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Alfaguara publica el próximo jueves 26 de marzo El ejército ciego, de David Toscana, título ganador del Premio Alfaguara de novela 2026. Historia, inventiva y poesía confluyen en este magnífico retablo inspirado en las crónicas medievales y en uno de los episodios más crueles de las guerras bizantinas. El ejército ciego nos habla, con deliciosa ironía e ingenio, sobre las narrativas del pasado y sobre cómo el testimonio de los vencidos desaparece fácilmente en el olvido.
El pasado 27 de enero, el escritor mexicano fue galardonado con el Premio Alfaguara de novela 2026, dotado con 175.000 dólares (147.000 euros, aproximadamente), una escultura de Martín Chirino y la publicación simultánea en todo el territorio de habla hispana, por la obra El ejército ciego, presentada con el mismo título y bajo el seudónimo de Kozaro, el Escriba. El jurado declaró ganadora la novela por mayoría.
El jurado, presidido por el escritor mexicano Jorge Volpi, Premio Alfaguara de novela en 2018 por Una novela criminal, y conformado además por la escritora argentina Agustina Bazterrica; la escritora mexicana Brenda Navarro; la scout y programadora cultural Camila Enrich; el periodista y director del programa Página Dos, de La 2 de RTVE, Óscar López, y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes (con voz pero sin voto), destacó de El ejército ciego:
«A partir de un hecho histórico del siglo XI en el que Basilio II, emperador de Bizancio, ordena cegar a 15.000 soldados búlgaros, el autor crea una fábula oscura y poderosa, alejándose del relato histórico convencional para ofrecer una lectura simbólica, casi mítica, sobre la guerra, el poder y la resistencia. Narrada en primera persona por Kozaro, el Escriba, la novela adquiere un tono oral y poético que mezcla testimonio, leyenda y humor negro. Una gran épica de los vencidos».
Corre el año de 1014. Tras la batalla de Klyuch, los bizantinos toman quince mil prisioneros búlgaros y el emperador Basilio ordena sacarles los ojos, dejando tuerto a uno de cada cien para guiar a los ciegos de vuelta a casa. Cuando el zar de Bulgaria los ve llegar en tal estado, carece de fuerza moral para soportar el golpe y muere.
Ellos habrán de buscarse la vida en una patria que no celebra su retorno, que no los considera ni héroes ni mártires, sino una pesada carga que les envió el enemigo.
Ahí donde la historia ha guardado silencio durante más de diez siglos, David Toscana construye la gesta coral de esos guerreros que descubren a través de la imaginación y las palabras un mundo libre y portentoso, y demuestran que tras la barbarie y la humillación puede haber dignidad y belleza. Por eso El ejército ciego acaba por revelarse como un canto a la propia literatura y a la fortaleza del ser humano.

El autor estará disponible para entrevistas en Madrid los días 25, 26 y 27 de marzo
La crítica ha dicho sobre el autor:
«El humor, y en específico el negro, en las novelas de Toscana es legendario […]. Logra unir la gran tradición de la picaresca en español con el universo metafísico de Franz Kafka, para imponer un nuevo adjetivo atmosférico a la literatura mexicana: toscaniano o toscanesco».
Juan José de Ávila, El universal
«La obra de Toscana se descubre más afín a la de clásicos mayores de Hispanoamérica que también ahondan en una percepción insistida de lo irreal: Onetti, Bioy, Piñera, Efrén y Felisberto Hernández. Quiero decir: el mundo de Toscana, como el de Daniel Sada, es La Irrealidad hispanoamericana de altos vuelos».
Geney Beltrán Félix, Letras libres
«David Toscana es el más original y disfrutable escritor de su generación».
El observador (México)
«Es, quizá, el mejor novelista mexicano de la actualidad. [...] David Toscana se ha mantenido alejado de las convulsiones del presente para tomar riesgos estilísticos y temáticos que demuestran una voluntad literaria poco común».
