MARÍA ORUÑA
Una autora “escondida” celebrada por los lectores.
EL BOSQUE DE LOS CUATRO VIENTOS
Una novela esperada que rápidamente se ha situado en lo más alto de las listas.
¡Segunda edición en tiempo récord!
ENCUENTR@ CON MARÍA ORUÑA
MARTES 29 DE SEPTIEMBRE
A LAS 20 HORAS
A TRAVÉS DE LA PLATAFORMA
TEAMS
*Imprescindible confirmar*
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INSTRUCCIONES PARA SEGUIR EL EVENTO
Instrucciones para conectarse al evento:
01. El encuentro se celebrará en la plataforma Teams (de Microsoft Office)
02. Quien quiera asistir TIENEN QUE CONFIRMAR PREVIAMENTE respondiendo a este mail.
03. Quienes confirmen recibirán el día antes un enlace para conectarse el martes 29 a las 20 horas.
04. Si lo sigues desde el PC, no es necesario descargarse nada. Ojo, no funciona con Mozilla o FireFox.
05. Si lo sigues desde un smartphone, tendrás que descargarte la app de Teams
05. Si ya tienes Teams, podrás conectarte desde la aplicación yendo al calendario y uniéndose.
Protocolo del evento:
01 Una vez conectado, podrás escoger si quieres estar con vídeo o no.
02 Después de que el autor/a haga una primera intervención, habrá turnos de preguntas que yo iré gestionando. Mientras, el resto de micrófonos estarán silenciados.
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EL BOSQUE DE LOS CUATRO VIENTOS
MARÍA ORUÑA
Atención, lectores, estáis a punto de entrar en un mundo en el que una noche puede durar siglos.
En la Galicia de 1830, una mujer se enfrenta a las convenciones de su tiempo
Un misterio antiguo y extraordinario, una leyenda basada en hechos históricos
Más de 200.000 lectores de novela negra ya han descubierto a María Oruña.
«El 25 de agosto emprendo un nuevo viaje literario con aires de leyenda. En mi nueva novela “El bosque de los cuatro vientos”, os contaré un misterio antiguo y extraordinario protagonizado por una mujer enfrentada a su tiempo. Esta vez no será la inspectora Valentina Redondo, quien me ayude a resolverlo, ni formará parte de "Los libros del Puerto Escondido". Esta vez el escenario se encuentra en miña terra, Galicia.»
CONTACTO DE PRENSA
Alba Fité Navarro
619 719 626
MATERIAL DE PRENSA
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LA LEYENDA DE LOS NUEVE ANILLOS
MARÍA ORUÑA
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«Cuenta la leyenda que el antiquísimo monasterio de Santo Estevo, en Ourense, custodiaba nueve anillos mágicos. Habían pertenecido a nueve obispos que, entre los siglos X y XI, habían escogido aquel lugar santo para retirarse y pasar sus últimos días. Aquellas reliquias habían sido reunidas en una cajita de plata, y los que la tocaban decían que sanaban de sus dolencias. Llegó incluso a hacerse constar por escrito cómo una niña ciega había recobrado la visión, cómo varios endemoniados habían recuperado el sentido y hasta cómo un tullido había vuelto a andar.
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Sin embargo, todo lo que había llegado a documentar esta vieja leyenda se fue extraviando entre olvido e incendios, para perderse irremediablemente con la desamortización y exclaustración definitiva de los monasterios españoles en 1835. Por fortuna, el peso de los siglos no fue capaz de engullirse aquella historia, porque había quedado grabada en la piedra. Los escudos del monasterio, de casas rectorales y de instituciones a su servicio reflejaban todavía las nueve mitras de los obispos, recordando que había una verdad tras el mito. Comprendí que la clave de aquel misterio todavía podía guardarse en los bosques y entre las piedras del viejo monacato, y mis pasos, inevitablemente, terminaron por llevarme hasta el corazón de la leyenda.»
María Oruña
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EL BOSQUE DE LOS CUATRO VIENTOS
LA NUEVA NOVELA
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«En un lugar sagrado como este, el punto más alto de la colina donde se ubicó el monasterio de Santo Estevo, tiene lugar el encuentro de los cuatro vientos, donde la leyenda habla de ritos antiguos, donde tiene lugar el encuentro con la humildad.»
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A comienzos del siglo XIX, el doctor Vallejo viaja de Valladolid a Galicia junto con Marina, su joven hija, para servir como médico en un poderoso monasterio de Ourense. Allí descubrirán un mundo y unas costumbres muy particulares, y vivirán la caída de la Iglesia y el fin definitivo del Antiguo Régimen. Marina, interesada en la medicina y la botánica pero sin permiso para estudiar, luchará contra las convenciones sociales que su época le impone sobre el saber, el amor y la libertad y se embarcará en una aventura que, sin pretenderlo, guardará un secreto de más de mil años.
En nuestros días, Jon Bécquer, un inusual antropólogo que trabaja localizando piezas históricas perdidas, investiga una leyenda. Nada más comenzar sus indagaciones, en la huerta del antiguo monasterio aparece el cadáver de un hombre vestido con un hábito benedictino propio del siglo XIX. Este hecho hará que Bécquer, acompañado por el sargento Xocas, se interne en los bosques de Galicia buscando respuestas y descendiendo por los sorprendentes escalones del tiempo.
