Un pedasico de Poesía necesaria
“Dicen que la pasión / y la ternura son. / El sosiego es
transparente. Y ocurre / que el existir se hace visible: / por esa luz que en
unos ojos toma cuerpo, / por esas manos y su tacto, / por esa manera de ver /
la voz del inocente, por esa forma de escuchar lo que el silencio calla.” Con
este poema titulado “La realidad”, José Manuel Blecua, director de la Española,
aunque en este acto solo profesor, maestro y amigo de Nicanor Vélez,
iniciaba la lectura poética celebrada en la Feria del Libro de Madrid en memoria
del editor y poeta colombiano y catalán.
“Nicanor fue un alumno ejemplar. Venía ya de París y era
mayor y mucho más culto que el resto. El primero en fijarse en él fue Claudio
Guillén. Y desde entonces mantuvimos una gran amistad, también con mi hermano
Alberto”, recordaba el profesor Blecua, quien acudió acompañado de su esposa,
María Luisa, que ha viajado expresamente desde Barcelona: “Venía mucho a casa y
lo que más le gustaba era leerme poemas. Yo le decía: ‘déjame que los lea yo
primero, que si no, no me entero bien.’ ‘Un pedasico, un pedasico’,
me contestaba y se echaba a leer”.
Antonio Gamoneda, Clara Janés, Olvido García Valdés, Miguel
Casado, Jenaro Talens, Aurelio Major, Manuel Ferro, Jordi Doce y Juan Pablo Roa
han leído poemas de Nicanor Vélez, poemas dedicados por él, poemas inspirados
por él, poemas de libros que estuvieron a su cuidado. Han estado presentes sin
estar, en la voz de los demás, Tomás Segovia, T. S. Eliot, Eduardo Milán,
José-Miguel Ullán y José Manuel Caballero Bonald.
“Siempre tuvimos la muerte como algo que le pasaba a los
demás: a los abuelos, a los padres o tíos de gente conocida, al amigo lejano
que la mafia asesina o la guerrilla mata, al compañero de colegio que un gamín
apuñala o un fulero atropella. Por eso, en un país como el nuestro, en
el que tenemos más conocidos ‘en la tumba que en los bares’, sabemos que la
muerte es una posibilidad que el universo incluye; pero nunca pensamos que
también le pudiese suceder a alguien que tiene nuestra sangre, nuestra edad y
algo de nuestros propios sueños”. Estas líneas, que Nicanor Vélez escribía a
raíz de la muerte de su hermano Luis, se le pueden aplicar hoy a él, que murió,
tremenda inocentada, un 28 de diciembre.
En 1981, Nicanor Vélez (Medellín, Colombia, 1959 - Barcelona,
2011) se traslada a París y se diploma en la École des Hautes en Sciencies
Sociales; de allí a Barcelona, donde se licencia en Filología Española por la
UAB, donde finalmente se instala, donde conoce a su esposa, Encarna -Gruchenka-,
y donde, desde 1989, se dedica a la labor editorial. Artífice y responsable de
la colección de poesía de Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, en la que ha
publicado con exquisito rigor más de cincuenta títulos dedicados a los grandes
poetas, también ha sido el editor de las obras completas de Octavio Paz,
Borges, García Lorca, Neruda, Cortázar, Valente, Rubén Darío o Gil de Biedma.
Como poeta, ha publicado La memoria del tacto. Instantes para Gruchenka,
La luz que parpadea y La vida que respira, al que pertenece este
“Los días”: “Y vamos esperando cada día / que los cerezos broten / con la
certeza / y la gravedad propias del deseo”.
En el último libro en el que el Nicanor Vélez editor
trabajó, la Obra completa de Blas de Otero, se pueden leer estas líneas
de la nota a la edición, firmada por Sabina de la Cruz: “Por último, queremos
que esta edición, que él no pudo ver concluida, sea un homenaje al poeta
Nicanor Vélez, a las muchas horas y desvelos que dedicó al asesoramiento
editorial, con excelencia crítica admirable en el detalle y en la fidelidad,
que lo era a los textos y a los que le conocimos y quisimos”.
La Orden del
Finnegans presenta Lo desorden
El Pabellón Banco Sabadell acogió esta tarde la presentación
de Lo desorden, de La Orden del Finnegans, que integran José Antonio
Garriga Vela, Marcos Giralt Torrente, Eduardo Lago, Emiliano Monge, Malcolm
Otero Barral, Antonio Soler, Jordi Soler y Enrique Vila-Matas. El volumen,
editado por Alfaguara, recoge los textos que cada uno de ellos escribieron para
la ocasión sobre sus memorias de infancia.
El proyecto literario tuvo, antes que nada, título: Lo
desorden, con el que el grupo quería revindicar su anarquismo. También un
espíritu ácrata o gamberro adquirió el acto de presentación del volumen.
Eduardo Lago “denunció” a Enrique Vila-Matas por firmar en el libro “un juego
narrativo muy vilamatiano que comienza calificando una estupidez escribir sobre
la infancia, el tema que él mismo había propuesto”. El autor de Bartleby y
compañía esgrimió en su defensa que cuando acometió la escritura del texto,
recordó que había publicado un viejo artículo sobre el camino de su casa al
colegio, tan repetido durante años: “Descubrí que no tenía otros recuerdos de
infancia que aquel, así que opté por hacer ver que era una estupidez escribir
sobre el tema, para que no se notase que no tenía memoria de aquellos años del
pasado”.
Poco importaba el respeto escrupuloso al tema, Lo
desorden es el proyecto de un grupo constituido para, antes que nada,
“celebrar la amistad, defender una forma de entender la literatura y conmemorar
cada año el Bloomsday”, tal y como recordó uno de sus fundadores, Eduardo Lago.
En el acto participaron, además de Ignacio Martínez Pisón,
prologuista de la obra y “cronista oficial” de La Orden del Finnegans, todos
sus miembros, a excepción de Jordi Soler, que fue “amonestado y amenazado con
la expulsión”. La medida disciplinaria es, según Vila-Matas, “una parodia de
las discusiones y disensiones de los grupos literarios y, en nuestro caso, el
antídoto que evitará la disolución”. Los “desordenados” caballeros bromearon
con los ritos y pretextos literarios que les unen, dijeron que ninguno de ellos
conoce realmente Dublín, a excepción de sus alrededores, su cementerio y el pub
John Kavanagh “The Gravediggers”.
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