Madrid.
Finales del siglo XX. Rafael Hernández es un joven recién licenciado en
Filosofía que -obviamente- no encuentra trabajo relacionado con sus estudios.
Cansado de pedir dinero a sus padres, decide ponerse a trabajar como
teleoperador para ir tirando, y lo que, en principio, parece ser una
escapatoria temporal, se convierte en más de cuatro años trabajando en el turno
de noche contratado consecutivamente por tres empresas diferentes para atender
a los clientes de una misma televisión digital de pago. Conocerá así Rafael los
contratos temporales, los fatídicos cargos intermedios, la lucha sindical y
todo tipo de miserias (y glorias) laborales que se puedan imaginar relacionadas
con el telemarketing, en concreto, y con la precariedad en la empresas, en general.
El trabajo nocturno le absorberá hasta tal punto que afectará a sus relaciones
íntimas y dejará apartada la tesis sobre el nacionalismo que pretende
desarrollar. Rafael se hará mayor, pero no perderá la pasión por la música rock
que le une a sus amigos, aunque al crecer e incorporarse al mercado laboral se
dará cuenta de la complejidad de la realidad, de lo fácil que es hablar y lo
difícil que es actuar y tomar decisiones. Narrada en primera persona con
dureza, ironía y mucho sentido del humor, la historia de Rafael es, tan
patética como divertida, la de tantos jóvenes (y no tan jóvenes) explotados por
un salario miserable que creen en un futuro mejor que no acaba de llegar. Una
historia normalmente silenciada que aquí se revela en toda su cruel extensión,
sin olvidar los matices y contradicciones que marcan cualquier actividad humana


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