El escritor Carlos Victoria, uno de los autores más prolíficos y singulares de la literatura cubana del exilio, falleció en Miami víctima de una enfermedad terminal. Tenía 57 años.
La muerte de Victoria, reconocida personalidad de la llamada Generación del Mariel y veterano redactor de mesa de El Nuevo Herald, conmovió desde las primeras horas del viernes a amigos, admiradores y colegas de faena periodística.
Introvertido pero siempre solidario y amigo, amante de la ironía y la conversación culta, Victoria convirtió la literatura en parte consustancial de su existencia y conducta ética.
Nacido en la ciudad de Camagüey en 1950, Victoria experimentó desde muy temprano la seducción por los libros, la lectura y el cine. Siendo un adolescente, empezó a escribir febrilmente poemas, narraciones y obras teatrales y apenas con 15 años se alzó con el premio de cuento del mensuario cultural El Caimán Barbudo, en 1965.
Pero sus desenfados juveniles y gustos literarios terminarían por marginarlo en un país que vivía por entonces una fiebre de radicalización y dogmatismo frente a las ''desviaciones contrarrevolucionarias''. Siendo estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas en la Universidad de La Habana, fue expulsado por ''diversionismo ideológico'' en 1971 y marginado socialmente.
En 1978 fue arrestado por la Seguridad del Estado cubana y todos sus manuscritos fueron confiscados.
Sin posibilidad alguna de publicar en su país natal, emigró en 1980 por el puente marítimo del Mariel, acompañado de su madre, Estrella Victoria.
Junto a su entrañable amigo Reinaldo Arenas, figuró entre los fundadores de la revista Mariel (1983-1985), un proyecto literario para el que los miembros del consejo editorial desembolsaban $100 trimestrales de sus propios ingresos para costearlo. Victoria trabajaba por entonces en un almacén en el noroeste de Miami.
Justamente en 1992, cuando la Editorial Universal de Miami publicó el volumen de cuentos Las sombras en la playa, se abriría para él una etapa de reconocimiento literario en Estados Unidos y América Latina y Europa.
Al año siguiente dio a conocer su primera novela, Puente en la oscuridad, ganadora del premio Letras de Oro de Miami, y obtuvo la prestigiosa Beca Cintas para creación literaria.
Desde entonces escalonó una personalísima obra narrativa, que incluye las novelas La travesía secreta (1994) y La ruta del Mago (1997), y los libros de relatos El resbaloso y otros cuentos (1997) y El salón del ciego (2004).
Su obra figura como uno de los más sensibles testimonios de la condición cubana, fugitiva de la isla y desgarrada en el exilio.
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