la narradora, una cantante de orquesta verbenera que va de pueblo en pueblo interpretando canciones que detesta, hurga en sus recuerdos para recuperar la adolescencia y armar con ellos una respuesta. Con la música como hilo conductor, evoca las aventuras que vivió con Carla, las canciones que escuchaban, el sexo, las drogas, el alcohol, y esas ganas desbordantes de vivir en aquella Valencia de los años ochenta. Una época en que la música todavía importaba, y los paisajes sonoros eran el más potente conductor de emociones, el último hábitat de la adolescencia. La narradora reconstruye así su propia memoria hasta llegar a la ruta del bakalao, donde la muerte de la melodía coincide con la de la propia inocencia.
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