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"Basura para Dos". Novela

"Basura para Dos". Novela
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martes, 16 de febrero de 2016

REVISTA LITERATURAS 2016 "OONA Y SALINGER" Fréderic Beigbeder




OONA Y SALINGER
Autor.- Fréderic Beigbeder
Editorial.- Anagrama, 2016
Nº Páginas 296

El escritor J. D. Salinger y Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, mantuvieron una relación sentimental entre 1940 y 1941 que terminó cuando él partió a la guerra y ella a los pocos meses conoció a quien sería su marido, Charles Chaplin. Hasta aquí los únicos hechos comprobados que sustentan el argumento de Oona y Salinger, la novela de no ficción, o facción, como defiende el autor, que ha escrito el novelista francés Fréderic Beigbeder. Las conversaciones, los encuentros y sobre todo las cartas que se intercambian los dos amantes se deben cargar a la imaginación de un escritor obsesionado por desentrañar la niebla sobre una relación que considera clave para entender una obra tan poliédrica como El guardián entre el centeno, el evangelio de quienes reniegan de la madurez y el orden social, y apuestan por vivir en el mundo de las ilusiones juveniles. La decisión de convertirse en alguien adulto y asumir responsabilidades frente a la eterna juventud es el tema profundo de este libro psicológico que, pese a su título, huye de lo frívolo.

Fréderic Beigbeder arranca su escritura relatando su propia gerontofobia y los problemas que tuvo durante la década pasada para asumir su edad. Esta actitud lo emparenta emocionalmente con los seguidores de Holden Caulfield, la legión de inadaptados que desde la publicación en 1951 de El guardián entre el centeno han visto en el protagonista de la ficción de Salinger el paradigma de la defensa de la eterna infancia y la insatisfacción que provoca el orden en las sociedades desarrolladas. Su obsesión por la obra de Salinger lleva a Beigbeder a reconstruir la historia de amor frustrada que vivió durante unos pocos meses con Oona O’Neill, la hija de un dramaturgo traumatizado precisamente por la responsabilidad paterna, y más tarde la esposa del personaje eternamente despreocupado, Charlot.

Sobre las mesas del exclusivo Stork Club de Nueva York en 1940, donde se entrecruzan Orson Welles, Truman Capote y el trío de heredas ricas, jóvenes y famosas compuesto por Gloria Vanderbilt, Carol Marcus y la propia Oona O’Neill, empieza una historia de amor adolescente entre el aún contradictorio e inseguro Jerome David Salinger, que se hace llamar Jerry y acepta con naturalidad los peajes sociales, y la hija de Eugene O’Neill. Salinger experimenta los sentimientos asociados al extásis amoroso y también el dolor de constatar que no puede retener a su lado a una persona frívola e insegura que busca compensación emocional por una figura paterna ausente. Beigbeder defiende que buena parte de los relatos del joven Salinger publicados en periódicos y revistas estadounidenses, y nunca reeditados, se alimentan de esta relación imposible en la que se establece una lucha entre el ansia de seguridad y la conformidad con una vida estable, representada por Oona, y el riesgo que supone alistarse voluntario en una guerra y descubrir el horror del Holocausto nazi, que lo puede convertir a uno en un escéptico anacoreta de la condición humana. Salinger-Caulfield rechaza todo lo que a raíz de la boda con el multimillonario Chaplin representa su ex novia, y ella desdeña con fina ironía el mundo interior y fantástico en el que vive Salinger, aunque a veces sus papeles se intercambien y cada cual, a su manera, aspire a lo que el otro representa.

Esta lucha se refleja en las cartas ficiticias de Salinger a Oona , inspiradas en las que debieron existir realmente y que se guardan celosamente en el archivo familiar, sin lugar a dudas la parte más conseguida de la novela. En ellas el joven escritor, que se codea con Ernerst Hemingway, desgrana sus ideas sobre los sentimientos que le provoca pensar en la seguridad que Oona tiene junto a su marido en California, mientras que él chapotea en un frente donde ha descubierto cadáveres hechos cenizas y su idealismo juvenil se ha visto masacrado por la realidad sucia de la muerte en combate. Beigbeder subraya estos momentos con apuntes personales sobre la guerra y su pesimista convicción de que otro conflicto se fragua en las actuales sociedades occidentales.

Las cartas inventadas de Salinger se permiten también frivolizar con la situación sentimental de una Oona y un Chaplin que se llevan demasiados años de diferencia, más de treinta, y donde, además de algunos comentarios sucios sobre vejez y problemas de próstata, se mezclan  sentimientos sobre la supuesta falta de valor y hombría del actor y director para ir a la guerra. El oculto y enigmático Salinger se nos revela en estas páginas como un personaje temperamental, atado a las pulsiones humanas más básicas, dolido por una mujer que no ha sabido comprender ni esperar al idealista que vive en él; alguien que puede soñar a dónde irán los patos de Central Park en invierno, pero que también se hace cargo de sus compañeros de combate y afronta sus responsabilidades militares. Por otra parte, es verdad que Oona se ha casado con una de las personas más ricas, influyentes y famosas del mundo, pero también es cierto que lo ha hecho con un artista singular, conocido por interpretar a un sensible vagabundo. Inmadurez y vida adulta luchan una y otra vez en el corazón de esta novela.

La voz de Beigbeder, que interrumpe la narración con notas y apuntes personales, culmina su facción admitiendo que vive en él un hombre inmaduro, e insatisfecho, pero que esa inmadurez puede conciliarse al mismo tiempo con la sensatez, el amor fiel y las ventajas que ofrecen los años.




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Jim & jhon