Desde la primera página el lector se verá transportado a un mundo medieval trufado de supersticiones en el que lo racional se mezcla con lo sacro, arrastrando incluso a las mentes más científicas hacia las creencias legendarias.
María Oruña ha tenido el acierto de recrear el monasterio de Santo Estevo en dos momentos, de modo que el lector viaja constantemente en el tiempo, de la soledad y belleza primitiva del monasterio del XIX al lujo y arquitectura del parador actual, de modo que lo antiguo y lo moderno se dan la mano constantemente. En la botica decimonónica casi pueden olerse las hierbas y en el moderno alojamiento se puede intuir el lujo de una reforma inteligente.
A continuación, compartimos con vosotros dos cartas que acabamos de recibir enviadas desde Santo Estevo con un siglo de diferencia, una desde el antiguo monasterio y otra desde el mismo lugar, ahora parador...
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Monasterio de Santo Estevo, enero de 1830
«Me llamo Marina, nací en Valladolid en el año de 1813 y allí me educaron una buena institutriz y mi madre, que cuando yo tenía dieciséis años murió de unos bultos en el pecho que un gran médico —mi padre— intentó curar con pastas mercuriales y arsenicales. Me hubiese gustado comprender qué le sucedía, acceder al conocimiento, hallar el remedio. Pero una joven como yo, como es natural y atendiendo al decoro, no podía pasar tanto tiempo entre libros, sino aprendiendo las labores propias de una dama. Mi criada, Beatriz, decía que yo era bonita, que mis cabellos negros y rizados eran hermosos y que un pestañeo de mis ojos azules bastaría para conquistar a un hombre. ¿Pues qué debía ser yo, entonces?, ¿una flor que, cual araña, atrapase a un abejorro?
Casi respiré con alivio cuando, a punto de comenzar el otoño de 1830, mi padre decidió dar descanso a su dolor y a su soledad de viudo; dejamos nuestro hogar para para que pudiese servir como médico en el monacato de Santo Estevo, en el Reino de Galicia, donde su hermano era el abad. Era uno de los monasterios más poderosos e importantes de la comarca y custodiaba reliquias milagrosas. Decían que aquel, sin embargo, era un reino aislado, donde el Antiguo Régimen todavía escribía los pensamientos del pueblo. Que los bosques eran densos y peligrosos y que la Ilustración en modo alguno había alcanzado tales territorios salvajes, donde las gentes eran rústicas y poco formadas.
Sin embargo, descubrimos en Galicia una tierra de fuego y agua cristalina, de piedra y montañas, de verdes y frondosos recodos; de carácter, disciplina y conocimientos ancestrales. Y allí supe qué era el odio, y el amor, y la rabia. Y fue en aquel reino donde me deshice de quien era para caminar por lugares prohibidos. En aquel tiempo y lugar comprendí que en los días oscuros debía salir igualmente a andar los caminos, para saber qué podría hacer por mí la niebla.»
Marina Vallejo
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Parador de Santo Estevo, enero 2019
«Mi nombre es Jon Becquer. Nunca sé muy bien cómo definirme. Soy un monstruo, un híbrido, y dudo con frecuencia sobre cuál es la parte de mi cuerpo que manda sobre mi cerebro. ¿O será el pulso del corazón el que lo rige todo? Cuando me presentan a alguien nuevo, mido el tiempo que tarda en darse cuenta de mi deformidad. Esa pequeña mancha bajo la oreja derecha en un hombre joven, atlético y razonablemente agradable y atractivo. Comienzan a preguntarse cuál será el motivo de la decoloración, de la que no sospechan su enorme tamaño ni su grotesca causa. Casi nunca se atreven a preguntar, y me he descubierto disfrutando de su desconcierto, de su insana curiosidad.
Ahora, algunos me llaman Indiana Jones, detective del arte. ¡Un detective, yo, que no soy más que un antropólogo! ¿No resulta asombroso que haya terminado así, por pura casualidad? Fue culpa de Pascual, otro madrileño que, como yo, daba clases en la Universidad Autónoma de la capital; él sí que sabe de Historia del Arte. Yo solo imparto conferencias, me entrevisto con marchantes y coleccionistas. Soy la imagen de nuestra empresa, en definitiva. Porque a mí no me apasiona el arte, ni las piezas antiguas; a mí lo que me interesa es su historia, saber por qué merecen ser conservadas. Quizás una mirada o una mano sabia se posaron sobre ellas. O tal vez le dieron sentido, escarnio o verdad a la vida de alguien que sí merecía permanecer en el recuerdo.
Por eso comencé a investigar la leyenda de los nueve anillos. Decían que eran mágicos, que hacían milagros. Y habían desaparecido sin ruido, como si no importase que se diluyese una leyenda. Mil años de antigüedad, y la última constancia escrita que certificaba su existencia era del siglo xvii. Decidí visitar el viejo monasterio, reconvertido en parador, y no tardé en descubrir la potencia del misterio. Mis investigaciones, por desgracia, provocaron que la muerte fuese la única forma de hacer que aquellas paredes de musgo y piedra guardasen silencio.»
Jon Becquer
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