Roberto Pliego, Nexos (México)
Sinceramente, el último poemario original de Margaret Atwood , una de las grandes escritoras de nuestro tiempo. En estos poemas, la escritora canadiense reflexiona sobre la pérdida, el paso del tiempo, el envejecimiento y la memoria, sin renunciar al deseo, el amor o la persistencia del asombro.
Una obra conmovedora, lúdica y sabia de una de las escritoras más prestigiosas del panorama internacional.
«Una fuente de calidez elemental sin concesiones.»
Ali Smith
«Una autora en la cima de su poder poético, de fantástica y aguda imaginación.»
The New York Times
«El envejecimiento, los rituales y la naturaleza son algunos de los temas sobre los que Atwood teje su magia en este libro, estructuralmente creativo y conmovedor.»
Good Morning America
«Ingenio virtuoso y estilo inconfundible.»
Chicago Tribune
«El amor, la pérdida, el deseo y la inevitabilidad del paso del tiempo: Margaret Atwood difumina los límites de lo que sabemos y, en cambio, nos invita a dar crédito a lo que sentimos.»
Time
«De una belleza cautivadora.»
The Washington Post
«La poesía de Margaret Atwood es vibrante e intencionada, brillante, concisa y accesible. Un clásico de nuestros tiempos convulsos.»
The Scotsman
«Una obra maestra.»
Publishers Weekly
Dotado de la fuerza serena y deslumbrante que caracteriza toda su obra, Sinceramente —uno de los libros más recientes y celebrados de Margaret Atwood— refleja la extraordinaria vitalidad de una autora capaz de reunir emoción, lucidez y humor en un equilibrio magistral. Reconocida en todo el mundo por novelas como El cuento de la criada y por una trayectoria que ha explorado todos los géneros literarios, Atwood ilumina aquí la experiencia humana con una mirada tan aguda como penetrante. En estos poemas, la escritora canadiense reflexiona sobre la pérdida, el paso del tiempo, el envejecimiento y la memoria, sin renunciar al deseo, el amor o la persistencia del asombro.
Lo íntimo se entrelaza con lo mítico: sirenas, hombres lobo, rituales y sueños irrumpen en los versos para ampliar su resonancia simbólica, mientras la naturaleza, en su belleza frágil y su progresivo deterioro, se presenta como una preocupación ética constante y un reflejo de la realidad contemporánea.
Con una voz precisa y contenida, atravesada por una ironía afilada y una melancolía sutil, Sinceramente ofrece una lectura intensa y sugerente, capaz de cautivar tanto a los lectores fieles de Margaret Atwood como a quienes se acerquen por primera vez a su poesía.
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| Efrén Giraldo Sumario de plantas oficiosas Un ensayo sobre la memoria de la flora
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Noventa años después del comienzo de la Guerra Civil española, Mavi Doñate se sumerge en su memoria familiar para reflexionar sobre uno de los acontecimientos más trágicos de nuestra historia reciente
«Mavi Doñate ha acertado a escribir uno de esos libros necesarios que llenan vacíos, subsanan olvidos y reparan
injusticias». Ignacio Martínez de Pisón
Lejos de confrontaciones o ajustes de cuentas, Cuéntame el olvido supone un acercamiento literario a los silencios de una generación que decidió no contar la Guerra Civil a sus nietos. Una investigación familiar y periodística construida a partir del diario de su abuelo Gabriel, que se revela como un libro imprescindible sobre la memoria y el perdón.
Gabriel fue uno de tantos hombres a los que la guerra civil robó la juventud. En 1937 fue capturado por soldados nacionales, encarcelado y juzgado por «adhesión a la rebelión» con los testimonios de ocho vecinos de su pueblo. El fiscal solicitó para él la pena de muerte y terminó condenado a treinta años de prisión, de los que cumplió cuatro y algunos meses en condiciones infrahumanas.
