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La súbita erupción del Vesubio del
24 de agosto del año 79 sepultó en lava las poblaciones de Pompeya,
Herculano, Estabia y Oplontis, en el golfo de Nápoles. Unas
excavaciones pusieron al descubierto en 1750 los restos de una
esplendorosa villa a las afueras de Herculano. En su interior se
hallaron mil ochocientos rollos de papiro semicarbonizados, la
mayoría de los cuales contienen textos filosóficos griegos,
especialmente de Epicuro y sus discípulos. Se trata de la única
biblioteca de la Antigüedad que ha llegado hasta nuestros días.
Max imagina en estas páginas la
última conversación en los jardines de la villa, justo antes del
estallido del volcán, y la acompaña con uno de los textos esenciales
de Epicuro y con las dos cartas en las que Plinio el Joven relata al
historiador Tácito la muerte de su tío, Plinio el Viejo, durante la
erupción.
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Demoledor, cínico, vividor,
desencantado y rijoso como no podía ser de otra manera tratándose de
una creación de Robert Crumb. El Gato Fritz es el personaje más
carismático de su autor y el más representativo de lo que fue
el underground norteamericano,
una etapa de efervescencia, revoluciones y sueños de libertad. Fritz
congregaba en una sola figura la tradición de los animales erguidos
que poblaban los dibujos animados y las viejas tiras cómicas con el
arrebato del amor libre y las ilusiones de cambio social que
sacudieron la segunda mitad del siglo XX.
Tras innumerables ediciones piratas y esforzadas
antologías oficiales, he aquí el libro definitivo del personaje, con
todo su material restaurado para la ocasión e incluyendo páginas
nunca publicadas hasta el momento.
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A mediados de los 70, una epidemia
que sólo afectaba a los adolescentes se cernió sobre los suburbios de
Seattle. La llamaron “la plaga de los quinceañeros” y se manifestaba
a través de síntomas de lo más impredecible. Para algunos no fue
demasiado dramático: apenas unos bultos, tal vez un sarpullido.
Otros, en cambio, se convirtieron en monstruos. Y no eran sólo
síntomas pasajeros. Una vez contraías la infección, quedabas
convertido en aquello para siempre.
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