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"Basura para Dos". Novela

"Basura para Dos". Novela
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lunes, 18 de enero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 " EN MOVIMIENTO " Oliver Sacks






EN MOVIMIENTO
Autor.- Oliver Sacks.
Editorial.- Anagrama.
Traducción.- Damià Alou.
Nº Páginas.- 446
Por Ángeles López


La buena literatura disturba, conmueve, sacude. Nos exige adentrarnos en aguas cenagosas, en un ejercicio de recapitulación y convulsión. Es lo que suponen estas memorias del llamado "científico romántico", con una vida que no excluye adicciones, pasiones ni derrotas... Pero también –como él mismo aseveró cuando se le detectó el cáncer que se lo llevó hacia las estrellas que tanto amaba–: vivida a fondo y con agradecimiento.

Desde la portada intuimos que, este, no es un libro más, aunque no se entienda sin el resto de su vasta producción; es una seña de identidad. Vemos a un Oliver Sacks joven, guapo, irreconocible, alejado de la imagen del sabio gafotas de barba bíblica que nos remite, a horcajadas de una mítica BMV R60, al Marlon Brando de Salvaje, en idéntica pose que el enfant terrible del celuloide... Ya estamos preparados para el viaje que nos espera: conocer su afición por el motociclismo, la halterofilia (en 1961 estableció un récord estatal en California), la natación, la fotografía, la poesía, el piano... hilos conductores de un texto presidido por la idea del movimiento constante -al que alude el  título-, con dos obsesiones por bandera que son la ciencia y la literatura. Pero también su imposibilidad durante años para vivir abiertamente su homosexualidad (su madre, la persona más importante en su vida, le dijo cuando se enteró de su condición: “Eres una abominación, ojalá no hubieras nacido”), su adicción a las anfetaminas en los años setenta (que le permitió comprender mejor a sus pacientes, pero que a punto estuvo de costarle su equilibrio mental), el desasosiego, la timidez... Es el luminoso, revelador, conmovedor, doloroso e inusual legado de un hombre excesivo, propenso a los extremos; un genio con un inmenso deseo de indagar en el mundo, desde la tabla periódica de los elementos -ese lugar conciso donde no hay vida, pero tampoco hay muerte- a las estratagemas del alma humana, sin olvidar la aridez de los desiertos californianos. Una exuberante personalidad que le llevó a afirmar: "Soy un hombre con un carácter vehemente, de entusiasmos violentos y un exceso extremo en todas mis pasiones”.  Evocando su adicción a las drogas, escribió: “Era crucial encontrar algo con significado, y para mí lo fueron mis pacientes... Eso me salvó la vida una y otra vez. Gracias al psicoanálisis, los buenos amigos, la satisfacción del trabajo clínico y la escritura, y ante todo, la buena suerte, logré, en contra de todas las expectativas, pasar de los ochenta años”.

De Sacks tendríamos que haberlo leído todo ya antes de que el pasado agosto se fuera a escribir al cielo (o al infierno) de los grandes "juntaletras". Si durante toda su carrera contó historias sorprendentes sobre la vida de "los otros" -El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Veo una voz (Viaje al mundo de los sordos), Un antropólogo en Marte, Alucinaciones o Musicofilia-, quiso contarnos antes de marcharse el retrato apasionado y libre de su propia biografía -"enfrentándome al mundo sin más secretos culpables en mi interior"-. Un ejercicio de desnudez integral que muestra su fragilidad y, sobre todo, su ansiada libertad. Por estas memorias fluyen: su infancia en un kibutz, su entorno familiar, sus años de formación oxoniense, su despertar homosexual, su admiración por el canon apolíneo (que le sumergió en el culturismo y en increíbles proezas físicas), sus adicciones, sus dudas, sus aciertos y sus errores, su abstinencia erótica durante tres décadas.... y el definitivo hallazgo del amor. Pero, por encima de todo, prevalece la pasión de esta bestia narrativa por los meandros de la mente humana y los misterios neurológicos; el gran sentido de su existencia.   
Son páginas herederas de un prestigioso linaje de autobiografías escritas por científicos -Humboldt, Darwin, Freud...-, del hombre que nos introdujo en el alma de muchos seres -ciegos, enfermos de párkinson, pintores que pierden la percepción de un color, autistas, deficientes auditivos, afectados de prosopagnosia (incapacidad para reconocer rostros que padeció el propio Sacks), hombres que olvidan el mundo cada dos minutos o mujeres sin sensación de su propia corporeidad...- siempre con rigor, vocación, y con un abordaje tan literario como extraordinariamente divulgativo y jovial.

Pero este ejercicio de libertad literaria contiene un plus llamado liberación. Ollie, el Dr. Marvillas de ojos luminosos y complexión de gigante de cuento, abre su corazón de oro para contarnos su infancia judía durante los bombardeos de la II Guerra Mundial, su amistad contractual con Robert de Niro, Robin Williams -por el rodaje de la película Despertares, basada en uno de sus textos, o con Dustin Hoffman a propósito de su papel en Rain Man-, su trabajo en el neoyorkino Monte Carmelo, con enfermos crónicos, su despertar sexual con alguien que le encontró borracho hasta la inconsciencia en una calle de Ámsterdam y se lo llevó a su cama o el pago de su hermano a una prostituta con la que terminó tomando té, hasta su última aventura erótica a los 40 años, que daría paso a más de tres décadas de celibato voluntario hasta que le fue dado encontrar el amor verdadero: "A veces creí haber vivido a cierta distancia de la vida misma. Esto cambió cuando Bill  (Hayes) y yo nos enamoramos".


Resume su ética, la forma en que operaba: recibía unas diez mil cartas al año, pero respondía siempre a los menores de 10 años, a los mayores de 90 y a aquellos que estaban en la cárcel. Su gran aportación es haber acercado a millones de lectores a aquellos que la sociedad se empeña en tratar como diferentes. Los desheredados de la tierra que él siempre consideró iguales. Nos ayudó, con textos extraordinariamente amenos, a comprender la insondable complejidad de la mente humana y nos permitió atisbar la forma en que se enfrentan al mundo aquellos que, siempre, preferimos ignorar. Su obra es una inmensa lección de empatía, bonhomía y solidaridad. La de un verdadero tzadik... uno de los justos que su religión de origen venera, por su autoridad ética y espiritual. Si leyera estas páginas, sonreiría, sacaría el bolígrafo rojo de tachar halagos. Con su lengua dotada para la narración, diría que le queda demasiado trabajo en planta para perder el tiempo y, acaso: que Yahvé nos guarde -a todos- en su compasión... Entendida como "Pasión con" todos nosotros. Por tanto: que así sea.

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Jim & jhon