En 1941 recuperó la libertad ―vigilada por el nuevo régimen― y regresó a casa en silencio, confinando los recuerdos más oscuros de su encierro entre las páginas de un diario de tapas marrones. Mientras en España empezaban a soplar vientos de cambio, Gabriel avivaba los rescoldos de su memoria para que su sufrimiento y el de tantos otros como él no quedaran reducidos a cenizas y borrados para siempre de la Historia.
Cuéntame el olvido es el reencuentro de Mavi Doñate con su abuelo Gabriel. A partir de la lectura de su diario ―en el que descubre que él siempre supo los nombres de aquellos que le denunciaron―, emprende una emocionante investigación histórica y familiar que rinde homenaje a los hombres y mujeres para los que la guerra no terminó en 1939 y cuyas vidas se perdieron entre las trincheras, el exilio y las cárceles. Su búsqueda, dirigida con pulso periodístico firme y delicado, nos sitúa frente a algunas verdades incómodas y nos advierte del peligroso efecto de la desmemoria colectiva sobre las generaciones futuras.
MAVI DOÑATE (Zaragoza, 1971) ha desarrollado una larga trayectoria como periodista en medios como la agencia EFE, Europa Press, RNE y TVE. Corresponsal de RTVE en Asia-Pacífico entre 2015 y 2021, sus crónicas diarias desde China sobre el origen y el desarrollo de la Covid-19 se convirtieron en referencia imprescindible para comprender el nuevo orden internacional surgido de la pandemia. Fruto de aquella experiencia publicó su primer libro, Bajo la mirada del dragón despierto (Plaza & Janés).
En octubre de 2021 se trasladó a París, desde donde ha informado al público español sobre los vaivenes de la política francesa, el caso Pelicot o los juegos olímpicos del verano de 2024.
Sus excelentes coberturas informativas la han hecho merecedora de varios de los premios más prestigiosos de la profesión, entre los que se cuentan el José Manuel Porquet, el Ondas a la mejor presentadora, el Cirilo Rodríguez o el Manuel Chaves Nogales.
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La fábrica de papel , el debut gráfico de Marta Kayser. Una investigación familiar que nace tras la muerte de su padre y el hallazgo de unos dibujos ocultos durante décadas. Kayser reconstruye la historia de su abuelo y su bisabuelo, marcada por el silencio y la renuncia artística. El libro recorre Madrid, San Sebastián y Cebreros en un viaje que atraviesa generaciones. Combina documentación —fotografías, cartas y archivos— con narración gráfica. Es también el retrato de una autora que, en plena crisis personal, cuestiona su profesión y su identidad. La obra se inscribe en la nueva novela gráfica española de no ficció y dialoga con trabajos de Ilu Ros o Ana Penyas. Ubra obra donde memoria e imagen avanzan juntas que confirma una nueva voz en Lumen Gráfica.
«Me atravesó en lo más profundo. [...] Un ejercicio honesto, emocionante y bellísimo sobre identidad, duelo, raíces y el deseo de reemprender el vuelo».
Laura Hojman
Tras la muerte de su padre, Marta encuentra entre sus pertenencias una foto de su bisabuelo José Kayser, del que apenas sabe nada, y unos dibujos que despiertan su curiosidad: ignoraba que por las venas de su familia paterna, siempre tan cumplidora del deber, pudiera correr sangre de artistas. También descubre un recorte de periódico con una misteriosa referencia a un regimiento Kayser. En plena crisis vital y profesional, decide dejar a un lado la arquitectura para indagar en esa historia silenciada durante generaciones. Una investigación que la llevará desde los años treinta hasta hoy por lugares como Madrid, San Sebastián, los Pirineos y Cebreros en busca de sus raíces y de su propio lugar en el mundo.

