Las palabras, el
lenguaje, la educación, la libertad
El filósofo Emilio
Lledó conversa con el periodista Juan Cruz
El
blasón que Emilio Lledó (Sevilla, 1927) prefiere tener en su haber es el de
profesor. Su primera cátedra, hace ya cinco décadas, fue en el Instituto
femenino Núñez de Arce de una ciudad de provincias donde llegó recién terminado
su doctorado en Heidelberg. Sus alumnas, entonces quinceañeras, son
capaces de recordar todavía la profunda huella que dejaría en ellas su
docencia, aquel joven profesor que sonreía antes con los ojos que con los labios
y que despertaría en ellas la necesidad de verdad y de belleza, y también de
libertad: de su mano, el descubrimiento de libros tales como Las afinidades
electivas, de Goethe, El extranjero, de Albert Camus, o la poesía de
Hölderlin. La primera entrada en el mundo de la filosofía clásica que llevaba a
los oídos atentos de su alumnado la mención de presocráticos y epicúreos.
Primeras elementales aproximaciones a Platón y Aristóteles. Un apasionado
recorrido que en el curso superior alcanzaría la estación término con “el
hombre es un pajarillo ensartado en la flecha del tiempo” de Martin Heidegger y
en Hannah Arendt.
Muy
poco después, el nomadeo de su magisterio por las sucesivas cátedras en las
universidades de La Laguna, Barcelona y Madrid. Por ello, no puede sorprender
hoy que haya sido uno de sus antiguos alumnos, el escritor y periodista
cultural, Juan Cruz, figura de fidelidad ejemplar a esta feria, el
encargado de conversar con él a propósito de la recentísima publicación, en el
sello RBA, de Los libros y la libertad. Un título que es revelador del
sentido e intención de los escritos ahora compilados.
La
cita ha sido en la Feria del Libro, y en las actividades de esta tarde de
domingo en el Pabellón de actividades Banco de Sabadell. Por la mañana, Lledó y
Juan Cruz habían cumplido con parecida dedicación e ilusión, el profesor en la
librería El Buscón, y Juan Cruz en Cervantes y Cía, con el rito de las firmas a
sus lectores.
“A pesar de
la Guerra Civil, fui un niño feliz porque tuve un maestro, porque tuve una
escuela pública”. Durante la charla, el profesor Lledó realizó un encendido
elogio de la educación pública desde su maestro Don Francisco, un maestro de la
Institución Libre de Enseñanza que tras leerles dos páginas de El Quijote
instaba a niños de 10 años de Vicálvaro a hacer “sugerencias de la lectura”,
hasta los jóvenes profesores de un colegio de su localidad de origen, Salteras,
que ha visitado recientemente.
“Don
Francisco nos estaba enseñando la libertad, la personalidad, la búsqueda de la
verdad” con la misma autoridad que “he visto reflejada en el amor de esos
jóvenes maestros por esos niños y por lo que les enseñaban”.
Juan Cruz,
a través de su lectura del libro, fue guiando al ensimismado público por los
puntos esenciales de la propuesta de Lledó, quien presumió de haber sido feliz
siendo profesor y seguir manteniendo “el deseo de dar algo”.
“No sé cuál
será la fórmula técnica para superar esta atonía cultural”, señaló el filósofo,
pero pasa por “una educación pública igualitaria” y es que “la lucha por la
igualdad tiene que ser constante, decidida, incesante”.
Satisfacción
generalizada entre los feriantes
La
afluencia de público ha continuado durante el segundo fin de semana de la Feria
del Libro, un hecho que confirma la general satisfacción que transmiten los
feriantes desde el arranque de la cita.
También se
muestran satisfechos los autores que han firmado sus obras estos días. Piezas
esenciales en el engranaje de la Feria, muchos de ellos han hecho hueco en sus
agendas y repetirán el próximo fin de semana.
Tres
generaciones, tres géneros, tres visiones críticas de la realidad
Organizada
por el diario El País, y moderada por uno de sus periodistas culturales, Javier
Rodríguez Marcos, la mesa Tres generaciones, tres géneros, tres visiones
críticas de la realidad ha reunido en el Pabellón de Actividades Banco
Sabadell a la veterana poeta Paca Aguirre, la novelista Almudena Grandes y el
ensayista César Rendueles.
Paca
Aguirre (Alicante, 1930), que fue una poeta tardía –publicó su primer libro en
1972– y obtuvo en 2011 el premio Nacional de Poesía por Historia de una
anatomía, hizo gala de buen humor (“Soy una autodidacta químicamente pura.
Por no tener no tengo ni la básica. Con el tiempo he llegado a saber un poquito
de casi nada. Y ya voy entendiendo algo”); joven espíritu reivindicativo (“El
camarada Franco lo tenía claro: lo que más mató son maestros. El desprecio por
los libros, por la cultura, es una de las peores cosas que están pasando. Lo
que más teme la derecha es la cultura.”), y gran capacidad para sintetizar
eslóganes (“Un libro es un trozo de libertad. Un libro es una prenda de abrigo.
Estoy viva gracias a los libros”. Y, citando a Kafka, “una jaula fue en busca
de un pájaro”).
Almudena
Grandes (Madrid, 1960) explicó al auditorio su enorme sorpresa al enterarse,
siendo niña, de que su abuela había visto bailar a “Josefina Baker, como decía
mi madre, medio desnuda y con su falda de plátanos”. La abuela había sido más
moderna que su madre y de lo que ella misma sería, habida cuenta de la
educación que estaba recibiendo (“nos dieron una educación de posguerra”). A
partir de entonces ha aspirado a devolver el orden a la línea temporal y ser,
al menos, “tan moderna como nuestras abuelas”.
César
Rendueles (Gijón, 1975), uno de los impulsores del colectivo La Dinamo, fue
presentado por Rodríguez Marcos como un pensador que aúna rigor y claridad, y
recomendó la lectura del prólogo “sin adherencias” que Rendueles hizo a una
antología de El capital, de Marx. “Teníamos la ilusión de que las cosas
solo podían ir a mejor. Pero esto ya ha pasado muchas veces en la historia”,
respondía a la reflexión del moderador sobre que nuestros hijos vivirán peor
que nosotros. “No queríamos ver que esto iba a pasar. Y además no lo queríamos
ver con vehemencia. La fuerza del autoengaño siempre nos sorprende”.
“¿Qué
puede hacer un escritor, un intelectual, ante lo que está pasando?”, planteó el
moderador. “Sacar a la gente de la idea de que hay cosas que no se pueden
criticar” (Paca Aguirre). “Servir de portavoz a la sociedad civil. También
reflexionar y contar lo que pensamos. Sin ninguna garantía de acierto en esta
realidad gelatinosa” (Almudena Grandes). “Participar en aquello que podemos
hacer entre todos: las cosas las cambia la gente, no lo intelectuales” (César
Rendueles).
Almudena
Grandes instó a la izquierda a refundarse (“hablan castellano antiguo”), ante
la enorme desconexión entre los partidos de izquierda y los sindicatos y la
realidad. “Sin duda, la gran aportación de Margaret Thatcher es la
transformación del laborismo”, apuntó Rendueles al respecto. “Estamos en medio
de una lucha de clases iniciada por los ricos y ganada por los ricos”. “Estamos
divididos entre quienes acumulan mucho mucho mucho poder y los que no comen no
comen no comen”, asintió Paca Aguirre: “Esta gente ha decidido que no
pensemos”. Y remató: “Porque pensar produce escraches”.
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