Después de varios años estudiando en Europa, Grigori M. Litvínov, un hombre positivo, esforzado y discreto, descansa unos días en Baden-Baden, donde espera la llegada de su prometida. Baden-Baden es famosa por sus aguas y por su casino, y hasta ella «se arrastran […] como cucarachas» todos los sectores de la sociedad rusa, desde los más radicales eslavófilos, ruidosos y charlatanes, hasta los «muñecos muertos» de la milicia y la aristocracia, que se entretienen –por ejemplo- hipnotizando cangrejos. Litvínov se encuentra así, sin comprenderlo, en un bullicioso microcosmos del mundo al que se dispone a regresar y en el que de pronto reaparece, con la misma fuerza que en el pasado, la princesa Irina Osinin, su frustrado amor de juventud, ahora casada con un general y aburrida de todo.
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