La mujer que llora
Premio Azorín 2013
Premio Azorín 2013
Zoé Valdés se adentra en el alma de una mujer que fue capaz de todo por amor, y nos regala una vívida y emocionante novela sobre la pasión llevada al límite.
Una
historia de pasión, dolor, abandono y soledad en el París de los años treinta.
La novela ganadora "La mujer que llora" se presenta en
Rueda de Prensa el lunes 15 de abril, a las 12.30 horas en el Hotel
Intercontinental, paseo de la Castellana, 49.
“Picasso ansiaba verme llorar una y otra vez, una y otra vez, sin fin; llanto y sangre, mis mejillas y el toro revolcado en la arena, agónico en los coágulos. Picasso escupía palabras como cuchillos, como dardos con la intención de dañarme, para retratarme incólume, para recrear la brusquedad del acontecimiento en el lienzo. Mis lágrimas se convirtieron en diamantes, y gustosa las obsequié tiempo después a todas las mujeres que él cortejó.”
De nuevo Zoé Valdés deslumbra a sus lectores con una historia tan impactante como conmovedora. La historia íntima, terrible y al mismo tiempo fascinante de una de las mujeres claves del surrealismo, un movimiento en el que lo femenino siempre tuvo un papel relevante: Dora Maar, amante, musa y, finalmente, víctima de Picasso.
Intimismo, sexualidad descarnada y poesía
Sin modificar el estilo que caracteriza a la autora, ese estilo colorista, de una riqueza idiomática inigualable, sofisticado, poético y también descarado y valiente, La mujer que llora es una historia mucho más intimista, más madura y reflexiva. Esa pasión y esa exuberancia se convierten en esta novela en belleza y reflexión. Es casi también una novela detectivesca en la que la autora/narradora busca las pistas que le lleven a la verdadera historia de una mujer misteriosa y brillante, musa y ejecutora.
Es también una reflexión sobre los hombres y las mujeres, sobre el sexo y sobre el poder, sobre el arte y sus servidumbres. Es un texto de gran belleza pero marcado con ese tono irreverente característico de la autora. El surrealismo que ha preñado la obra de Zoé Valdés, un surrealismo que siempre la ha fascinado, se convierte en esta novela en un homenaje emocionado a ese mundo parisino de principios del siglo XX, un recorrido en el que se entremezclan sueños y pesadillas. Una historia contada por medio de retazos, de escenas, de momentos que Dora recuerda durante los días de Venecia.
La autora/narradora se convierte en personaje de la novela, una mujer que también busca su lugar en el mundo. Toda una declaración personal e ideológica de una escritora madura en una encrucijada fundamental de la vida. A través de la indagación sobre la fotógrafa francesa, la autora habla de sus temas eternos, la dictadura, su Cuba perdida, la búsqueda de la libertad.
La mujer que llora es, además, un relato profundamente erótico y sensual, pero de una sensualidad extrema, apabullante. La autora recrea escenas de un erotismo descarnado, casi militante, los rituales sexuales de los artistas surrealistas, al margen de inhibiciones y de convencionalismos; la fascinación erótica de Lord por Picasso, las escenas orgiásticas entre Nush, Paul Éluard, Picasso y Dora. La sublimación del orgasmo, de la creación artística.
Es una novela muy visual, muy sensorial, muy pictórica, que invita constantemente a buscar las imágenes que evoca: Kiki de Montparnasse y el violín de Ingres, los retratos de Picasso, las fotografías de Man Ray, los cuadros de Balthus.
“Los besos no fueron los mismos, empezó a poseerla todavía más bruscamente, de forma salvaje. El pequeño hombre devino minotauro, bufaba, resoplaba, encima de su cuerpo. Arañaba sus axilas, por las que corrían hilos finísimos de sangre. Arañaba sus pechos. Con las uñas escribía en una cartulina: «Sangre de Dora Maar.» Y la mancha se diluía en el papel. Pintaba gozoso con su sangre.”
Zoé Valdés presenta a Picasso como un hombre mezquino, cruel, egoísta hasta la enfermedad, viviendo siempre al límite, de un sadismo que hacía, por ejemplo, viajar a Dora en tren, sola, durante la guerra, sabiendo que su apellido de connotaciones judías podría acarrearle la deportación y la muerte. Sexualmente voraz, desmedido en todo, pero sobre todo, capaz de encerrarla en un psiquiátrico con la connivencia de sus amigos Éluard y Lacan. Dora estuvo loca, o hicieron ver que lo estaba o la volvieron loca en el sanatorio. Picasso la sacó del mundo artístico para introducirla en el mundo de Picasso y fue Lacan quien la fragilizó hasta el límite con los electrochoques.
Picasso, un hombre tan cruel que seguía excitándole el llanto de Dora, su dolor, cuando su cuerpo había dejado de inspirarle.
Si quieres asistir a la Rueda de Prensa o entrevistar a la autora ponte en contacto con Fátima Santana en el teléfono 91 423 03 03/ 620 489 460 o escribe un mail a fsantana@planeta.es

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