Tras la clausura de las
III Jornadas – Taller de formación sobre libro electrónico, que organizadas por
la UNE y el CSIC se han celebrado los días 6 y 7 de junio, el director de
Publicaciones de la Universidad de Santiago de Compostela reflexiona en su blog
Fragmentos da
Galaxia sobre este encuentro, los temas
que en él se suscitaron y la trascendencia del momento actual para el libro
universitario. Por su interés, lo reproducimos y facilitamos a los medios de
comunicación, que pueden usarlo íntegramente o en parte.
Cambio
de paradigma
Por Juan L. Blanco
Valdés
Director de
Publicaciones de la Universidad de Santiago de Compostela
En estas magníficas
jornadas, que en su tercera convocatoria se van consolidando como una cita
anual vivamente esperada por el sector, se pudo oír la voz de todos los actores
de un complejo proceso: teóricos de la edición; tecnólogos e informáticos;
editores, libreros y bibliotecarios; gestores, expertos de la información y
evaluadores de la actividad científica editorial; responsables de entidades
colectivas y especialistas en propiedad intelectual; agregadores de contenidos
digitales... aportaron su experiencia y su propia perspectiva, permitiendo
construir un discurso poliédrico que, en mi opinión, lejos de mostrarse
anárquico y deslavazado, se asienta en pilares sólidos y perfectamente
definidos. Adelanto un elenco de mis conclusiones de estas jornadas.
- Se está configurando un
medio substantivamente distinto
al libro impreso.
Superar la estéril y facilona convicción de que el libro digital es un
mero sustituto del libro impreso es comenzar a querer entender lo que
realmente está ocurriendo a nuestro alrededor: el libro digital es un
medio diferente, que define, por una parte, nuevas improntas memorísticas,
de comportamiento lector y de interacción y recuperación de la información,
y, por otra, políticas y estrategias adaptadas a una genética, producción,
difusión y comercialización editorial diferentes a la del libro tangible.
- La edición universitaria
está liderando buena parte de la mutación digital. La responsabilidad de los editores
universitarios es especialmente trascendente, pues en ningún otro sector
de la edición la potencialidad de la comunicación digital adquiere un
alcance y consecuencias comparables. Cooperación multidireccional y
fluidez en los flujos de trabajo entre todas las partes implicadas;
desarrollo de nuevas formas de inteligencia empresarial; expansión
internacional y detección de nuevos nichos de demanda son las acciones
principales que tenemos que liderar los editores, en mi opinión, el núcleo duro del proceso, pues todos
los otros actores son sufragáneos de nuestra posición y de esta va a
depender la eficiencia de las políticas tecnológicas, de difusión y
comercialización de los productos digitales.
- Es imperioso deshacerse de
las viejas inercias e incorporar soluciones nuevas a problemas nuevos, imaginación frente a resistencia,
innovación frente a inmovilismo. En la medida en que el discurso del
editor universitario sea sólido y fundamentado, menores serán las
reluctancias y escrúpulos de los gestores y políticos en relación a
soluciones que, por regla general, incorporan además enormes ahorros de
recursos financieros.
- Conciliación inteligente
de rutas digitales:
comercialización y acceso abierto. El retorno legítimo de inversión en
librerías y distribuidoras digitales y el apoyo a la socialización del
conocimiento en repositorios de acceso abierto no tienen por qué ser
caminos excluyentes.
- Adaptación constante a los
cambios del medio en todos los aspectos: legitimidad y respeto a la voluntad de los autores y a los
cambios eventuales en materia de propiedad intelectual; necesidades y
hábitos de consulta, acceso, compra o lectura del usuario; estructura de la editorial y
capacidad de implementación de proyectos; softwares permanentemente
actualizados y nuevas soluciones tecnológicas.
- Definición de una política
eficiente de metadatos y
revisión permanente de la misma.
- Dinamización de un nuevo
discurso basado en fórmulas alternativas a los factores de impacto tradicionales (y ligados a intereses financieros
concretos), como únicos elementos métricos de la calidad de la edición y
la investigación.
Somos una
generación privilegiada. Siento, nada más y nada menos, que vivimos un cambio
de paradigma. Es más, lo estamos haciendo posible. Al igual que Gutenberg destiló
saberes y habilidades previas y, aprovechando con inteligencia los avances
técnicos de su tiempo, fundió el molde de un soporte comunicativo nuevo y
revolucionario, así nosotros, casi seiscientos años después, ponemos toda
nuestra experiencia y conocimiento en construir un bastidor diferente en el que
seguir acomodando la expresión de la cultura, de la ciencia, de la información.
Pero solución de continuidad no implica renuncia a los orígenes. Desde el grato
recuerdo de la Enciclopedia Álvarez y
la pizarra y el pizarrín con los que comencé mi periplo escolar, me reitero en
una pasión, tan cierta como reconfortante: mi amor a los libros sigue incólume.
Supongo que en esto me parezco a Gutenberg.

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