La autora estará disponible para entrevistas en Madrid el lunes 16 y martes 17 de marzo
«Una apasionante búsqueda que nos sumerge, junto a la autora, en la investigación de unas raíces que dan sentido a la vida. Marta Kayser ilumina sus recovecos y los de quienes la acompañamos en este sensible collage gráfico».
Fermín Solís
La autora:

(c) David Candela
Marta Kayser (Madrid, 1986) se licenció en arquitectura superior en 2013 y ha recibido formación en ilustración y dirección de arte. Su carrera profesional ha basculado entre la construcción de espacios arquitectónicos y urbanos hasta la escenografía teatral, disciplinas que siempre aparecen vertebradas a través de la génesis de narrativas que también aplica a la creación de su primera novela gráfica, La fábrica de papel (Lumen, 2026). Destaca también su formación en Guion cinematográfico de ficción con el Instituto de RTVE y su aporte a la docencia universitaria en materia de Dirección de arte, guion y storyboard con la Universidad San Pablo CEU.
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Selva Almada - Libro: Una casa sola
La autora estará disponible para entrevistas el 23 y 24 de marzo en Madrid y el 25 en Barcelona
Una casa sola es la nueva y esperada novela de Selva Almada, finalista del Premio Booker Internacional: una fábula sensible e inquietante sobre las casas que habitamos y dejamos atrás.
«Leer a Selva Almada es hurgar en el asombro. Su escritura es audaz y sus historias nos hablan tanto de la violencia como de la ternura, tanto de la podredumbre como de la belleza».
Mónica Ojeda

Publicación: 17 de marzo de 2026
Madrid, 3 de marzo de 2026 - En 2020, con la publicación de No es un río, finalista del Premio Booker 2024, Selva Almada dio un cierre magistral a su trilogía de varones, inaugurada con El viento que arrasa y seguida inmediatamente por Ladrilleros. Las masculinidades conflictivas y la complejidad con que se trama la amistad entre hombres están en el centro de tres novelas que enlazan entre sí a través de cierta idea de virilidad, y también de un mismo paisaje rural donde se impone la presencia del caudaloso río Paraná. Criada en el litoral entrerriano, Almada se ha dedicado a contar su región natal, volviéndola ficción. La naturaleza, las vidas que transcurren en las inmediaciones del río, la cadencia del campo, el aire espeso de los días de verano: su prosa ha conseguido capturar todo eso, y más, con enorme precisión y una lengua que plasma la oralidad del lugar y la lleva a lo poético. Tierra adentro, entre el cauce del Paraná y el río Uruguay, se extiende el espinal: llanos fértiles cubiertos de bosque y pastizales. Este territorio de grandes latifundios y pueblos diseminados, es el escenario de Una casa sola (Random House, 2026) una novela en la que Almada se aleja del agua para centrar la atención, esta vez, en una parcela de monte y la historia que se despliega entre las cuatro paredes de una casa deshabitada.
Escribir, dice Selva Almada en Deambular otra vez , tiene que ver con pescar. Se necesita paciencia y silencio, y hay también nerviosismo: aquel que se experimenta cuando algo desconocido, la chispa de un relato, sale a la superficie. La primera chispa de Una casa sola surgió en la residencia para escritores de Saint-Nazaire, muy lejos del calor entrerriano y el paisaje que inspira la novela. A la imagen de una casa abandonada en medio del campo le siguió una pregunta: ¿qué le pasa a una casa cuando desaparecen aquellos que la convirtieron en hogar? La respuesta, poco a poco, fue cobrando la forma de una novela inquietante que, narrada por la casa misma, contiene en sí fragmentos de la historia de todos los que alguna vez pasaron por ese trozo de tierra ganado al monte.
