
Un momento de descanso
Antonio Orejudo
Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, y tiene mucho que contar sobre su vida familiar y profesional. El narrador, que recapitula también sus experiencias de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

La sirvienta y el luchador
Horacio Castellanos Moya
El Vikingo, ex luchador profesional que quiere demostrar a sus superiores en la policía que sigue siendo un tipo duro capaz de cumplir todos los encargos, sale con otros compañeros con la misión de llevar a los calabozos a unos jóvenes sospechosos.
Al día siguiente, una criada, María Elena, acude a servir por primera vez a casa del nieto de su antiguo patrón, y se encuentra con que no hay nadie para recibirla: intuye que esa desaparición encubre algo muy grave. Y su preocupación se tornará angustia en cuanto se pregunte también por el paradero de su hija y de su nieto.

El parpadeo eterno
Ken Kalfus
En 1910, en el remoto apeadero de Astapovo, una multitud se congrega para asistir a los últimos días de Tolstói, que ha ido a parar ahí huyendo de su esposa, de su vida contradictoria y quizá de sí mismo. Entre la muchedumbre, tres hombres cruzan sus caminos: Gribshin, un joven camarógrafo ruso; Vorobev, un científico que ha inventado un método para embalsamar cadáveres; y Stalin, el futuro líder bolchevique. Los tres, embarcados en proyectos o sueños que iluminarán el recién nacido siglo XX, volverán a encontrarse años después, cuando el inicial entusiasmo por el futuro revele ya muchos claroscuros.

1Q84
Libros 1 y 2
Haruki Murakami
En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyū, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela: Aomame, una bella asesina, y Tengo, un profesor de matemáticas aspirante a novelista. Ambos rondan los treinta años, llevan vidas solitarias y perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y, como telón de fondo, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana.
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