En Veintisiete noches, Natalia Zito reconstruye una historia tan perturbadora como real: la de una mujer mayor, rica, excéntrica y libre que, en el ocaso de su vida, es internada contra su voluntad por decisión de sus hijas. A partir de ese hecho documentado y contrastado durante años de investigación, la novela despliega un relato incómodo que interpela directamente a nuestra sociedad. La protagonista es una artista y mecenas octogenaria que, tras enviudar, inicia una relación amorosa intensa y decide vivir su deseo sin pedir permiso. Su comportamiento (fiestas, gastos elevados, proyectos culturales, una nueva pareja) despierta la alarma familiar y médica. ¿Es libertad o es demencia? ¿Exceso vital o pérdida de la razón? ¿Quién traza esa frontera y con qué intereses? Veintisiete noches no ofrece respuestas cerradas, sino que abre un debate feroz sobre el dominio, el amor, la autonomía y el control. Basada en hechos reales, la obra expone con precisión quirúrgica los engranajes del poder familiar, médico, judicial y económico. Zito pone el foco en un dilema candente de nuestro tiempo: la gestión de la vejez, especialmente cuando se cruza con el deseo, la herencia y el miedo a perder el control. La internación psiquiátrica —legitimada como cuidado— aparece aquí como una forma extrema de disciplinamiento. Con una prosa tensa, elegante y sin concesiones, la novela alterna puntos de vista y reconstruye documentos, escenas privadas y decisiones irreversibles. Veintisiete noches incomoda porque no juzga: muestra. Y en ese gesto obliga al lector a tomar posición. |
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