
Los
protagonistas de 'Pánico en la granja' son un cowboy, un indio y un civilizado
caballo parlanchín que actúa como el menos animal del grupo; es lo más parecido
al patriarca del clan. Para enredar más la cosa, estas tres criaturas,
arrancadas de un western y plantadas en la Bélgica más campestre, están hechas
de plástico y su movilidad es mínima. Y para culminarlo todo, protagonizan una
surrealista aventura que les llevará al centro de la Tierra, al Polo, al mundo
submarino y de vuelta a su pacífica y rústica granja.
De hecho,
Indio y Cowboy son especialistas en provocar catástrofes. En cuanto traman
algo, se lía una buena. En esta ocasión, quieren dar una sorpresa a su
inseparable amigo Caballo en el día de su cumpleaños. ¿Qué regalo pueden
hacerle? ¡Le construirán una barbacoa y celebrarán una gran fiesta con el resto
de vecinos de la granja! Es una idea genial, de no ser porque los traviesos
Indio y Cowboy cometen una pequeña equivocación al hacer el pedido de
ladrillos, lo que estropea sus planes. Aun así, todos viven un cumpleaños
inolvidable, ¡pero no precisamente tranquilo! El enredo arrastra a Indio,
Cowboy y Caballo a vivir disparatadas aventuras, lo que les lleva a encontrarse
con extraños y divertidos personajes mientras recorren todo el mundo, desde las
estepas nevadas hasta el mismísimo centro de la Tierra.¡Ya nada volverá a ser
como antes tras estallar el pánico en la granja!
Estamos
ante el universo animado de los directores belgas Stéphane Aubier y Vincent
Patar, que llevan a la gran pantalla los personajes de la serie de televisión
que dirigieron en 2002-2003 en esta película de stop motion,
estrenada en 2009, que apela a una tradición animada basada en la sorpresa
constante, la pirueta formal y la imaginación incontaminada.
78 minutos capaces de poner cualquier cerebro humano en
centrifugación y proporcionar al cinéfilo intrépido la más gozosa de las
sensaciones: una película que no se parece a nada que haya visto hasta ahora. En el mundo de 'Pánico en la granja', los árboles son
azulgrana, los cielos parecen pintados por Van Gogh, los granjeros comen
rebanadas de pan con Nocilla del tamaño de una mesa familiar y los científicos
locos conducen un vehículo/pingüino gigante. Todo con el objetivo de alimentar nuestra imaginación y
restituir nuestra capacidad para el asombro.

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