
El contenido de la Polixena está muy relacionado con los trágicos acontecimientos ocurridos en mayo de 1808, en donde el pueblo de Madrid se levanta contra las tropas francesas y es masacrado.
Sobre la biografía de José Marchena siempre ha rondado la sospecha de la impiedad y los excesos más extremos. Muchos eruditos, algunos contemporáneos suyos, aportaron datos y se construyó un estereotipo de revolucionario que Menéndez Pelayo culminó con su biografía, que se va construyendo poco a poco (desde 1881, Heterodoxos, a 1896, Obras literarias…) llena de juicios morales adversos y muy duros, pero bellamente escritos desde el odio y la admiración. El peso indiscutible de Menéndez Pelayo en las letras españolas condenó a Marchena a la figura de un revolucionario irredento de la que ahora distintos estudiosos la están despojando en parte. Hoy día se ha colocado a nuestro Marchena en su sitio; el de un hombre coherente con sus ideas, amante de la libertad y precursor de la España que ahora tenemos.
José Marchena no fue un escritor convencional. Lo suyo fue la propaganda política y la labor periodística, donde era realmente muy bueno y apreciado, junto a la falsificación de textos latinos (Petronio y Catulo) que le hizo célebre. La búsqueda de la libertad civil y política impulsó la marcha de sus obras de creación, crítica y traducción. Como poeta, los mejores versos que hizo fueron los endecasílabos de las Cartas de Abelardo y Heloísa y los de Polixena. Como crítico literario fue muy innovador y poco entendido, y como traductor tuvo logros felicísimos como la traducción de De rerum natura de Lucrecio y las traducciones de obras de Voltaire y Moliere.
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