Hay ocasiones en las que la grandeza de un escritor
tarda en ser descubierta; a veces hace falta un espaldarazo extranjero para que
aquí abramos los ojos.
Tal vez eso haya ocurrido finalmente con Willy Uribe
este fin de semana, pero por partida doble, aquí y al norte de los Pirineos:
un Premio literario de prestigio
en Toulouse, y una reseña elogiosísima en Babelia.
En el Festival de Toulouse, la versión francesa de Sé que mi padre
decía (Le prix de mon père,
Rivages-Noir)
fue premiada como la mejor novela del año traducida
de idiomas del Sur, por encima de los demás finalistas entre los que se
encontraban obras de Markaris, el propio Zanón, etc.
En la magnífica reseña en Babelia, ayer (ver El País
12 octubre 2013), María José Obiol,
hablando de su novela más reciente, El último viaje del Omphalos,
decía:
“Esa poderosa y personal manera de
decir […] Esa voz tan propia señalada ya por tantos.”
Sin la categoría narrativa que hace brillar sus
novelas, sin una infinita paciencia y una vocación insobornable, Willy Uribe no
habría recibido a estas alturas las alabanzas de Ramiro Pinilla y de Isabel
Coixet, de Fernando Savater y de Ignacio Vidal-Folch, de Diego Manrique, Ramón
Chao y Carlos Zanón…, y un largo etcétera.
Poco a poco, este selecto club de lectores y
admiradores se va ampliando.
Como editores de la mayoría de novelas de Willy
Uribe, no podemos por menos de celebrarlo.
Enrique Murillo

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