Consciente de la prolongada ausencia humana y de cómo sus muros agrietados han pasado a ser una amalgama de adobe, ladrillos y vegetación, la casa conserva la memoria de sus orígenes, las voces de sus habitantes, los secretos de los niños y el eco de muchas batallas. Se podría decir que sus paredes hablan, que tiene ánima, al igual que las casas encantadas que pueblan la literatura gótica. Sin embargo, en esta casa no hay intención ni malicia: se comporta, más bien, como testigo discreto de la vida que discurre. Al fin y al cabo, mucho tiempo atrás, la gringa que estuvo a punto de colgarse de una de sus vigas, y terminó haciéndolo en el árbol más cercano, la eximió de convertirse en una casa maldita. De lo que no ha conseguido librarse es de un misterio cuya resolución se pospone indefinidamente. La desaparición de Lucero, Lorena y sus hijos atraviesa una novela que incorpora algunos elementos del noir para componer una historia elíptica, contada desde un punto de vista fijo y, en consecuencia, sesgado.
En Una casa sola , hay suspense, y también indicios, pero como ocurre con las fosas que cavan los forenses, todo se va cubriendo de hierba y no quedan más que perturbadoras conjeturas en las que laten los motivos que recorren la literatura de Almada: una vida rural sórdida, la violencia de los hombres, que aquí se traduce en gritos de guerra, dichos populares, jerarquías y afán de posesión; y la búsqueda de justicia de las mujeres, que crían, cuidan y velan por los vivos y los muertos. Y en medio de esta atmósfera dura, que se nutre tanto del noir como de la tragedia clásica, está la naturaleza, tenaz, tanteando los resquicios para recuperar lo que le ha sido arrebatado.
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En medio del campo hay una casa deshabitada. Las raíces de un árbol irradiaron los cimientos, las enredaderas cubren los muros: vegetación y casa se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas en lo que alguna vez fue la cocina, los bichos anidan en el hueco de un calzado reseco y Miní, la perra que un día llegó huyendo, se enrosca sobre una pila de cueros sin curtir. Han pasado diez años desde que la familia que vivía ahí desapareció misteriosamente. La casa los esperó; durante un tiempo conservó su olor entre las paredes, las huellas de barro, la ropa tendida, los juguetes desparramados en la galería. Pero ya no queda casi nada de ellos; apenas lo que la casa recuerda.
Antes de la casa solo había llanura: el espinal extendiéndose más allá de lo que alcanza la vista humana. Hasta allí llegó el eco de una guerra civil, a la que siguieron años de conflicto en una nación en ciernes. Pasaron soldados, generales y caudillos, y aparecieron los primeros terratenientes y, con ellos, los temporeros: peones que levantaron en ese enclave cuatro paredes de adobe y un techo de ramas. La casa entonces fue refugio, un lugar donde dormir al final de largas jornadas de trabajo. Por los alrededores merodeó también una gringa, amante malograda, que se colgó de la rama de un árbol y lo último que vio fue la casa. Y un día vino Lucero, callado, trayendo lo puesto y poco más. Entró en la cocina con respeto, como si siempre hubiera vivido ahí. A la casa le gustó ese hombre. Al cabo de poco, trajo una perra, reparó algunas grietas y goteras, y después de tres o cuatro años, Lorena vino y no tardó en llegar el primer hijo. Lo que hasta entonces había sido una única habitación de adobe, se expandió con paredes de ladrillo, suelos de cemento, voces, más niños: la casa, poco a poco, se volvió hogar. Pero Lucero, su mujer y sus cuatro hijos de pronto desaparecieron. ¿Por qué? ¿Cómo?, comenzó a preguntarse la casa, en medio del trajín de la policía y los parientes entrando y saliendo de su interior, seguidos de un grupo de investigadores que cavaron fosas en la zona, buscando una verdad que aún se resiste a aparecer.
Hoy las fosas están cubiertas de hierba y ya nadie ronda por el espinal. Si alguien pasara, le sería difícil imaginar que, tiempo atrás, eso fue el hogar de una familia. Pero la casa recuerda, testigo inmóvil del transcurrir del tiempo y de la obcecación de la naturaleza por recuperar lo que los hombres tomaron siglos atrás.