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Una historia
cargada de humanidad, emociones y profundos sentimientos.
La niña que ve
cómo su vida se derrumba y emprende una lucha a favor de la
supervivencia. Ésta es la historia de Emilia Fuentes Ruiz, cuya
necesidad y determinación construyó un triunfo desde la nada.
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En una época tan
mísera y gris como fue la posguerra española, cargada de hambre,
abandono, silencio, enfermedad, odio y muerte, encontrar una historia
de supervivencia se antoja como algo ciertamente milagroso. Emilia
representa uno de esos casos extremos, golpeados sin compasión por la
adversidad, en los que la vida insólitamente se revuelve y planta cara
a un sombrío destino. Ahora está ya mayor, y un inesperado infarto
cerebral la lleva a rememorar todos aquellos figuras del pasado que no
solo formaron parte de su vida sino que terminaron modelando su
carácter, lo que ha sido y lo que hoy es, una reconocida empresaria que
a fuerza de voluntad y determinación, acabó levantando de la nada un
sólido imperio conservero. Esta es la historia de Emilia Fuentes Ruiz.
Emilia representa una verdadera historia de superación, de
lucha por no doblegarse ante las necesidades. Muy pronto, todavía
siendo niña ve como sus esquemas más básicos y familiares se derrumban.
En su Cantabria natal, las sacudidas de la guerra se siguen sintiendo
de manera drástica: es privada del cariño y protección de su madre,
María la Chila, quien durante mucho tiempo sufrirá el infierno de estar
presa en la cárcel de Saturrarán, y alejada de sus hijos. Sin un padre
que quiera hacerse responsable, Emilia y sus hermanos se verán viviendo
penurias en la calle, a la intemperie, o como mucho, sujetos a la
misericordia de algún familiar con poca comida para alimentar tanta
boca.La tragedia entonces se hace inevitable y se ceba infaustamente
con sus hermanos.
La cáscara
amarga traslada al papel el coraje de una mujer valiente,
luchadora, que amodo de heroína y tras sufrir mucho, supo encauzar sus
pasos en uno de los momentos más duros de la historia de este país.
Trabajo y tesón complementan fielmente el perfil de una mujer que
consiguió vencer a la fatalidad hasta componer su singular testimonio,
a un tiempo épico y tremendamente humano. El pequeño pueblo pesquero de
Santoña se convierte entonces en estoico observador de una historia,
que a caballo entre Oliver
Twist y las Cenizas
de Ángela, tiene mucho de inspiración y profundo estímulo
en tiempos de adversidad.
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Jesús Ruiz
Mantilla
(Santander,
1965) es periodista y escritor. Trabaja en el diario El País,
donde durante años ha ejercido el oficio en la sección de Madrid, de
Cultura, en el suplemento cultural Babelia
y en El País
Semanal. Escribe sobre música, cine, libros, temas por
los que dice sentir verdadera pasión. También ha sido colaborador del
programa La
ventana en la Cadena Ser.
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Ha publicado
cinco novelas y un ensayo, Placer
contra placer, un observatorio de la vida en el que
se busca la felicidad a través del placer. Con su primera obra de
ficción, Los
ojos no ven, se adentra, a modo de alegato contra las
apariencias, en los enigmas del mundo daliniano y en la obsesión de
un tocador de cuadros. Con
Preludio aborda la capacidad del artista para la
autodestrucción y la infelicidad en su búsqueda reiterada de la
excelencia creativa, y para ello cuenta la historia de León de Vega,
un pianista obsesionado con la obra de Chopin. En Yo,
Farinelli, el capón, cuenta la historia del cantante
castratto más famoso de todos los tiempos desde la mirada del
antihéroe. Con Gordo
reivindica la obesidad sin complejos, libro que co nsiguió el premio
Sent Soví de literatura gastronómica en 2005. Ahogada en llamas ,
publicada el pasado año, le ha consolidado como un autor de
reconocido prestigio literario; en ella narra la historia de una
ciudad, Santander, y una familia marcadas por l a explosión de un
barco.
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