Simon Chevrier , ganador del Premio Goncourt a la primera novela 2025, y una de las voces más prometedoras de la literatura francesa, debuta con una obra sobre el duelo, el deseo, el dinero y la búsqueda de sentido de un hombre joven.
«Con una sinceridad cruda y desarmante, la prosa lúcida y descarnada de esta primera novela conmueve por su rechazo a seducir […]. Habrá que seguir de cerca a Simon Chevrier».
Philippe-Jean Catinchi, Le Monde
Madrid. 26 de marzo. De la desilusión a la renuncia, el narrador de esta novela se ha ido deslizando hacia una existencia cada vez más frágil. La familia queda lejos, su padre está enfermo, los trabajos precarios apenas alcanzan para pagar una habitación en un piso compartido y los encuentros en Grindr se suceden sin dejar rastro. Desde hace unos meses, además, y casi como una consecuencia inevitable, ha empezado a prostituirse. «Estudiante de idiomas, amante a medida para hombres cultos, tarifas y fotos por privado», dice el breve anuncio que ha puesto en una web.
Amantes ocasionales y clientes alternan, y en una vorágine de cuerpos, el narrador se empantana más y más en un presente que no se proyecta hacia ninguna parte. Pero algo cambia cuando, de visita en casa de su amigo Thibaut, un retrato suspendido sobre la cama captura su atención. Es una fotografía de Peter Hujar en la que se ve a un joven encorvado que se chupa el dedo del pie y mira a cámara con una mezcla de desafío y abandono. Como si la fotografía escondiera una clave íntima, se aferra a ella y su obsesión lo empuja a iniciar una investigación sobre el modelo retratado, Daniel Schook, que parece haberse desvanecido y existir solo en aquella imagen. Mientras, una relación sexual de riesgo dispara en él el temor a contraer el VIH, la población se confina a causa de un nuevo virus y, a punto de perder su habitación, regresa una temporada a casa de su familia para despedirse de su padre, que agoniza en un hospital.
Inmerso en un tiempo de duelo e incertidumbre, continúa adelante con una pesquisa que lo lleva al Nueva York de los años ochenta y una escena artística atravesada por la pandemia del sida. El perfil de Daniel Schook, mimo y clown además de modelo, comienza a cobrar forma, y es en esa historia donde, poco a poco, consigue encontrar las huellas que lo encaminan hacia su renacimiento.

Publicación: 26 de marzo de 2026.
LA OBRA
El debut novelístico de Simon Chevrier, galardonado con el premio Goncourt a la primera novela , tiene, como muchas óperas primas, un sustrato autobiográfico que se difumina entre capas de ficción. La voluntad de dar testimonio acerca de la etapa de vida estudiantil, cuenta el autor, lo llevó a invocar vivencias, deseos y sentimientos, tirando del hilo de la experiencia personal, pero también de la imaginación. Ahí donde memoria y ficción se funden sin distinción está escrito este retrato crudo, punzante, que captura la intimidad de un hombre joven sin sentimentalismo pero con una emoción contenida que crece sin concesiones. Novela confesional, Foto por privado no se agota, sin embargo, en lo íntimo: son muchos los hilos que se entrelazan en una obra donde la pesquisa en torno a una fotografía recrea pasado y presente, y adquiere, a la vez, el espesor de una búsqueda de sentido en medio del duelo, la precariedad y la incertidumbre de un tiempo que se resiste a proyectarse hacia adelante.
«Escribo de todo y de nada a la vez, en general de cosas que me callo, y las palabras se suceden con mayor o menor rapidez», dice el narrador, y esta confesión marca el pulso de un relato que se conjuga en presente. Las relaciones que no desembocan en nada, las citas vía Grindr, los encuentros sexuales con clientes, las entrevistas para conseguir, con suerte, un contrato temporal, la convivencia con una pareja que alquila una habitación: sobre todo esto habla, con sequedad, un personaje que, entre el desencanto y la renuncia a la posibilidad misma de un futuro, ancla en un presente absoluto a través del cuerpo y el dinero. A su alrededor, las relaciones se arman y se desarman, los salarios están por debajo de las aspiraciones y todos comparten una misma preocupación por el acceso a la vivienda, pero si bien la fragilidad de las condiciones de vida es uno de los signos de su mundo, sus amigos y amantes continúan sintiendo la pulsión de proyectarse hacia un horizonte distinto. Hay quien fantasea con formar una familia y otros persiguen la estabilidad económica y afectiva: de un modo u otro, intentan organizar su futuro, como alguna vez hizo el padre del narrador, un hombre acostumbrado a «proyectar sin cesar». Su hijo, en cambio, habita en un aquí y ahora del que lo arranca, de pronto, el retrato en blanco y negro de un joven realizando una provocadora contorsión. En la fotografía titulada Daniel Schook, Sucking Toe hay algo que «sale de la escena como una flecha», citando a Roland Barthes, y lo conmueve: un elemento -el punctum, en términos de Barthes- que empuja su deseo más allá de lo que la imagen muestra. A partir de ese momento, Daniel Schook, el misterioso modelo de la foto, se convierte en una obsesión para el narrador, que envía mensajes a varios artistas que formaron parte del círculo de Hujar como aquel que lanza una botella al mar.
No muy convencido de poder obtener una respuesta, se embarca en una investigación que, como todo en su frágil presente, no sigue un curso lineal; sin embargo, paulatinamente, consigue saber más acerca del joven que posó ante la cámara de Hujar, dejando casi como único vestigio de su corta existencia la fotografía que cautiva al narrador y algunas más que forman parte de la misma serie. Hay algo evanescente, fantasmático y enternecedor a la par, en este mimo, clown y modelo ocasional con una historia de orfandad a sus espaldas; y a través de su figura el narrador se adentra en la escena underground del Nueva York a principios de los años ochenta, donde aspirantes a artistas y náufragos de todo tipo, como Schook, recalan en el célebre hotel Chelsea. De ese mundo, en parte, perdido, lo que llega no es tanto el eco de la despreocupada vida cultural, remanente de los movimientos contraculturales de la década anterior, sino algo más funesto y, por entonces, inconcebible: la pandemia del sida que les costó la vida, entre tantos, a Daniel Schook y Peter Hujar. La enfermedad es un motivo recurrente en una novela donde, entre los hilos que Chevrier trenza con suma delicadeza, hay uno que conecta la tragedia del sida en los ochenta con el riesgo de contagio del VIH en tiempos de profilaxis y retrovirales; o en otros términos, un pasado que se percibe lejano, aunque no del todo ajeno, con un presente atravesado por la posibilidad de infección, una nueva pandemia que obliga a modificar hábitos y el cáncer del padre, experiencia radical que sacude la existencia.
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